«No se puede poner el carro antes de las mulas. Yo de lo que estoy hablando es de que nos cargamos económicamente esta provincia si no nos dedicamos a lo importante, a la carne, y no a las patatas, aunque las patatas también sean importantes para tener una alimentación balanceada». Así explicaba hace unos días Eduardo Álvarez, portavoz de Vox en la diputación de Soria, por qué su partido votaba en contra de una declaración en favor de la mujer rural, en la que la institución provincial se comprometía a algo tan terrible como reafirmar «su compromiso con la igualdad real y efectiva entre mujeres y hombres como principio inspirador de las políticas públicas locales», respaldar «actuaciones dirigidas a fomentar el emprendimiento femenino, la innovación, la formación, el liderazgo y el relevo generacional en el medio rural, prestando especial atención a las mujeres jóvenes», y combatir la violencia contra las mujeres. La declaración fue aprobada con los votos de PP y PSOE, pero el primero tiene mayoría absoluta ¿qué hubiera sucedido si gobernase con Vox?
El señor Núñez Feijoo ya tiene las elecciones que lleva reclamando prácticamente desde que conoció los resultados de las anteriores, pero, veinte días después de la convocatoria, no muestra la alegría que cabría esperar. Todo indica que no van a ser un paseo militar y es probable que las encuestas que se conocerán la próxima semana deparen sorpresas.
Decía el candidato del PP el viernes, en una entrevista que concedió a la cadena SER, que su primer objetivo es que Sánchez se vaya del Gobierno. Lo malo es que unas elecciones no son un referéndum sobre una persona. Lo que se dilucida es quiénes van a gobernar en los próximos años y lo que preocupa a los votantes, por encima de simpatías y de antipatías hacia los líderes, es qué harán los que venzan cuando posean el poder. Ya comenté hace quince días que, según las encuestas, si se votase por el entusiasmo que despiertan los dirigentes, todos perderían, pero cuando llega el momento decisivo el pragmatismo se superpone al rechazo universal. Alguien va a gobernar. Para quienes no son hooligans de un partido, la cuestión pasa a ser no solo quién será más eficaz, sino quién adoptará decisiones más acordes con sus ideas o intereses y qué riesgo existe de que alguna de las opciones los perjudique, hiera o irrite con sus medidas ideológicas. Incluso, cuando hay posibilidades de que acceda al gobierno un partido de extrema derecha, tendrán en cuenta si están en riesgo las libertades, los derechos humanos y la propia democracia. Es algo que explica la victoria de Lula en Brasil y hasta las patatas saben que, si puede, el PP gobernará con Vox, el mismo Núñez Feijoo lo decía en la citada entrevista.
Estuvo mesurado, dijo que solo retocaría la ley del aborto en lo referido a las jóvenes de 16 a 18 años, lo que implica que respetará el sistema de plazos, pero su argumento de que es feminista porque se crio con más mujeres que hombres no parece muy sólido, sobre todo después de afirmar que suprimiría el ministerio de igualdad, que lo integraría en otro y que podría llevarlo un hombre ¿de Vox? Ya se ha visto lo que sucede en las comunidades autónomas que gobiernan conjuntamente y la obsesión de ese partido, cuyo machismo trasnochado le hace parecer más misógino que antifeminista, por negar especificidad a la violencia contra las mujeres o por suprimir los «Puntos Violeta» que intentan combatirla, entre muchas otras cosas, y el PP transige e incluso asume sus argumentos.
Dijo también que solo «retocaría» la ley de eutanasia, pero la huera frase de que «la vida digna está por encima de la muerte digna» y posiciones como las de Vox, que en 2021 hizo gala de que derogaría la ley, conducen a la desconfianza. Curiosa concepción de la libertad individual la que te quiere obligar a sufrir antes de la muerte el tiempo que decida el Estado sin contar con tu voluntad. Es verdad que, desde sus orígenes como AP, el principal partido de la derecha española se ha limitado a ser una rémora, que intentó frenar, con notables escandaleras, todas las leyes que ampliaban derechos y libertades, incluida la Constitución o el divorcio, y acabó disfrutándolas con entusiasmo o incluso defendiéndolas como si fuesen suyas. La novedad es el renovado impulso reaccionario, derogatorio, que aporta Vox ¿resistirá la «derechita cobarde»?
La señora Díaz Ayuso ya ha intentado en fecha reciente poner trabas a la interrupción del embarazo en su comunidad, «¡Váyanse a abortar a otra parte!» gritaba hace un año en el parlamento regional de Madrid. Para ella, la libertad se reduce a dos cosas: a tomar cañas, algo que nunca ha limitado ninguna dictadura y puedo afirmarlo porque las tomé en dictaduras fascistas y en dictaduras estalinistas, y a enriquecerse libremente a costa de las instituciones públicas. Es cierto que el consumo de cerveza está restringido por motivos religiosos en algún país musulmán, pero la única gran potencia occidental que lo prohibió fue la democracia estadounidense y el demócrata progresista Roosevelt, al que la presidenta madrileña hubiera llamado «comunista», fue quien devolvió a los norteamericanos la libertad de beber lo que les diera la gana. Quizá no comprende adecuadamente lo que es la libertad porque no domina bien la lengua española, por eso tuvo que pedirle ayuda a Toni Cantó y por eso afirma también, como el cretino de Milei, que España es una dictadura.
En cuanto a las polémicas sobre las pensiones y sobre el salario mínimo, han salido del bando de las derechas, no de la manipulación izquierdista. Tampoco en estos aspectos inspira confianza la actual prudencia de Núñez Feijoo, lo han demostrado los pensionistas. Fue él quien entregó la portavocía a Esther Muñoz, no puede quejarse de lo que diga; tampoco de la agresividad del debate político con Tellado de mano derecha; la ultraliberal autoritaria Cayetana Álvarez de Toledo es su número dos por Madrid.
Tiene razón Pedro Sánchez cuando afirma que lo que se dilucida en estas elecciones no es una alternancia normal entre partidos democráticos. Vox es una pesada losa para Núñez Feijoo y no ha sabido librarse de ella. Su permanente cambio de discurso según sopla el viento, las coaliciones en las comunidades autónomas en las que Vox impone sus planteamientos a pesar de ser un socio muy minoritario, no disipan temores.
Lo sucedido en Castilla y León con la nueva norma de subvenciones al cine, que podría extenderse a otros ámbitos de la cultura, muestra lo que puede ocurrir si Vox llega al Gobierno. ¿Qué es adoctrinamiento ideológico? ¿El teatro de Calderón de la Barca? ¿la película Marcelino Pan y Vino? ¿Dónde vas Alfonso XII? ¿O es que el supuesto adoctrinamiento solo se produce si el director y los guionistas son de izquierdas o se lo parecen a los nuevos censores? Los artistas tienen ideas y las expresan, muy pocas historias o representaciones son neutras y no tienen por qué serlo. El señor Mañueco, el presidente de la comunidad, que nunca demostró muchas luces, dice que lo hacen en nombre de la libertad, sí de la libertad de imponer su ideología, o lo que sea, a los demás. En varios ayuntamientos han vetado representaciones teatrales o incluso conciertos. Cómo les gusta a nuestras derechas corromper la palabra libertad.
De todas formas, lo que más repugna de Vox, lo que, junto a su antifeminismo, provoca verdadero asco, es la xenofobia, más bien el racismo, que muestra especialmente contra los «moros». Cuando escucho gritar a sus secuaces «España cristiana y no musulmana», me indigno y pienso, además, que ateos o agnósticos también debemos ser la anti-España. Náuseas me provoca el «moros no, España no es un zoo». El cabeza de lista de Vox por Tarragona, con posibilidades de ser elegido diputado, es Jordi de la Fuente, neonazi, putinista, que está procesado por delito de odio por el intento de asalto, brazo en alto y al grito de «a por ellos» y «moros de mierda», de un albergue de menores inmigrantes. ¿Eso es lo que queremos que gobierne España? Tarragona es una de las provincias donde la alianza electoral PP-Vox es más estrecha.
Ya he comentado en otra ocasión la admiración de Buxadé por José Antonio Primo de Rivera, supongo que no será el único en las filas del partido neofranquista, su obsesión por conservar calles y monumentos que reivindican a la dictadura y a sus gerifaltes lo prueba, lo peor es que dirigentes del PP, como el señor Azcón, lleven de estrellas a sus mítines a personajes como Vito Quiles, cuyos seguidores cantaron el otro día en Zaragoza el Cara al Sol, quizá el presidente aragonés lo entone en la intimidad, o admira la habilidad del agitador, también querido por Tellado, para burlarse de mujeres discapacitadas. ¿Qué garantías ofrece este PP frente la extrema derecha?
Dijo Núñez Feijoo que a él no le quita el sueño la perspectiva de gobernar con Vox, a mí sí me impide dormir tranquilo la posibilidad de que esa coalición llegue al poder en España, supongo que les sucederá lo mismo muchísimos demócratas, feministas o simple gente de bien.
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