Atención Infantil Temprana en Asturias. La excepción que exige solución

OPINIÓN

Pixabay

Hace un par de años —seguro que lo leyeron en este medio, en La Voz de Asturias— tres mujeres comenzaron a movilizarse para que el servicio de Atención Infantil Temprana, dependiente de la Administración autonómica, se ampliase hasta los 6 años.

Ellas, madres de niños usuarios de este servicio, consiguieron que muchos tomáramos conciencia de la enorme importancia de estas atenciones en el desarrollo de pequeños con distintas patologías, entre las que se encuentran diversas enfermedades raras.

Pese a ello, supimos que en Asturias la Atención Infantil Temprana deja de prestarse cuando los pequeños alcanzan los tres años, momento en el que son escolarizados. Una situación anómala que otorga al Principado el demérito de ser la única comunidad autónoma que no ofrece este servicio hasta, como mínimo, los seis años.

Hasta el momento, entre los primeros meses de vida y los tres años, esta prestación corre a cargo de las Unidades de Atención Infantil Temprana (UAIT), dependientes de la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar. Cuando los pequeños alcanzan los tres años, la responsabilidad pasa a la Consejería de Educación y el servicio se traslada a las aulas.

Sin embargo, conviene matizar la diferencia. La única atención infantil temprana entendida como labor estrictamente terapéutica es la ofrecida en la primera fase —que, desgraciadamente, no es ajena a las listas de espera—, desarrollada por profesionales de la sanidad y del desarrollo infantil (pediatras, psicólogos, logopedas, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales…).

La labor de estimulación posterior, desarrollada en las escuelas por maestros de Audición y Lenguaje (AL) y de Pedagogía Terapéutica (PT), constituye un valioso apoyo curricular, pero en ningún caso puede sustituir a las citadas terapias clínicas.

La petición de estas familias no responde a un capricho. Se asienta en la evidencia científica, en el marco legal vigente y en una visión pragmática del gasto público: garantizar la atención infantil temprana hasta los seis años reduce de forma sustancial la dependencia futura.

La movilización de estas tres madres sumó rápidamente a más familias afectadas, asociaciones y partidos políticos. Los medios de comunicación se hicieron eco de una reivindicación justa. El debate se trasladó, de la mano del Grupo Parlamentario Popular y del diputado de Foro Asturias, a la Junta General del Principado.

La entonces consejera de Derechos Sociales y Bienestar, Marta del Arco, recibió a las impulsoras —el propio presidente Barbón mostró su interés por la reclamación— y anunció formalmente que la Atención Infantil Temprana se extendería hasta los seis años a partir de septiembre de 2026 —pudiendo demorarse por trámites administrativos no más allá de noviembre—, coincidiendo con el arranque del curso escolar.

Sin embargo, lo prometido no se ha cumplido. Tras varios meses ausente por baja médica, la consejera dimitió y fue sustituida por Nerea Monroy, quien informó a las familias de que, debido a esta reestructuración, la entrada en vigor de la ampliación se retrasaría al mes de enero. Aquella fue una indeseada demora, pero asumible.

Hace unas semanas, la flamante consejera anunció que la citada ampliación se retrasaría aún más, al mes de mayo. En la práctica, debido al final del curso en junio y al posterior periodo vacacional, supone que no habrá Atención Infantil Temprana hasta septiembre.

Un año, otro más, perdido. Otro año en que la posibilidad de recibir estas terapias imprescindibles en el desarrollo dependerá de la capacidad de las familias para abonar los elevados costes que suponen.

A estas alturas, no caben más excusas ni parapetos burocráticos. El recorrido desde que se inició esta justa reivindicación ha sido lo suficientemente largo y dilatado en el tiempo como para que cualquier equipo de gobierno competente hubiera resuelto cualquier traba administrativa o presupuestaria. Argumentar nuevas demoras organizativas no es más que la constatación de una falta de voluntad política para cumplir con lo comprometido.

Pese a todo, no hay obstáculo insalvable cuando la causa la abandera una madre. Ellas —y también ellos, pues ya son muchas y muchos más que tres— siguen exigiendo lo que por estricta justicia corresponde a sus hijos. Y no lo hacen únicamente por ellos, sino también por otros muchos niños, por todos aquellos que vendrán detrás y por una Asturias que no puede permitirse dejar atrás a los más vulnerables.

Para quienes deseen profundizar en esta causa, les aconsejo acercarse a @hastaloseis, en Instagram. Surgida de la determinación de las tres mujeres mencionadas en estas líneas, esta plataforma trasciende ya su objetivo inicial para convertirse en una voz colectiva, reivindicativa y solidaria, en apoyo de miles de niños y familias en nuestra comunidad.