El flamante arrastre del flamenco y la alegría de la compañía de María Moreno cumple con todas las expectativas y su «Magníficat» brilla con plenitud en la undécima jornada de la XXVI edición de Danza Xixón, que este año ha logrado reunir en el mismo certamen una muestra de lo mejor de la danza española y el flamenco actual en caja escénica.
13 oct 2026 . Actualizado a las 17:01 h.La compañía de flamenco de María Moreno (Cádiz, 1986) llegó a Gijón con el cartel de todo vendido la semana anterior a su aterrizaje en el Centro de Cultura Antiguo Instituto. El público gijonés, el más aficionado al flamenco en Asturias, esperaba ansioso la llegada de una de las máximas exponentes de este arte en la actualidad. La representación de su «Magníficat», Premio del Público del Festival de Jerez (2026), entre otros, cumplió sobradamente con las expectativas y puso en pie al graderío del Antiguo Instituto este pasado domingo, que entusiasmado agarró el quite de la gaditana y disfrutó de una, nunca mejor dicho, magnífica velada de flamenco.
María Moreno Pérez, quien tras formarse con algunas de las mejores maestras de lo flamenco en España y emprender carrera en solitario hace casi una década, desde aquel «Alas de recuerdo» (2017), jamás abandona lo suyo. Es decir, lo más vernáculo del flamenco; porque por mucho que lo mezcle, con aspectos de la contemporaneidad, nunca lo hibrida con el objetivo de que los lechos bailados desaparezcan; más bien al contrario: lo hace así para que convivan y cohabiten en total armonía; de ahí que cierto aire teatral y una nueva lectura del duende, graciosura incluida, se constituya ahora como lo mejor y más puro, por novísimo, transgresión incluida, del baile flamenco en la actualidad.
Y una buena parte de eso es lo que ocurre en esta obra. «Magníficat», una pieza estrenada en la Bienal de Jerez en junio de 2025, es, por derecho propio, puntal de este arte, tanto en su modo de hacer, como de estar en escena; y podría decirse, sin duda alguna, que habla del flamenco dentro del flamenco. Sin querer (o queriendo) la gaditana ha logrado, en la segunda década del siglo XXI, reverberar la raíz de la pureza del flamenco y llenarlo de un brillo absolutamente actual, tomando otros recursos, como el beatbox y Loop Station incluidos, enganches para mezclar, que no fundir, en un mismo sitio y en un mismo tiempo, lo de siempre, con lo suyo y con lo suyo de ahora. Es decir: flamenco raíz + lo de María + qué añade María a lo suyo. La suma de todo ello, da como resultado «Magníficat».
Esta obra es una pieza que toma lo más femenino de lo femenino, no para hablar de feminismo desde una perspectiva civil, intelectual o reflexiva, sino más bien para hacerlo sencillamente como celebración de un encuentro entre dos mujeres que comparten la misma dicha: el hecho de estar embarazadas, materia genéticamente sagrada. La Visitación, como ha denominado la iglesia católica al encuentro que sucede entre María y su prima Isabel, es un regocijo de tal envergadura que trasciende, desde el silencio, el estado de buena esperanza. Tal es así.
Y de buena esperanza es que habla esta obra: de la celebración de la alegría como contraste a un mundo extremo de sinsentidos y falto de dicha, esperanza y criterio. Moreno, toma como base el poema del Evangelio de San Lucas, y arma la fiesta para una celebración que tiene como centralidad la buena magia de la vida en el día a día; o sea, el decir: ¡guapa!; y contestar: ¡y tú más! El gritar la maravilla que supone compartir una dicha conjunta, un frenesí de vida creciente, sin cálculo y medida para nada que sea horrible. Eso no tiene cabida; por eso lo único que hace la pieza, mientras avanza, es crecer y crecer. Igual que un embarazo.
Este optimismo, fundado de humanidad y carne, se convierte en la apoteosis del encuentro que se sucede en el escenario, entre María Moreno y Rosa Romero, esta última una intérprete, verdadero hallazgo para la pieza, que introduce el monólogo, la verborrea y la repetición, con estilo de chamarilera, bucle textual, irredento y transgresor, con el cual el espectador se siente completamente identificado, de tal manera que bien pudiera sentirse co-protagonista junto a ella. Y qué bien se entiende, y qué bien queda lo ajeno al flamenco, pero adaptado a él: cierta guasa, sentido del humor, enorme pequeñez, y, sobre todo acierto, donaire para el esperpento, y para la risa que con imperceptible aire de intelecto inunda varios cuadros. Si me lo permiten, un pasadón.
Porque, aunque no lo parezca en absoluto, la dramaturgia está muy pensada y aunque se da enorme margen a la improvisación, el guion es férreo, y, cuadro a cuadro, va ganando ángulo y terreno. Nunca tanta libertad estuvo tan finamente sujeta. Y así lo saben y lo trabajan, desde el mismo comienzo, los co-protagonistas en escena Roberto Jaén, percusión y palmas, y Miguel Lavi, al cante. Espectaculares.
La base ancestral de algunos de los principales palos del flamenco está ahí, presente, erguida, atomizada para el siglo XXI por una forma de hacer, la de María, -mejor dicho, la del corazón de María-, que es capaz de revolver lo que tan atrás se concibió para traerlo lleno de limpieza y renovada frescura. Es más que obvio que el flamenco es su casa, pero también lo es una forma de hacerlo suyo, de modernizarlo en el mejor sentido de la expresión y el término. El baile de María refleja a la perfección su compromiso con un lenguaje y unos códigos, pero, sobre todo, con algo de lo mucho que verdaderamente más y mejor ha identificado a este arte: su libertad y su naturalidad; dos cualidades que nacen única y exclusivamente de la calle, o lo que es lo mismo: de todo el margen de espontaneidad y trance que proporciona estar entre el suelo y el cielo.
Y esa calle aquí está muy presente; tanto que una se diría que la representación es lo más parecido a estar en pleno bullicio callejero, pero sin estar en él, consiguiendo que todo tenga sentido dentro de caja escénica: cosas por el suelo, desorden, agua para beber en caso de que alguien lo necesite, como así lo hizo Romero, envases de cristal con claveles; lo típico flamenco. Todo un escenario para mostrar alegrías, seguiriyas, presentes al lado de una soleá templadísima y enarbolada de finura y de gesto.
El desafío al sonido y a la percusión del zapato, la armadura y sinceridad de su decir, y sobre todo la firme creencia de hacer las cosas con un criterio hacen del flamenco de Moreno un acontecimiento explosivo tan inabarcable como completamente creíble. Y es aquí, en este asunto de la credibilidad, donde lo del espectáculo adquiere categoría. Todo es verdadero; en el danzar de la obra todo tiene credo, honor y fe. Lo de Moreno genera hambre en el escenario, su flamenco ahuyenta los malos espíritus, que cuando oyen sus pies, zapateado profundo y técnico, y sus palillos, huyen despavoridos.
Y junto a todo eso «Magníficat» también muestra conocimiento de lo más estereotipado del flamenco; por ejemplo, a través de esa chaquetilla semigoyesca y hippie llena de escapularios y fotos, del mismo modo que todo buen aficionado al flamenco reconocería cierta esencia hortera en la estética procedente del ancestro; un aspecto que, en cierto modo, nos une a todos, a los flamencos y a los no flamencos; como si fuese de serie.
La obra, los integrantes y su autoría
El resto de la cuadrilla, sin la cual ni Moreno ni «Magníficat» tendrían sentido alguno, conforman el equipo, aquí familia, que reúne con cada especialidad (cante, toque (guitarras), palmas y batería) el engrudo ideal y necesario para refinar una masa que, cocinada en todo momento por la gaditana, empasta a la perfección y la hace crecer cada minuto que dura la obra. Así, de esta manera, cada cual, y de manera gradual, aporta a la pieza aquello que considera de más calidad para cada momento; en esta obra nadie se queda sin puchero.
Empezando por el palmeo de Roberto Jaén, que habla por sí solo, hasta el cante rasgado y porteño de Miguel Lavi, temporizador dramático, mientras la dirección musical y el toque de Raúl Cantizano hacen el resto, bajo el efecto de dos guitarras: la española y otra, eléctrica, estilo fender stratocaster, confeccionada por el propio Cantizano, una Frankenstein en argot, que acabó de revolucionar, hacia el final de la obra, la representación. Un chorreo de flamenco-rock.
La torrentera, ingente cascada de sonido y alegría, surge, precisamente, si uno conoce el poema, de lo que promueve el propio texto, mejor dicho, el subtexto. En palabras de la propia artista: «ando yo mucho dándole vueltas a esto del embarazo, a la visión de un cuadro en el que estaban estas dos mujeres, María e Isabel, y que un amigo me ayudó a interpretar. Eso, unido al estudio de la explicación del texto del Magníficat, me hicieron concluir que, todo junto, era una forma de calibrar lo más feliz de la vida. Y a eso había que ponerle baile, regocijo y mucha fiesta». Efectivamente el poema habla de fiesta, una de las más orgánicas de la existencia y la humanidad: la que entiende de justicia.
Cántico de María. Magníficat. Liturgia de las Horas, Lucas 1, 46-55.
Mi alma glorifica al Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia
—como lo había prometido a nuestros padres—
en favor de Abrahán y su descendencia para siempre. Amén.
Señora (segunda fila, graderío del Antiguo Instituto)
(s): Tienes que ponerla bien, ¿eh?
Periodista (p): Perdone, disculpe, ¿cómo dice?
S: Sí, que tienes decir cosas buenas de ella.
P: (periodista pone gesto de extrañeza, y se siente un poco violentada)
S: Sí, a ver, perdona, es que como te veo escribir tanto; eso significa que tienes que ponerla bien, porque lo ha hecho muy bien, eh. Además, nos vamos a casa todos llenos de alegría.
P: Bueno, claro, es magnífica, no podría ser de otro modo.
Ficha artística y técnica
«Magníficat», (2025)
Baile: María Moreno
Intérprete y performance: Rosa Romero
Guitarras (toque): Raúl Cantizano
Cante: Miguel Lavi
Percusión y palmas: Roberto Jaén
Con la ayuda de: INAEM, Agencia Andaluza de Instituciones Culturales y el Ayuntamiento de Cádiz.
«Magníficat» es una obra desarrollada en el marco del programa de residencias artísticas «In Progress», impulsado por Flamenco Festival y el Ayuntamiento de Torrox (Málaga).
Dirección artística y coreografía: María Moreno
Dramaturgia y ayudantía de dirección Rosa Romero
Dirección musical Raúl Cantizano
Visión externa para dirección de escena: Rafael R. Villalobos
Acompañamiento dramatúrgico: Jaime Conde Salazar
Diseño de vestuario: Gloria Trenado
Diseño de iluminación: Rafael Gómez
Diseño de sonido: Javier Mora
Producción: Bleu Prod
Asistente de producción: Manuel Pinzón
Director de producción: Loïc Bastos
Estreno absoluto por la Compañía de María Moreno el 4 de junio de 2025, en la Bienal de Flamenco de Madrid, en el Centro de Danza Matadero, a las 20:00 h., con una duración aproximada de 70 minutos.
Reseña de la representación en el patio del Centro de Cultura Antiguo Instituto de Gijón (CCAI), el día 11 de octubre de 2026, domingo, dentro del programa de la XXVI edición del certamen de danza contemporánea Danza Gijón/Xixón de la Fundación Municipal de Cultura y Universidad Popular del Ayuntamiento de Gijón.
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