Omitir y esconder

OPINIÓN

Pedro Sánchez y Alberto Nuñez Feijoo, en la Moncloa en una foto de archivo.
Pedro Sánchez y Alberto Nuñez Feijoo, en la Moncloa en una foto de archivo. Javier Lizón

Resulta curioso como a veces se intenta evitar determinadas situaciones en el ámbito político. Aunque no es la primera vez que vemos en España a un partido omitiendo o escondiendo su propio logo en un cartel electoral, no recuerdo que en el pasado Podemos hubiese hecho tal cosa. Irene Montero aparece ya en las redes sociales en modo elecciones, con una fotografía de su cara sonriente y acompañado todo ello, en letras grandes, de su nombre y apellido. Luego ya más pequeño se rotula que es «candidata a las elecciones generales» y como lema se apuesta por las palabras «paz, casa y trabajo». No pasa desapercibido hasta el color, porque no es el morado, sino un verde azulado suave.

Como estrategia de marketing político no dudo en que tiene más valor y fuerza electoral su propia figura que la desastrosa deriva de su partido (que emergió hace quince años en el 15M y terminó por disgregarse en formaciones políticas diversas con las que no hay diferencias ideológicas, sino choques y enfrentamientos meramente personales). Hay diferentes expertos que señalan que esta división tendrá consecuencias nefastas para la izquierda, pero quizás sea mejor así, porque de haberse unido no parecía que fueran a mantener las formas y hasta me atrevo a pronosticar que podría acabar todo como el rosario de la aurora. En Madrid no casan bien Podemos y Más Madrid y en Barcelona tampoco Esquerra Republicana con los Comunes. En esta prueba de fuego para el conjunto de la izquierda no se puede pedir peras al olmo y deberán ser las y los votantes quienes decidan el 29 de noviembre si es más útil optar por uno de esos partidos o si no queda otra que unir todas las fuerzas en el PSOE, el único partido con garantías de sacar un buen resultado.

La derecha y la ultraderecha también han omitido y escondido sus cartas en los últimos días. Tras algunos traspiés en los mensajes sobre las pensiones, se han cuidado mucho en obviar la visita de Javier Milei a nuestro país. Aunque han argumentado problemas de agenda y la necesidad de priorizar la precampaña, es evidente que no les beneficia en este instante una fotografía con el máximo mandatario argentino, así que realmente lo han omitido, porque esconderlo en este caso ha sido imposible y más con la poca continencia verbal que le caracteriza (la única autoridad de relevancia que le ha recibido, aunque era en un encuentro privado fuera de la agenda oficial, fue Isabel Díaz Ayuso, que como siempre va a su bola aunque ello conlleve perjudicar al PP). Lo que es una incertidumbre es que hará próximamente Carles Puigdemont, porque desde Junts omiten responder a su posible regreso a España. El ex President catalán ya puede pisar suelo español sin el riesgo de ser detenido, y ante el anuncio de Alianza Catalana de no presentarse a las generales, puede que su fuga (siempre me pareció insultante hablar de «exilio», porque hay un reciente pasado en el miles de personas sí que tuvieron que cruzar la frontera huyendo de la barbarie franquista) ya no tenga sentido prolongarla tras quedar totalmente finiquitado el tema de la amnistía (además, puede que sea la última oportunidad que les queda a las y los herederos de Convergència Democràtica de Catalunya de recuperar su poder de influencia, al menos en el Congreso).

A ver qué pasa el domingo en Brasil, porque la posible llegada al poder del hijo de Bolsonaro al poder sería una nueva mala noticia. También tiene bastante mala pinta el futuro político de Francia. A las protestas legítimas en el sector educativo se ha mezclado, desgraciadamente, un grupo de vándalos que han sobrepasado todos los límites. Sus acciones violentas no pueden ser ni omitidas ni escondidas y se deben condenar sin paliativos (porque ensucian reivindicaciones sociales necesarias y perjudican a gente que se gana la vida de manera humilde. Además, por desgracia, a quien más beneficia todos esos disturbios es a Marine Le Pen). Ha habido también episodios parecidos en Italia y en Albania que espero que se no se reproduzcan. Creo que es justo contrarrestar estos incidentes con España y valorar que todas las protestas con la vivienda han sido extremadamente pacíficas, y pongo especial énfasis en los organizadores de las acampadas. De hecho, los sucesos desagradables que han ocurrido han sido externos a ellos, protagonizados por grupos de extrema derecha que han intentado agredir y coaccionar a los que señalan la dificultad que supone acceder a una vivienda digna, algo que no debemos omitir ni esconder (y sí denunciar).