En medio del ruido que hay en la sociedad pasan muchas cosas dignas de atención que no se conocen. O al menos no las conocemos el gran público ni salen en los medios mayoritarios, ni se mueven por redes sociales.
A veces, llega algo por debajo del ruido porque conocemos a alguien o porque nos afecta y nos damos cuenta de cuantas cosas de la realidad no estaremos viendo.
En mi caso fue un libro de una amiga la que me contó una realidad que desconocía.
En España hay dos millones de personas que reciben asistencia a domicilio. Esos cuidados los proporcionan casi en su totalidad mujeres.
Un trabajo duro, necesario y mal pagado. Un trabajo que suele, después de los años afectar a las rodillas y a las lumbares. Un trabajo que puede generar accidentes por caídas, por cortes, por quemaduras. Sin embargo, esos trabajos no estaban sometidos a la ley de prevención de riesgos y no tenían posibilidad de jubilarse por enfermedad profesional
Durante muchos años las mujeres del servicio de asistencia a domicilio, SAD, llevaron a cabo una lucha sindical al margen de los grandes sindicatos y al margen de la atención de los grandes medios de comunicación. Como resultado de ello se consiguió una ley que reconoce esos derechos.
El ministerio de trabajo consiguió que se aprobase una ley que reconoce su derecho a la prevención de riesgos laborales y eso implica que podrán jubilarse por enfermedad profesional.
Hace unas pocas semanas se aprobó la reforma de la ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia. La que llamamos la Ley de Dependencia y que se promulgó en 2006. En su momento fue un salto de gigante en el reconocimiento de derechos. En entender que cada persona debe recibir de la sociedad en función de su necesidad, no en función de su supuesta contribución.
Esa ley es muy importante para las mujeres del SAD y recoge muchas de sus reivindicaciones. Fundamentalmente reivindica su condición de personal sociosanitario y delimita sus funciones. Además de preocuparse de la jornada laboral o de la adaptación del trabajo con el uso de grúas, por ejemplo.
El ministro responsable de esta reforma es Pablo Bustinduy, una persona desconocida para el gran público.
El oligarca extranjero Michael O’leary, dueño de Ryanair insultó y amenazó al ministro Bustinduy por querer regular la actividad de su compañía en España y proteger los derechos de los consumidores. No generó ese ataque grandes solidaridades patrioteras A mí me parece increíble que un tipo extranjero con dinero amenace a un ministro del reino de España y nos quedemos como si no pasase nada. Y me parece triste que personas moderadas, que nunca alzan la voz, que tienen discursos serios y profundos como Bustinduy no acaparen los espacios políticos y sin embargo los charranes y faltosos estén en primera línea.
Junto a Bustinduy para trabajar esa reforma estuvo la secretaria de estado Rosa Martínez, alguien que tampoco llega al gran público y que es una política muy interesante por la solidez de su discurso. En la izquierda y en la derecha hay personas como Bustinduy y como Rosa Martínez que tratan de trabajar y de hacer cosas. Y que, a veces, como en este caso, consiguen avances en la sociedad. Eso es la política, no es dar zascas, ni estar en tertulias. La política es trabajar para que la gente viva mejor. En este caso, como dice el título del libro de Eva del Fresno, cuidar a las personas que cuidan, conseguir derechos laborales para mujeres que con un cuarto ya del siglo XXI, en España, tenían olvidados sus derechos por la sociedad.
Pero Rosa o Bustinduy pudieron hacer el trabajo por la movilización de años de las mujeres del SAD. Eso es lo que retrata el libro «cuidad a quien cuida» de Garaje ediciones. Cómo se consigue la autoorganización en un sector disperso donde las compañeras casi ni se conocen, como conseguir que te escuchen cuando nadie quiere hacerlo, cómo marcar objetivos posibles, luchar por ello y conseguirlo.
En la derecha hay mucha gente que dice «total para qué, no va a servir de nada». En la izquierda hay mucha gente que está esperando el turno para asaltar el palacio de invierno y mientras tanto todas las luchas le parecen pocas. La vida y la política consisten en hacer pequeñas cosas que son importantes para alguien. No es el ala oeste de la casa blanca. Los bocazas de la política que se creen tan importantes, flipados de Juego de tronos y contertulios de radio y televisión, al final no sirven para nada.
Por eso la militancia sufrida y trabajadora de las sindicalistas que consiguieron este éxito, con Carmen de Diego como portavoz visible. La militancia trabajadora y callada de muchas mujeres activistas como Eva del Fresno, que ha escrito el libro para que podamos conocer la historia, es lo que mueve el mundo.
No parece épico, no hay choques de armaduras, ni drones, ni inteligencia artificial, ni duelos de honor, ni banderas. Lo que hay es vida, lo que hay es política.
Es importante cuidar a quien cuida y si compras el libro los beneficios van para la plataforma de trabajadoras del SAD. Porque como dice Rozalén, que compuso la canción para ellas, las hadas existen y están a nuestro lado. Y añado yo, son mucho más hermosas y poderosas que todos los demonios que nos invocan las redes sociales.