El testimonio de Nabil y de Juanjo, dos entre los cientos de asturianos que se encuentran en situación de emergencia social
12 sep 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Cientos de asturianos se encuentran en situación de emergencia social, una cifra que se ha incrementado desde el comienzo de la crisis. Las grandes urbes asturianas son las que acogen un mayor número de hombres y personas «sin techo». Muchos de ellos ejercen la mendicidad por las calles sin más ayuda económica que las simples limosnas. Duermen en cajeros, en portales o bajo los puentes de las carreteras, entre otros muchos lugares a la intemperie. Asociaciones como Cáritas y Cruz Roja ayudan a diario a los colectivos más desfavorecidos a buscar una solución a su situación. En Oviedo, proyectos como la Cocina Económica reciben la visita diaria de más de cien personas que no pueden costearse una comida o un alquiler. Desde el Área de Atención Ciudadana de Oviedo también se están llevando a cabo una serie de medidas con las que se pretende paliar esta problemática. Algunas de ellas parecen no gustar a todos los miembros de la corporación, por lo que han pedido una modificación de la actual ordenanza que regula la mendicidad en la ciudad.
Un «sin techo», una historia
Cientos de personas se acercan a diario al Comedor Social de la Cocina de Económica. Cada uno de ellos es de un país, de una etnia, raza o edad diferente. Nabil es de Marruecos y llegó a España hace un año y medio. Desde hace unos meses se acerca al comedor social a por comida. Su mujer y su hijo son la razón por la que decidió dejar su trabajo en una fábrica de alfombras en Marruecos. Sabe que ellos están en Asturias, pero su esposa y la familia de ella se niegan a hablar con él. Su problema con el alcohol tampoco ha ayudado a mejorar su situación. Durante meses trabajó como ayudante de un ganadero en Cangas de Narcea y en un equipo de fútbol en el concejo de Piloña. Ahora mismo no tiene trabajo, ni casa, ni dinero. Gracias a Calor y Café puede dormir bajo un techo, pero reconoce que más de una vez ha tenido que hacerlo en la calle. Su familia y amigos le ayudan a conseguir algo de dinero, ya que asegura que no ejerce la mendicidad porque no le gusta. Acude a clases de español y gracias a una de las trabajadoras sociales del centro en el que se hospeda ha empezado a buscar trabajo. Varios conocidos le han dicho que se vaya a Andalucía a trabajar, pero él se niega. Primero está su hijo y luego los problemas con su pasaporte. El pasado 20 de julio, la policía le retiró el pasaporte de manera cautelar por lo que debe presentarse en las dependencias de la Brigada Provincial de Extranjería y Fronteras de Oviedo los días 1 y 15 de cada mes. «Lo único que deseo es tener otra vida. Quiero poder volver a trabajar y estar con mi familia», apunta.
Muy diferente es el caso de Juanjo. Lleva más de dos años viviendo en la calle, a pesar de que solo tiene 21. Duerme cada noche en un banco en el Parque de Invierno y apenas tiene dinero para poder comer. Ha intentado suicidarse varias veces, la última hace un par de meses. Reconoce además que tiene un problema con las drogas y el alcohol. Juanjo se vio sin nada cuando a los 19 años, una orden de alejamiento le impidió volver a vivir con sus padres. Asegura haber vivido una infancia de malos tratos en la que, además, ha tenido que lidiar con una esquizofrenia que le fue diagnosticada a los 14 años. Gracias a sus amigos puede salir adelante y encontrar un techo en el invierno. «La vida es como una peonza, no sabes cuándo va a caer», dice entre lágrimas.
El trabajo de las asociaciones
En Oviedo, son varias las asociaciones sin ánimo de lucro que trabajan para ayudar a las personas en situación de emergencia social. Entre ellas se encuentra Cáritas, cuyo programa Sin Hogar atiende las necesidades básicas -alojamiento, higiene y alimentación- y promueve la inclusión, por medio de un acompañamiento individualizado. El Centro «Cano Vigil Mata» atendió en 2015 a 891 personas en el albergue de corta estancia, 54 en la casa de acogida y 14 familias con menores en apartamentos. Un total de 709 personas han acudido al centro de día para personas sin hogar y otras 300 han pasado por el proyecto de alojamiento nocturno para personas sin domicilio, Calor y Café. Cáritas también ha puesto en marcha en el Centro de Encuentro y Acogida un proyecto para la atención de toxicómanos cuyo objetivo es reducir los daños provocados por el consumo de drogas y motivar el abandono de estas sustancias. En este programa han participado más de 103 personas.
Debate abierto en el Ayuntamiento de Oviedo
La polémica sobre la situación de las personas «sin techo» también ha llegado al Ayuntamiento de Oviedo. La edil de IU, Cristina Pontón, ha denunciado la aplicación de sanciones a las personas que ejercen la mendicidad. En concreto, se ha referido a las dos multas económicas que se han impuesto a dos mendigos tras ser denunciados por unos ciudadanos. Pontón ha pedido que se corrija esta normativa «ya que no se puede criminalizar la falta de recursos». La concejala asegura que la actual ordenanza se aleja del planteamiento que puede tener un gobierno de izquierdas. Por ello, ha pedido que se busquen soluciones más creativas que se alejen de la sanción y que puedan ayudar a este colectivo. «Debemos corregirla y darle la visión que tiene ahora el gobierno de Oviedo. Hay que valorar por qué estas personas están pidiendo en la calle y buscar la solución más acorde a su situación», afirma.
Por su parte, el concejal de Seguridad Ciudadana, Ricardo Fernández, ha defendido que la imposición de estas sanciones no está vinculada a la mendicidad, sino a una situación de acoso. «Estos dos casos deben ser los primeros en mucho tiempo. Se les ha abierto un expediente porque ha habido una reclamación por parte de la ciudadanía, no por el simple hecho de estar pidiendo», asegura. En total, la policía se ha realizado unas 86 intervenciones que han tenido un carácter humanitario o de seguridad. El edil recalca que en ninguna de ellas se les ha impuesto algún tipo de sanción. «Desde el Área de Atención al ciudadano estamos luchando para paliar este problema social. Se está intentando identificar a estas personas e informales de las diferentes vías que les puedan ayudar. Lo que no se puede consentir es que la administración se quede sin poder», concluye Fernández.