Cuatro generaciones y 120 años del restaurante más antiguo de Oviedo

Casa Lobato, fundado en 1898 es, a día de hoy, el restaurante que más años ha permanecido abierto en la capital

José Manuel Lobato «Cholo», junto a sus hijos Toni, Juan Luis y Marcos
José Manuel Lobato «Cholo», junto a sus hijos Toni, Juan Luis y Marcos

redacción

Uno de los negocios más emblemáticos de la ciudad, Casa Lobato se encuentra en el año de su 120 aniversario y es, con diferencia, el restaurante más antiguo de Oviedo. Resumir más de un siglo de trayectoria es una ardua tarea, pero José Manuel Lobato, «Cholo», lo hace con gusto rodeado de sus tres hijos, Toni, Juan Luis y Marcos, quienes ya han recogido el testigo. Para comenzar a narrar la historia del reconocido negocio hay que remontarse al año 1898, cuando José Lobato regresa de la Guerra de Cuba con un Mérito de Guerra, razón por la cual recibe un estanco oficial. 

«Casa Lobato empezó siendo una tienda mixta y un estanco, propiedad de mi abuelo, donde se vendía de todo. Desde comestibles hasta tejidos», comienza a narrar José Manuel. En estos años la principal clientela procedía de las minas de hierro del monte Naranco, así como de las vaquerías de la zona. Durante la Guerra Civil el local queda destruido y, tras finalizar el conflicto es Enrique Lobato, hijo del fundador quien toma el relevo y levanta de nuevo el restaurante. «Fueron tiempos muy difíciles en los que mi padre tuvo dedicar mucho esfuerzo y dedicación», cuenta José Manuel, quien tomó el testigo en 1975 y lo cedió recientemente, dejando el negocio en manos de sus tres hijos.

La honestidad, el buen hacer y la capacidad de adaptarse a los tiempo sociales y económicos son los principales secretos de la longevidad de Casa Lobato que, a parte de negocio, ha sido hogar para esta familia que residió en el mismo edificio hasta los años 80. «Nos criamos al otro lado de la cocina. Para mí el comedor era la cocina de mi casa, donde cabía más gente», relata Juan Luis, a quien su madre le cedió hace ya años los fogones.

Cocina contemporánea, pero fiel a sus raíces

«Mi abuelo tenía plaza en la rula de Avilés, iba en moto a por el pescado y echaba allí todo el día», cuenta Juan Luis, quien insiste en la importancia de la materia prima para la elaboración de sus platos. «Puede haber mucho producto y mucha transformación, pero si no hay buen material, no tienes nada», asegura.

La cocina de Casa Lobato se ha actualizado con los años pero siempre se mantiene cercana a sus raíces. Sus platos estrella: el pixín alangostado y la lubina al roquefort. Aunque este restaurante también destaca, por supuesto, por sus dulces. Juan Luis es maestro chocolatero y maestro heladero. Su cuidado por los chocolates y bombones, así como por la creación de helado artesanal es motivo de la fama que le precede. Y es a que los postres les dan tanta importancia como a los platos salados, solo hace falta ver las grandes vitrinas de confitería que alojan decenas de modalidades de dulces. Para este reconocido cocinero todos los platos tienen el mismo valor. «Tanto en postres como en salados, cada año nos reciclamos. Realizamos cursos continuamente», explica.

 Una bodega de casi un siglo de historia

Y para tan deliciosos platos, es necesario un buen maridaje con vinos de calidad. La familia Lobato no sabe exactamente cuándo se creó la bodega, pero aseguran que el vino más añejo que guardan es un Paternina de 1925. Actualmente cuentan con más de 300 variedades de vinos ya que, tal y como asegura Marcos, el benjamín, las redes sociales han provocado que la clientela sepa más sobre vinos y sea más exigente. «La gente cada vez es más curiosa con estos temas. Ahora, por ejemplo, todo el mundo sabe que un albariño no es un vino, sino un tipo de uva», afirma. «A la gente le pica más el gusto de probar cosas nuevas», asegura. Al igual que con la cocina, Marcos insisten en la necesidad de renovarse y permanecer actualizados dado que «la materia prima es la misma, pero no la técnica».

La bodega de Casa Lobato no solo contiene vinos para servir a sus comensales, sino que esconde historias y recuerdos. Las viejas botellas de coñac que aún continúan intactas les recuerdan a los densos inviernos de hace más de 50 años, cuando la gente de los alrededores paraba a tomar una copa a mitad de camino. «Cuando era tienda mixta paraban a cambiar los sacos de los zapatos, con los que caminaban sobre la nieve, y bebían coñac para entrar en calor antes de retomar el camino», recuerda José Manuel.

Un siglo de anécdotas

Más de 100 años de andaduras dan para muchos recuerdos como ese. Toni, el mayor de los hermanos, recuerda cómo a principios de los años 90 la visita de David Summer, vocalista de los Hombres G, terminó en locura adolescente. «Una alumna de las Teresianas se acercó a por un refresco y lo vio. A los diez minutos estaba aquí medio colegio», explica. 

Sentados en uno de sus salones, padre e hijos recuerdas visitas como la de Plácido Domingo, que se animó a cantar el himno del Real Madrid, equipo del que son forofos, o de Jesús Gil, antiguo presidente del Atlético de Madrid. Otra de las anécdotas la protagoniza el antiguo jugador del Real Madrid baloncesto, José Antonio Corbalán, quien en una entrevista para el ABC aseguraba que Casa Lobato era uno de sus restaurantes favoritos. «Le estaremos eternamente agradecidos, siempre quisimos darle las gracias personalmente», asegura Toni.

No obstante, tal vez la historia más loca no haya tenido como protagonista a un personaje público. «Un día vimos llegar a un helicóptero que comenzó a descender en el aparcamiento. Era un cliente, que simplemente venía a comer». Recuerdan. A pesar de todas estas historias, todos insisten en los verdaderos protagonistas de toda su trayectoria: sus clientes de diario. «Gracias a ellos estamos hoy aquí», afirma José Manuel Lobato.

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