Así se monta San Mateo

Más de mil personas, entre policías locales, bomberos, otros funcionarios municipales, voluntarios de Protección Civil y los colaboradores de los chiringuitos, trabajan para que los demás se diviertan


Redacción

San Mateo es de todos. De los ovetenses que esperan las fiestas con ilusión y de los visitantes que se apuntan a los conciertos, los chiringuitos, los fuegos, el bollo y el xaréu en general. Pero hay un grupo reducido de personas, pocas más de una docena, que, entre bambalinas, dirigen la función y, si no son más propietarias de ella que el resto, sí pueden jactarse de poner en marcha las ideas que finalmente llegan al programa. Es el equipo de la concejalía de Cultura que levanta el primer armazón de las fiestas. Su creatividad, sin embargo, sería inútil sin el esfuerzo de otros centenares de personas que trabajan para que las demás se diviertan. Sin los funcionarios municipales que tramitan los expedientes y dan el visto bueno a los gastos de contratación que generan los actos festivos, los encargados de proteger la seguridad y la salud del público, los voluntarios que levantan los chiringuitos y sirven en sus barras copas y bocatas, los técnicos de iluminación y sonido de los conciertos y las verbenas, los pirotécnicos de los fuegos artificiales y los artistas que se suben a los escenarios no existirían las fiestas ni el ambiente de ilusión colectiva que impera en la ciudad durante diez días. Más de mil personan laboran a diario por mantenerlo.

Cultura asegura que el retraso en el anuncio del calendario festivo y la difusión de los programas tiene que ver con la nueva ley de contratos del Estado y la carga de trabajo a la que somete a los funcionarios. Ellos son los primeros en echar horas para San Mateo. Después llega el turno de los chiringuitos que, desde 1983, animan los días y las noches en el Antiguo. Colaboran en ellos centenares de voluntarios de las asociaciones que los regentan. Montarlos, desmontarlos y, entre medias, atenderlos es una tarea exigente, en especial para quien aporta voluntad pero no siempre tiene una actividad profesional similar a la que desarrolla en las fiestas. Eduardo Álvarez, de la Asociación Cultural Vetusta, la entidad detrás de La Guinda, lleva en ello desde el principio. «Lo vivíamos más cuando empezamos. Entonces poníamos más cubatas que bocatas y ahora es al revés. Tengo 71 años y pienso en dejarlo, que este será el último año, porque resulta exigente. Pero aquí ya hay unos cuantos todoterrenos, que saben hacer de todo», cuenta.

Montajes y desmontajes

La Guinda alquila su caseta. Se la dan puesta. Los que saben del trabajo tremendo que ahí tras el diseño, el levantamiento, el mantenimiento y el desmontaje están en otras direcciones. Por ejemplo, el popular Rincón Cubano. Nako Álvarez, miembro de una de las tres comisiones (montaje, imagen y proveedores) que deciden cómo se gestiona, ni sabe cuántas horas ha dedicado a ese recinto desde que era un adolescente, hace 20 años. «Lleva seis días montarlo, decorarlo y dejarlo operativo. Desmontar es más fácil, exige menos cuidado, pero es trabajo para un par de días», resume. Entre media, diez días de turnos y enorme trabajo de varias decenas de personas que comparten las simpatías por la revolución cubana y los movimientos sociales latinoamericanos, se relevan en la tarea de servir mojitos y pinchan la música con más carácter de San Mateo.

«Para que aquí se beba y se baile, hay gente que hace un esfuerzo enorme. Se trabaja de sol a sol», señalan en El Rincón Cubano. Eduardo Álvarez asiente en La Guinda. No hay vacaciones en agosto ni en septiembre y, además, ha desarrollado una especie de deformación profesional. Visita otras grandes fiestas a la caza de tendencias. De sus incursiones de este verano en la Semana Negra y la Feria de Muestras de Asturias ha sacado la gran innovación para este septiembre: el bocadillo de carne guisada, recién aterrizado en su oferta.

Toda la seguridad

Tampoco es una buena época para pedir vacaciones o días libres en el Área de Seguridad Ciudadana. Su responsable, el concejal Ricardo Fernández, alaba el esfuerzo de la Policía Local, los bomberos del Servicio de Extinción de Incendios y los voluntarios de Protección Civil que cuidan de las fiestas. El desfile del Día de América es la prueba suprema, pero en cualquier turno trabajan a la vez 50 o 60 personas de las 400 que estos días están al pie del cañón. San Mateo, por fortuna, tiene un historial de fiesta segura, sin incidentes graves. Más allá de las peleas y las intoxicaciones etílicas propias de las aglomeraciones festivas no se recuerdan hechos inquietantes. El Ayuntamiento se ha comprometido contra la violencia machista, quiere una ciudad libre de agresiones sexuales e instalará un punto violeta para prestar asesoramiento o presentar denuncias. Ahí también habrá quien trabaje para velar por unas fiestas divertidas y sin malas experiencias para todas.

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