El Sacrificio

OPINIÓN

Acampada en la Puerta del Sol convocada por el Sindicato de Inquilinas de Madrid
Acampada en la Puerta del Sol convocada por el Sindicato de Inquilinas de Madrid Carlos Luján | EUROPAPRESS

La exgimnasta y actriz Almudena Cid ha concedido en los últimos años varias entrevistas en las que relata la dura situación personal que atravesó cuando la exigencia del deporte que practicaba le llevó a confundir dos conceptos que no son sinónimos ni, en muchas ocasiones, garantizan alcanzar una recompensa deseada. Es algo primordial para nuestra salud física y mental que sepamos situar bien la frontera entre el esfuerzo y el sacrificio, algo que el señor Alberto Núñez Feijóo parece no tenerlo claro cuando habla, por ejemplo, de las pensiones. Normalmente se suele acusar a los partidos políticos de prometer muchas cosas que luego no van a cumplir, pero resulta extraño que de antemano y sin haber pasado por las urnas se hable en el acto de presentación de la precampaña a las elecciones generales de que si llega el PP llega a La Moncloa habrá que aplicar (eufemísticamente) sacrificios a la ciudadanía, o dicho sin rodeos, recortes.

Si precisamente estamos desde hace poco un mes centrando el debate político en la problemática de la vivienda, es absurdo convencerle a la mayoría de la gente que se sacrifique, porque no son pocos los ejemplos de las personas en nuestro país que saben de sobra que por mucho que estudien y que trabajen van a seguir teniendo muchas dificultades para conseguir un trabajo cuyo salario les permita afrontar, sin problemas, un alquiler o la compra de un piso. Quizás todos esos menores de edad que el pasado lunes, tras asistir al desfile por el 12 de octubre, decidieron acudir a la Puerta del Sol a insultar a las y los acampados, no tengan ningún problema económico porque viven en familias bien adineradas. Yo no sé si es polarización o nula conciencia de clase, pero sí que creo que no podemos ni establecer equidistancias, ni normalizar ni aceptar que un sector de la población española se muestre orgullosa de cantar el himno falangista y de exhibir banderas franquistas.

A veces quiero pensar que estamos ante un escenario turbio concentrado dentro de la M-30, como si fuera una especie de «procés» a la madrileña de corte fascista y violento, pero quien sabe si esos tentáculos tienen y tendrán también su efecto contagio en otras partes de España, y ya no hablo de casos como Ceuta, sino en sitios como nuestra comunidad autónoma donde está calando poco a poco comportamientos muy preocupantes, como fueron las agresiones físicas en San Mateo o las amenazas dentro de una mochila que apareció en la Casa del Pueblo de Oviedo/Uviéu.

No veo una buena noticia que se haya materializado la división de la izquierda a la izquierda del PSOE, y sobre todo si en ello que hay es un trasfondo de egos. También quiero ser justo y tener un poco de memoria para reconocer que no siempre la unidad de ese sector se ha traducido necesariamente en mejorar los resultados electorales. Ocurrió en el año 2016 cuando Podemos, tras alcanzar un acuerdo con IU (aquel «pacto de botellines» de Pablo Iglesias y Alberto Garzón) fracasó en su intento de adelantar al PSOE. Ese «sorpasso» no ocurrió (las elecciones fueron el 26 de junio, y tiempo después, concretamente el 1 de octubre, fue aquel célebre Comité Federal que terminó con una gestora presidida por Javier Fernández tras la salida abrupta de Pedro Sánchez de la Secretaría General), y de hecho ambos partidos juntos sufrieron un descenso de casi un millón de votos si lo comparamos con las elecciones que se habían celebrado meses antes (el 20 de diciembre de 2015) y en las que se habían presentado por separado. En aquel momento anhelaron y ansiaron que el efecto de Grecia (cuando el Pasok prácticamente desapareció de la vida política griega y ese espacio en la izquierda lo ocupó la Syriza de Alexis Tsipras) se replicara en nuestro país. Aquí nunca lo lograron. Todo ese espacio se fue recomponiendo en diferentes siglas, y ahora han elegido llamarlo Frente Amplio. Pues bien, a menos que haya algún sacrificio por una de las partes, si no se remedia a última hora, Esquerra irá de la mano de Podemos compitiendo con IU, Más Madrid, Sumar y los Comunes (Compromís y Adelante Andalucía, a diferencia de la Chunta Aragonesista, prefieren ir en solitario en sus respectivas autonomías a imagen y semejanza del BNG y Bildu).

A priori considero que esta situación perjudicará a la mayoría progresista de nuestro país. Creo además que estas elecciones están más marcadas por los liderazgos que por los partidos en sí, y concretamente lo digo por Gabriel Rufián, porque despertaba un interés muy alto para capitanear a nivel nacional un proyecto político que sin duda alguna conllevaría muchos riesgos, pero también aunaba muchas esperanzas de que tuvieran un importante apoyo de la clase trabajadora. Quedará por ver si en esta ocasión Pedro Sánchez se puede hacer con el llamado voto útil de la izquierda, especialmente en provincias donde se da por seguro que no habrá representación de más partidos que el PP, PSOE y, en último lugar, de Vox (y considero que en el Senado es imprescindible un entendimiento de toda la izquierda sin excepción para poner fin la próxima legislatura a la apropiación inaceptable que hizo la derecha desde 2023 de la cámara alta).