La ciudad bien leída

La sala infantil de La Granja puso la primera piedra del sistema en 1988. Tres décadas después, la coordinadora del sistema defiende una estrategia para adaptarlo a los cambios en la ciudad y al mundo de las nuevas tecnologías

Dos jóvenes en una de las bibliotecas de Oviedo. Foto: Tomás Mugueta
Dos jóvenes en una de las bibliotecas de Oviedo. Foto: Tomás Mugueta

Oviedo

Ha llegado el momento de reorganizar las bibliotecas de la ciudad para que lleguen a más vecinos y de mejor manera. En el 2018 se cumplen 30 años de la apertura de la sala infantil de La Granja, en el Campo San Francisco, que en aquel momento se convirtió en el primer eslabón de la cadena que, en la dos décadas siguientes, se extendió por toda la ciudad. El proceso, sin embargo, se detuvo en el 2007, con la incorporación a la red de la biblioteca de San Lázaro, la undécima y última de las abiertas por el Ayuntamiento, y necesita nuevos estímulos. Por eso, la coordinadora del sistema, Chelo Veiga, pide, para celebrar la efeméride, más atención a la labor de esos espacios. La ciudad, asegura, necesita un plan de bibliotecas que nunca se ha elaborado, además de obras y mejoras en las instalaciones que ya existen y contrataciones de personal para reforzar la plantilla.

Ese nuevo documento que defina el papel de los centros de lectura, sostiene Veiga, «resulta fundamental para asegurar el servicio de bibliotecas a toda la población del municipio de una manera racional, sostenible y rentable». Porque las bibliotecas municipales (ocho situadas en los barrios del casco urbano y tres en las localidades de Trubia, Tudela Veguín y San Claudio) trabajan mucho por la elevación de los índices de lectura. Si la labor de préstamo de libros es la razón de ser de las instalaciones, con el tiempos esa actividad se ha ido complementando con otras igualmente valiosas.

«No está de más recordar que la primera bebeteca de Asturias fue la de la Biblioteca de Ventanielles, en 1995, hace más de 20 años. Hacer lectores y lectoras siempre es un reto, y uno nada fácil, pero es necesario para lograr una verdadera sociedad del conocimiento. Ahí las bibliotecas podemos colaborar de forma muy importante. Cuentacuentos, bebecuentos, plan de colaboración con los centros educativos, bibliotecas escolares. Todas esas actividades funcionan muy bien desde las bibliotecas. De forma destacada, están nuestros clubes de lectura. Algunos ya tienen 20 años de antigüedad», resume Veiga. El reto, añade, está en llegar a los destinatarios más difíciles, los adolescentes y jóvenes que disponen de otras muchas alternativas para su tiempo de ocio.

La Corredoria, la más activa de una red con más de 175.000 usuarios

Entre las 11 instalaciones municipales se efectuaron más de 152.000 préstamos

Raúl Álvarez

Chelo Veiga anima a todos los ovetenses a visitar la biblioteca que tengan más a mano. Son zonas para desarrollar el pensamiento crítico, afirma la coordinadora de la red. Muchas personas siguen su consejo: entre las 11 instalaciones municipales sumaron el año pasado más de 175.000 usuarios que accedieron a su interior y más de 152.000 préstamos entre los 231.447 volúmenes que constituyen su fondo. El barrio de La Corredoria, densamente poblado, es el que más visitantes aporta al sistema, seguido por las salas de San Lázaro y La Granja. En préstamos, las más activas son de nuevo La Corredoria y La Granja, seguidas de la biblioteca Sara Suárez Solís, que presta servicio a los barrios de Pumarín y Teatinos.

Las estadísticas, en todo caso, significan menos que hace algunos años. Han bajado el número de solicitudes de dvd y cd, sustituidos por las facilidades del ´streaming´, cuando no por las descargas ilegales. Veiga recuerda a los usuarios de e-books que con el carné de su biblioteca tienen acceso legal a préstamos de libros para ese soporte gracias al sistema que han puesto en marcha el Ministerio de Cultura y las comunidades autónomas. Entre los libros más solicitados el año pasado (ver recuadro), los ovetenses parecen preferir los best sellers de actualidad antes que otro tipo de lecturas. Hay siete autores españoles entre los diez que más veces se llevaron a casa los usuarios. En los libros infantiles, el escritor estadounidense confirma que su serie ´El diario de Greg´ arrasa entre los menores de todo el mundo. Anna Llenas y Roberto Santiago son los únicos españoles en esa lista.

La coordinadora, sin embargo, no pierde el tiempo en lamentos de lo que internet y las redes sociales han hecho con la lectura y los libros. Las nuevas tecnologías han cambiado las relaciones de las bibliotecas con sus usuarios, que ahora incluyen los servicios de mensajería instantánea y algunas aplicaciones populares para difundir los carteles y las actividades, lo cual significa que también tienen ventajas y aprovechamientos. También afectan al comportamiento de los lectores. A estas alturas, la demanda de publicaciones informativas ha caído en picado. La búsqueda de datos se ha traslado a la web.

«Estamos más expuestos, la red nos acerca a los usuarios, pero también nos expone a sus comentarios, de ahí la necesidad que la calidad sea la meta. Internet ha reforzado el papel de las bibliotecas como espacios de comunicación, intercambio, de conocimiento, las hace más centradas en las personas y menos en los libros. Ha dejado ya fuera esa idea de las bibliotecas como  museos del libros o almacenes de libros», considera Veiga.

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