«Hazlo, como si no supieras que se acaba, como si fueras a morir mañana». Es parte de una canción que me gusta mucho de Leiva que me hace recordar a personas que marcaron mi vida y que ya no están. Imagino que en esos dos trenes viajaban personas de todo tipo de edad, procedencia e ideología, que iban de Madrid a Sevilla por múltiples historias y que el infortunio (y no el destino, que yo no creo en él) les truncó sus planes. Hasta la fecha no soy consciente de que nadie conocido falleciese en un accidente como el del pasado miércoles en Urda, pero tragedias así me hacen pensar mucho en tres cosas: que la vida es una, que hay que valorar lo que de verdad importa y que hay que vivir lo más dignamente sin miedo pero con respeto, porque hay situaciones que no las podemos controlar, y una de ellas es tener la mala fortuna de sufrir un accidente de tren tan dramático como el del pasado miércoles.
Vaya por delante toda mi solidaridad con las personas afectadas, y muy especialmente a los familiares y las amistades que lloran a sus difuntos o que (en algo que debe ser extremadamente angustioso) todavía no tienen la confirmación oficial de si fenecieron o no porque continúan sin aparecer. No me cansaré de darle las gracias a lo público, porque todos los servicios de emergencia han funcionado con la máxima profesionalidad y con el objetivo de ayudar y salvar a quienes vivieron esta espeluznante situación.
Todas y todos queremos saber toda la verdad, por qué ocurrió, y la investigación imagino que será larga. Será la justicia la que dicte sentencia, pero por lo que se ha ido conociendo, todo parece indicar que la autorización que se le dio al AVE a circular con total normalidad cuando tenía delante un Iryo parado sin poder retomar la marcha no tiene explicación. No se puede separar este gravísimo accidente con el momento político que vivimos en España, a pocos días de unas elecciones generales. Se suma también el recuerdo cercano de Amaduz, que ya fue un duro golpe, pero creo que debe desligarse un caso del otro porque las razones de ambos accidentes han sido distintas. Comparto que un país como España no se puede permitir lo ocurrido, pero yo quiero lanzar mi confianza en el sistema ferroviario nacional porque es muy fiable y robusto. No es infalible pero sí es seguro, aunque por supuesto nunca hay que escatimar en recursos para que sea cada vez más improbable o difícil que se repitan estos accidentes.
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