Oviedo recupera el espíritu de La Madreña

El nuevo espacio El Manglar busca unir lo cultural, social y político al ocio y disfrute de los ciudadanos de la capital del Principado

El Manglar El local, ubicado en la calle Martínez Vigil, busca unir lo cultural, social y político al ocio y al disfrute.

Redacción

Por un lado, espacio social y cultural. Por el otro, bar y restaurante. Dos ambientes muy diferenciados, uno encima del otro, por un local dividido en dos plantas -además de terraza y huerto-. Hablamos de El Manglar, el nuevo foro situado en la calle Martínez Vigil que está reuniendo en Oviedo a todos aquellos interesados en transformación social, igualdad de género, soberanía alimentaria, democracia, compromiso con el medio ambiente… ¿Su origen? Mucha gente del desaparecido Centro Social Ocupado y Autogestionado La Madreña, aunque también hay otros tantos que provienen de todo tipo de experiencias asociativas diferentes. ¿Su objetivo? Ser un espacio de referencia de la cultura critica alternativa, además de un lugar donde la gente vaya a pasárselo bien. En resumen: unir lo cultural, social y político al ocio y al disfrute y poder ofrecérselo a todos los ovetenses.

«El Manglar es una conmutación de muchas cosas», cuenta Diego Díaz, portavoz de la Asociación Cultura Popular, la cual está detrás del local situado en la calle Martínez Vigil. La primera planta está centrada en el uso hostelero, que va a financiar a largo plazo todo el proyecto, y la parte de abajo que es un espacio polivalente. Lo mismo puede servir para la reunión de un colectivo o una plataforma ciudadana que para hacer un debate, presentaciones de libros o actividades culturales de todo tipo. Teatro, conciertos, fiestas… Todo ello tiene hueco en El Manglar. «Buscamos ser un punto de referencia de la cultura critica alternativa, pero también un lugar donde la gente venga, simplemente, a disfrutar y pasárselo bien», comenta.

El proyecto no es reciente. Desde hacía tiempo ciertos sectores afines a La Madreña tenían ganas de crear un nuevo espacio social, ya que les parecía que había «un vacío» en la capital del Principado, sobre todo desde el cierre del citado CSOA. Al tomar forma el proyecto se unieron otras personas de diferentes orígenes pero con objetivos similares. Aunque en un principio no era una idea perseguida «activamente», el ambiente de todos estos colectivos estaba impregnado de ella. Sin embargo, en esta ocasión no querían repetir algo ya hecho en el pasado sino plantearlo de una forma diferente. «En Oviedo existen espacios como Cambalache, Paraíso, la Lata de Zinc… Pero cada uno de ellos está un poco especializado y nos parecía que faltaba algo como esto, que englobe a todos los ciudadanos y temas además de incluir un componente intergeneracional con actividades para todas las edades», concreta Diego Díaz. Cuando se enteraron de que querían traspasar este local les pareció la ocasión perfecta, lo cual aceleró el deseo y la idea que terminaron por materializarse hace solo unas semanas.

Respecto a la cuestión política, el portavoz del espacio asegura que «no se alinean con ningún partido». «Individualmente cada uno tiene sus preferencias pero creo que sería un error que El Manglar se identificase como un espacio partidista. Tiene que ser un espacio político donde la gente puede compartir sus ideas más allá de cuál es su preferencia a la hora de votar o no votar», concreta el portavoz. 

Un inmueble «ideal» y propuestas gastronómicas

El inmueble en el que la asociación ha decidido instalarse se presenta como «ideal». La calle en la que está situado era un arrabal del Oviedo antiguo, una zona de vivienda obrera de principios del siglo XX que combinaba siempre ésta con las huertas. Les pareció que esa combinación daría un juego enorme. Les gustó mucho el espacio ya que al tener dos plantas pueden delimitar perfectamente el uso de cada una. «Eso suele ser un problema cuando organizas cosas en los bares. Puedes cortarle el rollo tanto a la persona que están tomando algo como a la que está en una charla y le molesta que se estén vendiendo cervezas», comenta Díaz, añadiendo que la disponibilidad de la terraza, jardín y huerto también les pareció «muy atractivo». La terraza abrirá al público principalmente en periodo estival y el huerto será el origen de muchas de las materias primas que se usarán en la parte hostelera y que está regida por Carla Soto, responsable de Nahual.

En este sentido van optar por productos de cercanía y, en la media de lo posible, artículos asturianos. «El medio rural necesita que consumamos cosas de aquí para que siga con vida», asevera el portavoz de El Manglar. Ello va ligado a una apuesta por el mundo de las cervezas asturianas artesanas y su objetivo es tener un gran abanico de ellas. «Vamos a intentar tener la mayor cantidad posible que nos permita el mercado y ofrecerle a la gente que acompañe su comida con cervezas asturianas, las cuales están abriéndose paso poco a poco», detalla Xisco Pérez, miembro del colectivo, añadiendo que buscan ser una alternativa a la gastronomía que se ofrece en calles cercanas como Gascona ya que además su carta está libre de productos con alérgenos o de origen animal.

Cómo se financia y funciona El Manglar

El proyecto comenzó siendo promovido por tres personas, entre ellas Diego, que pronto decidieron qué línea seguir para financiarse y empezar a funcionar. En un primer momento pensaron en recurrir al préstamo de una entidad de banca ética, ya que financian proyectos con una parte cultural y otra de economía social, pero se dieron cuenta de que no era necesario. «Empezamos a tirar de nuestros contactos y vimos que había mucha gente interesada en que algo como esto echase a rodar así que ahora mismo hay unas 70 personas que nos han hecho préstamos a interés 0%», relata Diego Díaz. Las cantidades de estos créditos a título personal oscilan entre los 500 y los 1.000 euros.

Esa no ha sido la única vía, ya que el mes pasado El Manglar puso a funcionar una campaña de crowdfunding en la plataforma Verkami recién terminada para recaudar 6.000 euros destinados a la rehabilitación de la terraza y el huerto. La campaña ha sido un éxito e incluso han superado la cantidad requerida ya que han reunido 7.000 euros en menos de 40 días. Por último, también ha habido otro tipo de colaboraciones «no menos importantes». «Hay personas que no podían colaborar con dinero pero les apetecía poner su granito de arena y han participado echando una mano en la obras. Arreglando, pintando, lijando todo esto de manera voluntaria», comenta.

Al respecto de la organización, en El Manglar «no hay cargos pero sí responsabilidades». Las directrices se irán fijando a través de una asamblea. «Se celebra el último martes de cada mes y es abierta. Allí la gente propone actividades que vamos gestionando entre todos y luego hay una comisión para ver como las podemos encauzar», explica María Raña, integrante de la asociación centrada ahora mismo en la parte cultural. De ella salen grupos de trabajo para las diferentes actividades, que pueden se propuestas por cualquier ciudadano, aunque también tienen puestos que no son ocupados por voluntarios y que son de dedicación exclusiva. «La cosa que también nos interesaba es que desde un espacio social y cultural se generasen puestos de empleo. Toda la parte hostelera la llevan personas contratadas por la asociación, de otra forma sería imposible», concluye Diego Díaz, añadiendo también que uno de sus objetivos a medio plazo es conseguir mejorar las condiciones de las personas que tienen empleadas.

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