Un ovetense lucha por mantener el legado de su madre desahuciada

Conchi González, de 55 años, apareció muerta este mes en un piso que su hijo quiere evitar que sea embargado en un largo proceso judicial

José María, el hijo de Conchi
José María, el hijo de Conchi

Oviedo

«Esta es una carga impresionante. Estoy revisando cientos de papeles, pero lo único que tengo claro es que quiero salvar el piso y mantener el legado de mi familia». A José María Fernández González todavía le resulta difícil hablar en pasado de su madre, Conchi González, de 55 años. Intenta rememorar sus últimas conversaciones con ella, pero no puede avanzar en el relato. Se emociona cuando explica que su cadáver fue descubierto por los Bomberos cuando accedieron al interior de su vivienda, en el barrio de San Lázaro, en Oviedo, avisados por la Policía Nacional, después de que una amiga que había contactado con ella por whatsapp el 30 de julio pasado y a la que ésta le había dicho que «no se encontraba bien» alertara de que llevaba varios días sin verla y no se presentara a su trabajo. Su muerte debió producirse previsiblemente entre el 30 y el 31 de julio pasado, ya que el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses del Principado de Asturias sostenía en el informe de autopsia, fechado el día 11 de este mes, que su fallecimiento se estimaba que había ocurrido hacía «aproximadamente unos once días antes», si bien el avanzado estado de descomposición en el que se hallaba el cuerpo impedía precisar más.

Pero con la muerte de su madre, a José María, de 30 años, no se le venía encima únicamente un golpe emocional fuerte, sino que llegaba acompañada de una herencia mediatizada por embargos, desahucios y una acusación de presunta estafa de la que su madre culpaba a su abogada y procurador por las minutas del procedimiento seguido, así como denuncias ante el juzgado y los respectivos Colegios profesionales y posteriores cambios con la asignación de letrado y procurador del turno de oficio.

El desahucio

Cientos de folios oficiales con notificaciones y resoluciones judiciales de un largo procedimiento que ahora José María Fernández tiene que revisar para ponerse al día; hay cartas manuscritas, recibos y anotaciones que su madre, con rigurosa meticulosidad, recopiló durante años y que conforman decenas de tomos de un expediente que ahora su hijo, José María, intenta descifrar para tratar de evitar la pérdida del patrimonio familiar.  Su abuelo materno, Ángel, falleció en el año 2006 y dejó en herencia tres pisos a sus dos hijas: María Ángeles y Conchi. Una vivienda para cada una de ellas y una tercera compartida al 50 por ciento. 

La relación entre las hermanas no era buena. En noviembre de 2015, Conchi González  fue protagonista, a su pesar, en los medios de comunicación regionales, al encabezar una manifestación para impedir el desahucio de su piso, ubicado en la calle San Melchor García Sampedro. En aquella ocasión, le acompañaban los miembros de la Plataforma Stop Desahucios, la vicealcaldesa de la corporación de Oviedo, Ana Taboada, la edil de Somos Isabel González Bermejo, la concejala de Izquierda Unida Cristina Pontón y el ahora diputado Emilio León, de Podemos, entre otros representantes políticos. La movilización popular logró paralizarlo y Conchi tuvo una tregua momentánea porque, al parecer, un mes y medio después, ya sin cámaras ni prensa alrededor, una comisión judicial volvió y Conchi fue desahuciada, según corrobora su hijo.

«Me quedé sin nada»

En esa fecha, noviembre de 2015, ella misma contaba de esta forma su situación familiar: «nada más morir mi padre, mi hermana retiró el dinero del banco. Me quedé sin nada. Me exigió escriturar la vivienda y al no hacerlo me denunció. Contraté a la abogada A.I.G., a la que renuncié un año después, pero siguió representándome sin que a mí nadie me comunicara nada». La abogada a la que culpaba le había pasado una minuta de 32.000 euros y Conchi afirmaba que no se había enterado hasta el año 2014, cuando comprobó que su cuenta bancaria estaba a cero y pesaba sobre ella un embargo judicial. Supo entonces que era debido a «los costes de la herencia» y cuando pidió que se le asignara un abogado de oficio, el juzgado «me ignoró» y el procedimiento continuó adelante.

El piso que habían heredado ella y su hermana al 50 por ciento había salido a subasta y María Ángeles lo obtuvo previo pago de 8.000 euros unido a su 50 por ciento. El tercer piso, el que había recibido Conchi en donación de su padre, en el barrio de San Lázaro, es el que José María no quiere perder. Él vive ahora en una habitación de alquiler, pero quiere luchar hasta el final por preservar la herencia materna. Está convencido de que a su madre le mató «el disgusto por todo este procedimiento y todos estos líos judiciales».

«No quería que me lo contara»

José María Fernández reconoce que quería permanecer al margen cada vez que su madre contactaba con él para contarle cómo iba la marcha del proceso. Le da vueltas a la cabeza de la cantidad de veces que le dijo que «no me contara más, que me ponía negro cada vez que me contaba esas cosas». Ahora le produce impotencia ver cuánto trabajó su madre, cada vez que se dispone a revisar los papeles y ver cómo clasificaba cada nota, cada folio, cada expediente. «Veo que mi madre tocó muchas puertas, que trabajó mucho en sus papeles...», explica, pero apenas puede continuar su relato porque lo tiene incompleto. Admite que para él todo este proceso es nuevo y es lego en la materia. Ha trabajado en varios oficios como recolector de aceitunas o repartidor, entre otros trabajos, y actualmente cobra el salario social básico, por lo que no tiene posibilidades económicas para hacer frente a un procedimiento de esta naturaleza. Pide ayuda y colaboración para afrontar todo lo que se le viene encima a partir de ahora. 

Advierte que su intención es llevar todo «por las buenas. Yo me ofrezco a solucionar todo lo que haga falta para salvar el piso y mantener el legado de mi madre y de mis abuelos», reitera una y otra vez. No quiere líos de abogados, procuradores e incluso familiares. Insiste en que su único objetivo es no perder la casa en la que se crió, en la que creció y donde vivió durante los años en que eran una familia unida. Donde se conservan fotografías, muebles, recuerdos de toda una vida. «Son dos pisos metidos en uno, porque al ser desahuciada mi madre del piso de San Melchor García Sampedro se llevó todas sus cosas al de San Lázaro y ahí está todo junto. Es la casa de toda una generación».

José María Fernández reconoce que se llegó a plantear incluso en renunciar a la herencia, pero enseguida desechó la idea. Tiene claro que quiere ir a por todas y evitar la pérdida del piso. De momento, tiene voluntad y actitud pero le falta dinero para pagar el impuesto de sucesiones,  a abogados, procuradores para iniciar de nuevo todo el procedimiento...pero no quiere que la lucha de su madre se pierda definitivamente. «Esta es una carga impresionante. Voy a luchar. Quiero conservar mi legado. Es lo único que me queda. La herencia de mis abuelos, de mi madre, de toda una vida», comenta emocionado.

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