El Cristo, un barrio en transición

Los vecinos se enfrentan a la necesidad de revitalizar las estructuras del viejo hospital para devolverle el bullicio y la actividad a la zona

Vista general del barrio de El Cristo
Vista general del barrio de El Cristo

El 21 de enero de 2014 llegaron los primeros pacientes a las instalaciones recién estrenadas del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA). El complejo sanitario de El Cristo se trasladaba por completo a La Cadellada y, con ello, el barrio alto de Oviedo inició una transformación. Un cambio estructural sin alternativas complementarias que ha desestabilizado sus cimientos y que, ahora, se enfrenta a la necesidad de revitalizar esas viejas estructuras para devolverle el bullicio y la actividad que reinó en su día.

«Todo iba bien desde hace 60 años y, de pronto, nos han cortado el tronco». Así de contundente se muestra Ramón del Fresno, presidente de la Asociación de Vecinos de El Cristo y habitante del barrio desde hace medio siglo. Desde el espacio que ocupa el centro comercial Modoo -conocido popularmente como «el Calatrava»-, a su juicio «desaprovechado y urbanísticamente erróneo» a los edificios abandonados del centro sanitario, las propuestas para que el barrio reviva son variadas y «debidamente estudiadas, atendiendo a lo que realmente hace falta en la zona», sostiene, porque pasaron de tener «una visita de alrededor de 17 mil personas diarias», entre trabajadores, pacientes e intermediarios, a casi un desierto urbano. «Las heridas de la zona se han querido solucionar con tiritas cuando necesita una operación urgente», matiza el presidente de la asociación.

De esas heridas surgió también la plataforma SOS Viejo Hospital. Nacio González, portavoz de lo que define como una plataforma «participativa y colaborativa» explica que, aunque ya se sabía desde hace 15 años que el hospital se iba a ir, «nadie se puso a planificar el futuro de la zona». Ello sumió a los vecinos en un estado de doble crisis. Por un lado, económica, pues «ya casi superan en número los locales cerrados que los abiertos en calles como Fuertes Acevedo», sostiene; y existencial, pues el barrio se convirtió «en una zona triste y abandonada a la que se la come la maleza».

El polémico centro comercial

Lo que en un principio iba a suplir la marcha del hospital, ha acabado por convertirse en un cementerio de establecimientos vacíos. En el Calatrava apenas sobreviven los comercios dedicados a la restauración y el palacio de congresos acoge «más bien pocos», mantiene Del Fresno. Así, insta a potenciar su capacidad para «convertirlo en un palacio ferial real» que incluya esos eventos «que acaban en otras ciudades», apunta, «y conexionado con un aparcamiento». Esto último, una de las principales necesidades del barrio, según Ignacio González, encargado del bar El Camarote: «No tenemos aparcamiento público ni privado. Eso evita que venga gente de otros barrios».

Terrenos públicos, servicios públicos

Bajo esta máxima, los miembros de la asociación vecinal han creado un imaginario completo en torno al barrio que les gustaría tener. Por ello, optan por aprovechar todos los edificios existentes y construir solo cuando sea necesario. Así, proponen para cada sitio un uso concreto. En primer lugar, el hospital «podría emplearse para crear un hospital de dependientes o un centro geriátrico para que las personas con dificultades especiales tengan un espacio digno», comenta Del Fresno. A continuación, el edificio de consultas externas, en el que podría instalarse «un nuevo centro de salud con más capacidad y, en el centro actual, una escuela de 0 a 3 años». Le sigue el edificio de silicosis, que podría pasar a ser «una escuela de mayores y, el edificio que tiene justo delante pasaría a ser el nuevo centro social». No se puede pasar por alto la vieja plaza de toros, un lugar «que nunca tuvo éxito y que ahora se cae». Podría convertirse en «El Cristo Arena», un espacio multiusos que fuera capaz de acoger todo tipo de actividades, desde deportivas, a musicales. Por último, en los hongos de policlínicas ven un palacio de la justicia.

La misma base se plantea desde la plataforma SOS. «Los edificios que se puedan conservar han de emplearse para nuevos usos». Estos son: silicosis, consultas externas y maternidad, en los que proponen un uso habitacional, esto es, residencias de mayores, estudiantes y de emergencias. Esta última para evitar «que haya gente en la calle mientras existan edificios vacíos», apunta González. ¿Y aquellos que se consideren en estado de deterioro sin retorno? González no piensa en demoras: «Que se empiecen a derribar. Dará movimiento al barrio y significa avanzar en el futuro». Para los hongos de policlínicas proponen «un vivero de empresas, locales de reuniones o de ensayos para grupos de la ciudad» y para la plaza de toros la misma idea que la asociación de vecinos para que se convierta «en una infraestructura de referencia en Asturias». También ven la necesidad de crear un centro social intergeneracional, propuesta que, tras diversas reuniones, verá la luz este invierno en Julián Clavería.

De la idea a la realidad

«Es realizable, no es ningún sueño», cuenta Del Fresno. «Lo importante son las personas, dar soluciones a la gente para mejorar su futuro», sostiene Nacio González. Las propuestas se han de convertir en acciones concretas, para lo cual, ambos mantienen reuniones con las administraciones ya que, para pasar de la idea a la realidad «hace falta voluntad política», comenta González, lo que se traduce en partidas presupuestarias. Así lo considera también Del Fresno: «La vida de un barrio la dan las acciones, las ganas de tomar decisiones económicamente».

La lucha, pese a ser larga, se afronta con optimismo. El movimiento vecinal se torna imprescindible para la transformación del barrio en un núcleo vibrante. Solo así, los tiempos en los que la maleza se apoderaba de las calles, de los edificios, de los espacios públicos, pasarán a ser el capítulo triste de una historia victoriosa.

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