¿Puede ganar Sánchez?

Enrique Clemente Navarro
Enrique Clemente LA MIRADA

OPINIÓN

Pedro Sánchez besa a su esposa, Begoña Gómez, durante un mitin en Fuenlabrada.
Pedro Sánchez besa a su esposa, Begoña Gómez, durante un mitin en Fuenlabrada. Jesús Hellín | EUROPAPRESS

Empezó con el beso a Begoña Gómez, siguió en La Revuelta de Broncano (con una audiencia récord), a continuación el recitado de un poema de García Lorca en Granada y un paseo junto al Guernica para reivindicar su política exterior y la paz, y todo aderezado con bailes en los mítines. Pedro Sánchez ha optado por el amor, el buen rollito, la alegría y la cultura en una precampaña diseñada para humanizar a un presidente demonizado por las derechas y desgastado por ocho años de poder. Frente al pesimismo de los fríos datos de las encuestas, el optimismo de quien ya ha logrado revertir la sensación de derrota aplastante del PSOE y ha instalado el marco de una posible victoria en escaños. Incluso Feijoo ha abandonado el mantra de que debe gobernar la lista más votada y ha anunciado que lo hará con Vox, aunque pierda, si les salen las cuentas. Por impostada que parezca, esta estrategia capta la atención y puede movilizar a votantes indecisos. El resto del trabajo se lo están haciendo sus adversarios, al sacar, por ejemplo, el tema del cambio de modelo de las pensiones (léase recortes); o la visita de Milei, el campeón de la motosierra, al que la derecha y la ultraderecha quisieron evitar (excepto Ayuso), pero cuyas reformas económicas alabó Feijoo, pese al desastre social que han provocado. Un error más del líder popular en esta precampaña. Por su parte, Sánchez despacha los asuntos más graves como si fueran cualquier cosa. Sobre la corrupción, se limita a decir que Ábalos lo engañó y fue su gran error; de Ceuta, que se pudo hacer mejor; y de la vivienda, que es culpa de las comunidades autónomas. Su objetivo es que se hable más de lo que haría un gobierno Feijoo-Abascal que de su gestión. Queda mucho partido.