El 29N, un cortafuegos electoral para Barbón

OPINIÓN

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), recibe al presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón (d)
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), recibe al presidente del Principado de Asturias, Adrián Barbón (d) Alejandro Martínez Vélez | EUROPAPRESS

Cuando el pasado lunes Pedro Sánchez convocó a los medios de comunicación a las 9.00 horas, a muchos españoles les entró un cosquilleo. Después de un fin de semana de reflexión, el presidente del Gobierno se disponía a comunicar la decisión que había tomado. La expectación era máxima. El adelanto electoral se daba por descontado, pero faltaba por conocer la fecha exacta de los comicios, un detalle trascendental para centenares de candidatos socialistas de todo el país, que fían buena parte de sus aspiraciones en las elecciones autonómicas y municipales a acertar con la convocatoria.

Al cosquilleo le siguieron el nerviosismo y la tensión, hasta que, finalmente, llegó el alivio para todos ellos. La elección del 29-N permite separar las elecciones generales de las autonómicas y municipales, lo que supone un balón de oxígeno para los líderes regionales del PSOE, que podrán marcar un perfil propio y distanciarse del fango de la política madrileña. Barbón ya tiene su cortafuegos electoral y, aunque tendrá que pelear hasta el final para revalidar la presidencia del Principado el próximo mes de mayo, el camino se le ha allanado. La coincidencia de las citas electorales —o su celebración en fechas cercanas— habría supuesto un obstáculo difícil de sortear.

Todos los analistas coincidían en señalar que cuanto más separadas estuvieran las elecciones generales de las autonómicas y municipales, mejor sería para los líderes regionales y locales del PSOE. Ahora, con medio año de distancia entre unos comicios y otros, el panorama se ha despejado. Las ventajas para ellos son fundamentalmente dos. Por un lado, tanto Barbón como el resto de los líderes podrán arropar ahora a Sánchez, cada uno con el grado de implicación que considere, y tendrán margen después para perfilar su propio proyecto y marcar distancias con el del presidente. Por otro, si, como indican todas las encuestas, el PP y Vox suman mayoría y forman gobierno, la ultraderecha podrá empezar a poner en práctica las políticas que lleva por bandera, con el retroceso en materia de derechos sociales que eso supone. En ese caso, la izquierda tendrá más argumentos para convencer a los indecisos y conseguir una movilización que le permita mejorar sus resultados.

Mientras tanto, el candidato del PP en Asturias, Álvaro Queipo, sigue su propio camino. Al dejarse ver en la inmensa mayoría de los actos y celebraciones que tienen lugar en Asturias, busca ganar popularidad, mientras que el clima político nacional le facilita seguir avanzando y consolidando su posición. Sin salirse de la senda marcada y pisando el menor número de charcos posible, las encuestas lo confirman como un firme aspirante a presidir el Principado. Ahora, el escenario que se abre es diferente. Pendiente de concretar la unión de fuerzas con Foro y consciente de que, para llegar al poder, tendrá que pactar con Vox, tras las generales le esperan seis meses de intensa campaña. Con el calendario despejado, comenzará la verdadera batalla por el Principado».