Hoy voy a meter el dedo en la llaga. Sé que muchos se sentirán ofendidos por mis palabras, pero pido al lector un poco de paciencia así como una mente abierta para poder entender, puesto que a veces las verdades duelen, pero no por ello dejan de ser verdades.
Todos cotizamos con la promesa de tener una jubilación el día de mañana porque, según se piensa, tenemos derecho, y además, estamos pagando de nuestro bolsillo para ello.
Si piensas esto, tengo que decirte que en ambas cosas estás equivocado. Las pensiones no son un derecho fundamental recogido en nuestra constitución. Te invito a leer la constitución española; son un principio rector de la política social y económica, esto es que existirán en la medida en que los políticos de turno determinen que sean.
Son un contrato que se nos obliga a firmar pero que no sabemos ni cuándo podremos exigir ese «derecho» ni cuánto nos corresponderá.
Y digo yo, si tan bueno fuera ese contrato, podrían dejar la libertad de no adherirse a él, asumiendo, claro está, las consecuencias de no hacerlo y recayendo sobre uno mismo la responsabilidad de afrontar los gastos de la vejez, para cuando ya no podamos trabajar. Pero esto no es posible: estamos obligados a estar en el sistema.
Las pensiones no dejarán de existir, pero sí la forma en que las conocemos hoy, porque las matemáticas no se pueden eludir. La pirámide de la población estáo invertida: unos pocos jóvenes tienen que soportar el gasto de muchos mayores, y no, no existe hucha. El dinero de los jóvenes de hoy no se guarda, al igual que no se guardó el de sus padres. Por un lado entra y por el otro sale para pagar las pensiones actuales. Y te digo más: ni siquiera ese dinero alcanza para afrontar el pago de todas las pensiones.
Mes a mes pedimos deuda para el gasto corriente de las mismas. ¿Y quién pagará esa deuda? Para que unos vivan hoy, otros malvivirán mañana. Nadie nos perdonará la deuda porque nos la debemos a nosotros mismos, o peor, pasaremos sus efectos a nuestros hijos y nietos.
No pretendo asustarte, pero sí alertarte para que estés prevenido. Empieza a generar tu propia jubilación. No dejes el futuro a la suerte. Nos encontramos en la antesala de una nueva crisis, nunca vista antes: la crisis de la deuda. Antes había una guerra o una catástrofe, el país se endeudaba para salir de ella y luego se recuperaba, volviendo todo a la normalidad.
Hoy no es Ucrania, no es el petróleo ni otro evento puntual pasajero. Es una deuda que crece exponencialmente día a día para afrontar el gasto corriente del país. Te invito a que dirijas tu mirada a Francia, va en cabeza. Lo que pase allí, pronto llegará a España.
La mayoría leeréis estas palabras, os inquietarán pero no haréis nada. Pero unos pocos tomarán nota, comenzarán a investigar la forma de proteger su dinero y de invertir para no depender únicamente de una incierta pensión el día de mañana.
A todos os digo que mala opción es dejar el futuro de uno en manos de otros. Se puede y se debe empezar a tomar las riendas del destino propio, aunque ello conlleve el peso de la responsabilidad por las decisiones tomadas.
Comentarios