¿Descansa el demonio en la fachada de la Catedral?

Claudia Granda OVIEDO

OVIEDO

Catedral de El Salvador
Catedral de El Salvador Noé Baranda / Turismo de Asturias

La leyenda del exorcismo de Oria responde a la incógnita de la gárgola simiesca de la iglesia

07 nov 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

La catedral de San Salvador esconde, tanto en su interior como en su exterior, una gran cantidad de secretos y tesoros. Algunos más conocidos que otros. Tal vez no todo el mundo se haya parado detenidamente a observar al completo su fachada y, por tanto, no sepa de la existencia de muchas de sus numerosas gárgolas. O, al menos, de su origen y sentido.

A nadie le extraña encontrarse en las fachadas de las catedrales animales hechos de piedra. En casi todas ellas aparece alguna especie encarnando alguna cualidad particular. Pero otras van más allá, como la gárgola simiesca de la catedral de Oviedo. ¿Por qué hay un mono en su fachada?

Una gárgola simiesca reposa en la fachada de la catedral de San Salvador de Oviedo
Una gárgola simiesca reposa en la fachada de la catedral de San Salvador de Oviedo

Cuenta la leyenda que, en una fecha imprecisa, una mujer dio a luz a una niña no deseada, fruto de un acto forzado, a la que maldijo y ofreció al diablo. A los siete meses éste se presentó en su casa llevándose a la criatura, a la que le puso por nombre Oria. La joven vivió rodeada de lujos durante los siguientes dieciséis años hasta que, recién cumplidos los diecisiete, el diablo se la llevó de acompañante a un monasterio de monjes negros en Aragón. 

La joven, que se encontraba sola mientras el maligno aterrorizaba a los frailes, fue visitada por el apóstol Santiago, que no tardó en imprimir con su propia uña la señal de la cruz en dedo anular de la mano izquierda. Pronto el demonio se enteró de lo ocurrido y decidió instalarse en el cuerpo de la joven, que pasaba de secuestrada a poseída. Aún dentro de ella el diablo gritaba a los frailes todo lo que había hecho por la joven durante sus años de vida. Durante el interrogatorio de los monjes exclamó de nuevo que jamás dejaría a Oria excepto si se lo pidiesen San Salvador o Santiago.

Así que la joven decidió hacerse peregrina y llegó a Oviedo para rápidamente entrar en la catedral y postrarse frente al Arca Santa. En ese momento el diablo volvió a tomar su cuerpo. El archidiácono, que vio la escena corrió a echarle su estola por encima. Los gritos y lamentos se sucedían y el demonio pedía que el pueblo acudiese a él para responder a todas las preguntas que les planteasen. El arcediano, temeroso de que desvelase los pecados más ocultos de los ciudadanos creando un gran conflicto mando traer la Cruz de los Ángeles para desahuciar el cuerpo de la joven, que comenzó a hincharse. El diablo, al fin, escapaba del cuerpo de Oria.

Al día siguiente y, a pesar de encontrarse frente al altar da San Salvador, el demonio volvió a tomarla después de que la joven asegurase verlo llegar en forma de simio. Una vez más amenazaron al maligno con expulsarlo con la Cruz de los Ángeles a lo que él respondió que se la comería sin problema. Varios fieles allí presentes introdujeron el objeto en la boca de la joven que, de nuevo, comenzó a hincharse. Por fin lograron que el demonio dejase en paz a Oria, esta vez para siempre. La joven permaneció seis semana en Oviedo y fue bautizada como María.

Este texto, recogido por el historiador ovetense Juan Uría Ríu, aparece en manuscritos datados de los siglos XII-XIII. A día de hoy, nadie ha podido acreditar si esta historia fue cierta y dio lugar a la gárgola simiesca o, por el contrario, fue esa pieza la que creó la leyenda. Sea como fuere, esta antigua historia ha traspasado fronteras, llegando a contarse en los rincones más recónditos de Europa.