«Oviedo se está despertando de la siesta de la que hablaba Clarín»

La librera Concha Quirós dará el pistoletazo de salida a las fiestas de San Mateo con un pregón dedicado a su amor por Oviedo y por la lectura

Conchita Quirós
Conchita Quirós

Redacción

Su larga trayectoria como librera y difusora cultural la ha convertido en toda una institución. Concha Quirós (Castrillón, 1935) ha dedicado toda su vida a los libros y a los lectores ovetenses que, tras más de sesenta años de trabajo en la mítica Librería Cervantes, le devuelven el agradecimiento en forma de un merecido reconocimiento. Esta tarde Quirós leerá el pregón de las fiestas de San Mateo ante cientos de personas que escucharán su discurso dedicado a su amor por Oviedo y por la lectura que, asegura, espera cumplir con las espectativas de los allí presentes.

- A una no la nombran todos los días pregonera de las fiestas de su ciudad. ¿Qué se siente ante tal responsabilidad?

- Estoy verdaderamente abrumada, acepté porque me parece que decir que no es mucho más fácil. Creo que le debo a Oviedo hacerme eco de la ciudad en este momento. Además, nunca he dado un pregón así que es doble responsabilidad y doble susto. No recibo más que buenos ánimos pero hay mucha gente que depende de lo que diré mañana.

- ¿Te lo esperabas?

- Para nada. Fue una sorpresa tremenda, nunca pensé formar parte de algo tan importante como esto. Soy la portavoz de Oviedo en ese momento.

- Hablemos de Oviedo, ¿qué es lo que guarda con más cariño de la ciudad durante tu infancia?

- Mi madre era maestra en la escuela del Postigo en la de la calle de la Luna. Éramos cuatro hermanos que la acompañamos durante su trayectoria. En Ventanielles, por ejemplo, durante la posguerra. Un lugar complicado. Allí vivían muchos niños cuyos padres estaban en la cárcel o muertos y la escuela era un consuelo para ellos. Después pase al instituto, siempre en enseñanza pública dado las ideas liberales de mi padre previas a la posguerra. Por aquel entonces la Institución Libre de Enseñanza daba maestros de una calidad tremenda. Tras la guerra mi madre estaba castigada por ser la esposa de un liberal. A pesar de la escasez de medio de la época mi infancia fue muy feliz rodeada de libros que devoraba.

- ¿En qué crees que ha cambiado Oviedo en estas últimas décadas?

- Ha cambiado muchísimo, se hizo más cosmopolita. Perdimos el tranvía, que quiero reivindicar porque me parece un transporte ideal, aunque seguramente no era económico, pero era delicioso. Oviedo se despertó un poco de esa sienta a la que se refería Clarín. Espabiló un poco y tiene una gran calidad de establecimientos comerciales, así como la Universidad, para la que vendíamos tantísimo texto y con la que participamos en la creación se su biblioteca.

- Hablando de esta librería, un emblema ya en Oviedo, la librería Cervantes se encuentra camino del centenario.

- Nos quedan tres años para cumplir los 100. Cuando abrimos en la calle Casal, cerca de Uría los 100 metros nos parecían enormes. Entonces se llamaba la casa de los maestros y estaba dedicada a la docencia y a los libros escolares. Años más tarde compramos aquí dos plantas, era enorme y mi padre se asustó muchísimo. Fuimos ampliando con el tiempo y creamos la primera librería infantil de España. Porque como dice Julia Álvarez en El cuento del cafecito, «Una cosa he aprendido en la vida: solo un hombre o una mujer que plantan una semilla en la tierra o una historia en la mente de alguien o un libro en manos de otros, serán capaces de salvar el mundo». Esta frase define muy bien nuestra filosofía. La lectura nos puede salvar. Por eso yo siempre propongo a los políticos que se hable más de la lectura, porque el pueblo que lee es mucho más rico.

-Entiendo que vuestra longeva trayectoria es un claro ejemplo de que Oviedo lee.

- Nosotros nos quejamos de que la gente joven lee menos por razón de los móviles y los juegos pero los editores siempre dicen que el norte es mucho más lector que el sur. No tenemos ránking pero cuando Don Lorenzo Rodríguez castellanos creo el centro coordinado de bibliotecas hizo para Asturias unas 120. Por comparación, sin entrar en razones políticas, Valladolid provincia tiene unas 22. Aquí las hay malas, medianas o buenas, pero hay 100 más. Lo que necesitan son una gran inyección de libros. No estoy de acuerdo cuando los políticos dicen que hay libros bastantes, que lean a Platón. Claro que hay que leer a Platón pero también cosas actuales que nos enseñen, nos ayuden nos alivien o alegres. Entonces, 122 bibliotecas da nivel de que Asturias es una provincia lectora.

- Hoy serás la protagonistas de San Mateo. ¿Qué es lo que más te gusta de las fiestas?

- Hace años que no voy pero el día que más me gustaba era el Día de América en Asturias. Me parecía un intercambio cultural muy agradable, muy simpático, muy intercultural. Empezaron con los indianos que llegaban con los coches enormes que aquí no había, con señoritas muy guapas sentadas en ellos y me parece un gran recuerdo. Este año iré con mi sobrina que está a punto de llegar desde Guatemala y hace 22 años que no viene a Asturias.

- ¿Cómo era San Mateo durante tu niñez?

- Las barracas para mi eran lo mejor. Nos pasábamos todo el año juntando dinero para gastar en ellas, en los caballitos dorados como decíamos. Íbamos a pescar patos, a ver si ganábamos algo, que nunca lo hacíamos. En la calle García Lorca se situaba el Campo de Maniobras donde estaba el ejército. También el circo, que eso era muy importante. Nos traían a la librería carteles para publicitarlo y a cambio nos regalaban dos entradas, aquello era el mejor regalo. También recuerdo el algodón de azúcar y un teatrillo un tanto erótico que la gente se paraba a tratar de escuchar.

- ¿En qué ha cambiado San Mateo con el paso de los años? ¿Echas de menos algo?

- No sabría decirte. Ahora están haciendo más chiringuitos en la calle, más mercadillos… Afortunadamente no llegamos al botellón dichoso que malogra muchas fiestas como el Xiringüelu o el Descenso del Sella. Aquí creo que no llega porque es una fiesta mucho más urbana. Los chiringuitos se popularizan en la calle y deben ser de los hosteleros, no de nada nuevo.

- Concha, ¿podrías adelantarnos algo de lo que leerás mañana?

- No voy a decir nada importante, ese es el miedo que tengo, la expectativa. Que esperen más de mí que lo que voy a hacer. Voy a hablar en conjunto de lo que te estoy diciendo: «Oviedo de mis amores y lectura de mis amores». Lo más honesto es no pretender lo que no eres. Simplemente diré que amo la ciudad y amo la lectura.

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