Crónicas del Oviedo Antiguo (I): El jamón, en el pan

Belén Suárez Prieto REDACCIÓN

OVIEDO

Calle Mon, en Oviedo
Calle Mon, en Oviedo Rute Golán

El recorrido sentimental del paisaje urbano del centro de la capital de la mano de Belen Suárez Prieto

20 mar 2017 . Actualizado a las 11:54 h.

En el momento de escribir estas líneas, es domingo por la mañana, temprano. Si no salgo el sábado por la noche, el domingo madrugo y en mi casa, aledaña con el Oviedo Antiguo, extramuros con la muralla enfrente, escucho las voces de la gente que todavía anda por ahí, y de su vuelta a casa. A veces, una pareja discute y a mí me apetece asomarme a la ventana y decirle, «id a dormir; cuando despertéis, todo será más claro». Pero decido no inmiscuirme. Ya se darán cuenta, él y ella, de que cuando despierten todo será más claro. O no. Pero, al menos, habrán descansado.

Para escribir estas líneas, pongo a Chet Baker, «Every Time We Say Goodbye», en la versión cantada que aparece en el documental de Bruce Weber sobre los últimos tiempos del genio, Let’s Get Lost. Como siempre, encantador, embaucador, Chet Baker se apoya en una mujer, aquí es Diane Vavra, en el estudio, y Chet empieza a cantar y luego toca la trompeta y esta interpretación es majestuosa. ¿Por qué pongo a Chet Baker? Porque come y cena a diario por aquí cerca. Y también pasea y dormita.

Y porque en el Oviedo Antiguo, además, hay música, mucha, y debería haber más o debería haber más de modo más seguro y debería haber más sin que los voceros del Apocalipsis la criminalicen, mezclándola, de modo muy dañino, con ruido, gamberrismo y pernicie para la salud hasta extremos gravísimos. Mezclándola, de tal modo que contribuyen a interrumpir algo que se lleva haciendo desde que nos reconocemos como animales sociales; que ponen trabas a veces insuperables al desarrollo honesto y ordenado de un modo de ganarse la vida; que pretenden convertir el barrio ya en un lugar ausente de alma, ya en un lugar caro y excluyente, excluyente de la mixtura de ahora.