La ciudad bien leída

Raúl Álvarez OVIEDO

OVIEDO

Dos jóvenes en una de las bibliotecas de Oviedo. Foto: Tomás Mugueta
Dos jóvenes en una de las bibliotecas de Oviedo. Foto: Tomás Mugueta

La sala infantil de La Granja puso la primera piedra del sistema en 1988. Tres décadas después, la coordinadora del sistema defiende una estrategia para adaptarlo a los cambios en la ciudad y al mundo de las nuevas tecnologías

27 mar 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Ha llegado el momento de reorganizar las bibliotecas de la ciudad para que lleguen a más vecinos y de mejor manera. En el 2018 se cumplen 30 años de la apertura de la sala infantil de La Granja, en el Campo San Francisco, que en aquel momento se convirtió en el primer eslabón de la cadena que, en la dos décadas siguientes, se extendió por toda la ciudad. El proceso, sin embargo, se detuvo en el 2007, con la incorporación a la red de la biblioteca de San Lázaro, la undécima y última de las abiertas por el Ayuntamiento, y necesita nuevos estímulos. Por eso, la coordinadora del sistema, Chelo Veiga, pide, para celebrar la efeméride, más atención a la labor de esos espacios. La ciudad, asegura, necesita un plan de bibliotecas que nunca se ha elaborado, además de obras y mejoras en las instalaciones que ya existen y contrataciones de personal para reforzar la plantilla.

Ese nuevo documento que defina el papel de los centros de lectura, sostiene Veiga, «resulta fundamental para asegurar el servicio de bibliotecas a toda la población del municipio de una manera racional, sostenible y rentable». Porque las bibliotecas municipales (ocho situadas en los barrios del casco urbano y tres en las localidades de Trubia, Tudela Veguín y San Claudio) trabajan mucho por la elevación de los índices de lectura. Si la labor de préstamo de libros es la razón de ser de las instalaciones, con el tiempos esa actividad se ha ido complementando con otras igualmente valiosas.

«No está de más recordar que la primera bebeteca de Asturias fue la de la Biblioteca de Ventanielles, en 1995, hace más de 20 años. Hacer lectores y lectoras siempre es un reto, y uno nada fácil, pero es necesario para lograr una verdadera sociedad del conocimiento. Ahí las bibliotecas podemos colaborar de forma muy importante. Cuentacuentos, bebecuentos, plan de colaboración con los centros educativos, bibliotecas escolares. Todas esas actividades funcionan muy bien desde las bibliotecas. De forma destacada, están nuestros clubes de lectura. Algunos ya tienen 20 años de antigüedad», resume Veiga. El reto, añade, está en llegar a los destinatarios más difíciles, los adolescentes y jóvenes que disponen de otras muchas alternativas para su tiempo de ocio.