El alcalde compostelano, Martiño Noriega, protagonizó un pregón lleno de «míticos» ovetenses y evocó el Camino de Santiago
17 sep 2016 . Actualizado a las 08:41 h.Ellos pudieron más que la nube. Una malagueña que canta, un gallego de La Coruña que es alcalde en Santiago, un Apóstol peregrino y todos los míticos de la ciudad, desde Alfonso II el Casto hasta Esteban, el del Real Oviedo, lo dejaron claro. Es San Mateo. Antes de que el chupinazo disparado a las ocho y cuarto de la tarde por Diana Navarro proclamase para toda la ciudad sus fiestas de 2016 han empezado, Martiño Noriega usó como tendal el Camino de Santiago y el vínculo de hermanamiento que une desde 1993 la capital asturiana y la ciudad gallega para ir hilvanando un pregón que pasó del asturiano al castellano e incluyó una confesión. «Llámome Martiño, soi alcalde de Santiago de Compostela y ye pa mi un honor tar hoi aquí dando'l pregón de les fiestes grandes de Samateo nesta ciudá hermana».
Para ser su primer pregón de fiestas, Noriega lo bordó. Antes que nada, para eliminar susceptibilidades, aseguró que si estaba encaramado al balcón consistorial era «a título individual». «Nun toi representando nenguna opción política. Los culpables de la mio presencia aquí hoi beben de la decisión del gobierno municipal actual, de la historia y de les relaciones ente esta ciudá y la ciudá que represento», advirtió Noriega. Y luego estuvo como debe de estar un pregonero: ceñido de tiempos, ligero, con el humor justo y los guiños cómplices bien medidos para meterse al respetable en el bolsillo. Confesó también sus asesores: el multiforme Edu Galán y el doctor Rafael Tojo, que le mandó «cinco folios» de información y un consejo. «Víctor Manuel ye ua relixión». Aunque no sea de Oviedo.
Si lo fueron todos los demás: Alfonso II el Casto, que anduvo antes que nadie una ruta que Mariño reivindicó, haciendo promoción del Camino del Norte al hilo de la Unesco, «porque teniendo un camino original que une Santiago y Oviedo, para qué queremos copias». Luego desempolvó otra eferméride histórica. Casi más que el Camino de Santiago para un carbayón cabal: el 0-5 del Oviedo al Sporting en El Molinón, aquel de 1935, en el que «algo de suerte los gallegos debimos de dar» porque fue «el único organizado conjuntamente por Asturias y Galicia».
Noriega dijo estar en Oviedo por eso. Y porque en 1993 las dos ciudades se hermanaron «y como buenas hermanas aunque nos vemos poco y no soportamos a nuestros cuñados, hemos decidido no perdernos ninguna gran celebración familiar». Y también porque en 1994, devolviendo la buena suerte futbolera de 1935, 7.000 compostelaro anduvieron el Camino del Norte, para peregrinar «a esa otra catedral, el Carlos Tartiere, para asistir al ascenso del Compostela frente al Rayo Vallecano» a Primera División, «esa categoría que con toda seguridad ocupará el Oviedo la próxima temporada». Y ahí vino el gran momento, cuando Martiño alineó desde el balcón consistorial a Michu, Toché y Jon Erice para decir que el ascenso «se lo debemos a la ciudad y se lo debemos a Esteban».
Ahí, Martiño Noriega se vino arriba por el camino de la lirica, e invocó a otro imortal ovetense, el gran Ángel González, marcándose aquellos versos que comienzan: «Reverbera la música en los muros...» Con ese compás cogido, solo quedaba invitar a la fiesta, recordar a lo que están y a los «obligados a marchar»; enumerar los chiringuitos que le aconsejó Edu Galán; evocar a otros míticos que «pisaron el suelo de Oviedo» (Michael Jackson, U2, Woody Allen, Leonard Cohen, Slash... y Víctor Manuel, claro) o lo pisan, como Jorge Ilegales.
Solo quedaba despedirse de nuevo en asturianu -«namás me queda agradecevos la hospitalidá, el bon tratu, dicivos qu'en Santiago tenéis la vuestra casa»- y decir adiós también a la fiesta porque «tengo que regresar pa Santiago y pa una campaña electoral»: «¡Puxa Asturies, puxa Uvieo y puxen les fiestes de San Mateo 2016!», proclamó el pregonero peregrino. Y la malagueña soltó el chupinazo y empezó a llover sobre la ciudad en fiestas.