I´m Jane Doe

OPINIÓN

imagen de archivo de una mujer pintando un cartel durante la manifestación del 8M
imagen de archivo de una mujer pintando un cartel durante la manifestación del 8M Carlos Luján | EUROPAPRESS

Jane Doe es un nombre genérico para refererirse a una mujer víctima de un delito violento que no ha podido ser identificada o de la que se quiere proteger su identidad. El origen de la expresión tiene varios siglos y empezó siendo John Doe y ya posteriormente el equivalente femenino de Jane Doe. Y hace ya unos años que en EE UU es una expresión de uso corriente.

Estos días se habla de ella por un suceso de 2024. durante una fiesta en una universidad de Nueva York, presuntamente, una chica entró en el edificio de una fraternidad universitaria masculina acompañando a uno de sus miembros. Una vez dentro fue forzada a tomar ketamina y mantener relaciones sexuales con varios hombres. Mientras tanto, dentro de los grupos de mensajería de la fraternidad se movía el mensaje de que había un coño gratis a disposición.

La chica denunció, pero no le hicieron caso. Ahora mismo la fiscalía de Nueva York ha retomado el caso y ha aparecido gente en las plataformas llamando a atacar a la chica y acusándola de mentir en su declaración. Eso ha generado un movimiento de mujeres diciendo que ellas son Jane Doe (I’m Jane Doe). Es decir, si los violentos de las redes buscan a la chica para machacarla, aquí estoy poniendo mi cuerpo para protegerla, yo soy ella. Una hermosa ola de solidaridad frente a la miseria humana de la machosfera.

En EE UU gobierna un hombre con sentencias firmes en su contra por agresión sexual, amigo del pederasta y proxeneta Eipstein. Una de las primeras gestiones del gobierno de Trump fue presionar indebidamente al gobierno de Rumanía para que pusiera en libertad al agresor sexual y delincuente Andrew Tate. Junto a su hermano está acusado de gravísimos delitos en varios países, pero para el presidente Trump y para una parte importante del movimiento MAGA que le apoya, Tate es un héroe.

El tribunal supremo de la EE UU tiene 9 jueces. Uno de ellos, Clarence Thomas, fue formalmente acusado de una agresión sexual durante las vistas para su elección. El senado de los EE UU, dominado por los republicanos despreció a la mujer denunciante y lo nombró juez vitalicio desde donde lleva años haciendo daño a la democracia y los derechos de las mujeres. La mujer denunciante recibió el linchamiento habitual de las redes sociales y los ataques personales, los mismos que le quieren hacer a la neoyorquina. Otro juez, Kavanaugh fue acusado por tres mujeres de agresión sexual durante su proceso de confirmación. El partido republicano, votó por él en bloque en el senado de los EE UU y ahora es juez vitalicio del tribunal supremo. Dos de nueve. En ese contexto es el que se produjo la agresión y donde se buscó la impunidad de los agresores.

En España hemos visto el caso de Nevenka en Ponferrada o el más grave de Raquel Díaz también en Ponferrada. En el caso de Raquel hubo un intento de asesinato y el apoyo social fue para el agresor. Sin contar la complicidad no aclarada de la policía municipal. El caso del actual del alcalde de Móstoles es esclarecedor gracias a los audios de las presiones a la concejala para que no hable. Clavada situación a la de Nevenka. No es que respeten la presunción de inocencia, es que apoyan al hombre y linchan a la denunciante. Otro ejemplo es como a la víctima de la manada de Pamplona se la atacó desde programas de televisión y se llegó a publicar su identidad en redes.

Incluso en casos mucho más graves, como el de Nagore, también en Pamplona en Sanfermines, hubo una protección social a quien la descuartizó. A pesar de que reconoció su culpabilidad, todavía hubo un miserable del jurado que le preguntó en el juicio a la madre de Nagore si su hija era muy ligona. La condujeron hasta un piso, nunca sabremos hasta qué punto forzada, la intentaron violar, la golpearon hasta matarla y luego la descuartizaron. ¿Era ligona?

El homenaje a Plácido Domingo con Díaz Ayuso en primera fila es también una forma de reírse de las víctimas. No es separo al artista de sus circunstancias, no, es vamos a homenajear y recibir en pie y aplaudiendo a este señor al que esas pelanduscas se atrevieron a denunciar.

Frente a eso, las feministas que apoyaron a Nevenka o a Raquel, aunque ellas durante su actividad política no defendieran el feminsimo. Las feministas que apoyaron a la madre de Nagore. Las chicas anónimas que se levantan y dicen I’m Jane Doe. Puede parecer poco, pero en el caso de la manada, la policía y las instituciones funcionaron cuando denunció porque esa gota malaya del feminismo había hecho su trabajo en la sociedad navarra. Y después de aquel voto particular infame salió un movimiento social que cambió muchas cosas en la sociedad española.

Pero es difícil. La periodista afgana Khadija Amin, refugiada en España, cuenta en revista 5W cómo al vencer los talibanes e ir tapada por primera vez a su centro de trabajo, los compañeros que hasta ese momento la respetaban pasaron a burlarse de ella. Es muy fácil ir con la manada, es muy fácil lamer la bota de los poderosos. Por eso hay tantos voluntarios a influencer de la machosfera. Eso da dinero sin trabajar.

Frente a eso no podemos dejar a las mujeres solas. Soy un hombre blanco heterosexual y no soy un maltratador ni un agresor sexual. Por eso mi gente son las mujeres que denuncian no los machos que se quejan. Por eso y porque ese tipo de manadas no son mi hábitat. Siempre que esas manadas estén en boga haciendo el trabajo sucio de los Trump de turno, yo voy a salir perjudicado.

Por eso animo a los chavales a decir «I’m Jane Doe». No por ellas, sino por sí mismos. Porque respetamos a nuestras compañeras, porque solo tenemos relaciones consentidas y no queremos que nos confundan con esos delincuentes. Hazlo por ti chaval, por ella sí, pero por ti también. Enfréntate a la machosfera ahora que puedes. Antes que sean tan poderosos que nos obliguen a callar, obliguémosles a callar a ellos.