«En esta ciudad aprendí a aprender»

Concha Quirós abre las fiestas de San Manteo con un pregón plagado de referencias culturales y amor por la lectura y la ciudad que la vio crecer


Redacción

«Esto es más que un sueño, un orgullo como ovetense, mateína y parte de esta maravillosa ciudad en la que no nací, pero a la que llegué enseguida». Así comenzaba su pregón la librera Concha Quirós, quien recordaba con orgullo a través de sus líneas que fue aquí donde aprendió a andar «y no he parado de hacerlo. Algunas acercas hasta creo que me saludan», decía.

El discurso de Quirós cumplió con sus temidas expectativas. Un homenaje a la ciudad de su vida y a su pasión: los libros y la lectura. «En esta bella ciudad también aprendí a aprender», aseguraba mientras le explicaba a los cientos de ovetenses que se agolpaban atentos en la plaza cómo sostuvo un libro por primera vez a los tres años y cómo significó para ella la lectura una grata recompensa a lo largo de su niñez. 

Hubo lugar, como no, para recordar su padre, Alfredo Quirós, quien abrió la ya mítica librería Cervantes en el año 1921, y a su madre, Aurelia. Ambos le inculcaron el amor por las letras y la cultura, algo que ella ha sabido trasladarle a miles de ovetenses a lo largo de más de sesenta años de carrera. 

«¿Hay algo más hermoso que leer?», se preguntaba la librera, «Rotundamente no», contestaba tajante. «Leer nos hace soñar, amar, disfrutar, pensar, ser libres...». Y Oviedo, al igual que Asturias «ha parido a grandes ilustres de las letras» que Quirós con su librería asegura pretende hacer inmortales. «Autores como Pérez de Ayala, Constantino Cabal, Dolores Medio o Ángel González siempre permanecerán en las estanterías de mi vida» contaba.

También hubo un momento para recordar a todos los trabajadores que pasaron por su ilustre librería y a todas aquellas que fueron cayendo por el camino. Ojanguren, Santa Teresa, Santa Clara, Galán y Universal fueron algunas de las mencionadas. Mandaba también todo su cariño a las que a día de hoy sobreviven. «Larga vida compañeras», exclamaba.

Y para finalizar, un consejo. «Amad a esta ciudad, llevadla siempre en el corazón y presumid de ello», pedía a los ovetenses. «Viva la cultura, viva la lectura y viva Oviedo».

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