Les Luthiers: «Nuestra transgresión es no haber cambiado nada»

El grupo humorístico regresa a Asturias para iniciar su gira «Viejos Hazmerreíres», una antología de sus mejores obras


Oviedo

Un año después de recibir el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades Les Luthiers vuelven a Asturias. Esta vez, como punto de inicio de su gira por España. Oviedo ha sido la ciudad elegida por el sexteto para presentar por primera vez en el país su espectáculo Viejos Hazmerreíres, una antología de sus obras más celebradas con la que aseguran, no faltará humor.

- En más de cincuenta años de carrera la sociedad ha cambiado considerablemente, así como la forma de hacer humor. A pesar de todo, ustedes siguen llenando teatros. ¿Cómo llega uno a crear un humor atemporal, que traspasa generaciones?

- Jorge Marona (J.M.): Yo debo decir que no se cuál es ese secreto. Realmente me asombra, me maravilla y me alegra enormemente que esto ocurra. Desde nuestra parte tratamos de hacer las cosas bien, somos cuidadosos al escribir, ensayar y preparar, y en cada función seguimos muy vigilantes el estado del espectáculo. Somos muy obsesivos. Ahora bien, es una virtud que nuestro humor sea atemporal.

- Martín O'Connor (M.O.): Hoy está de moda transgredir. La transgresión permanente está de moda y funciona. Creo que nosotros transgredimos las normas comunes, que es no cambiar, ir contra las reglas. Nos sostenemos y vamos sobre un mismo carril. Mantuvimos una línea sin caer en la tentación de ir a lo fácil, al político de turno. A pesar de que el mundo cambiase de patas para arriba nosotros seguimos fieles a nuestra posición.

- J.M: En el año 1975 teníamos dudas acerca de si el público soportaría seguir viendo el estilo que hacíamos. Llegamos a hacer una encuesta con un sociólogo que preparó un cuestionario para entregarle al público. Todos dijeron que no, que estaba todo muy bien.

- ¿Les sorprendió que no buscasen ese cambio?

- J.M: No nos sorprendió, tal vez nos alivió. Realmente teníamos la duda. Y hecha una encuesta, no hacemos más (risas).

- En relación con estas dudas que mencionan. Son probablemente los mejores humoristas de habla hispana y, sin duda, de América Latina. Su humor no tiene límites, pero, ¿en algún momento han temido que ese talento se agotase?

- J.M: No sé si el ingenio, pero sí las energías. Hemos pasado los setenta y nos da más pereza que temor sentarnos a preparar un espectáculo. Es un trabajo muy arduo.

- M.O: Es un trabajo agotador, por eso hemos elegido hacer las antologías, que son trabajos que funcionan y solo tenemos que adaptar a los nuevos integrantes.

- ¿Cuánto tiempo se tarda en preparar un espectáculo de cero?

- J.M: Seguro un año de trabajo firme e intenso. Dos años antes de presentarlo nos ponemos a escribir, pero, además, está todo el trabajo de ensayo y la prueba, una prueba piloto que hacemos sin que el público se entere para ver si gusta. Nuestro trabajo es así: prueba y error. Necesitamos saber si el público entiende los chistes.

- M.O: Es un trabajo de sincronización. Ellos escriben números sueltos y después hay que armar un número completo. Hay que armar un hilo para que tenga coherencia. Aunque generalmente siempre hay un número nuevo, como ocurre en esta antología con «Receta postrera».

- ¿Con qué disfrutan más, con la creación de un nuevo show o con su representación?

- J.M: Son amores diferentes. El de la preparación es muy lindo porque lo estás preparando todo casi desde cero, pero es muy angustiante y muy agotador. En un estreno sufrimos, estamos preocupados, estresados e incluso desmemoriados. Creo que se disfruta más cuando todo es más sabido porque sabemos que la gente lo disfruta.

- M.O: La satisfacción viene con la respuesta del público. Si tras ese trabajo arduo la respuesta del público es la esperada es satisfactorio.

- ¿Son muy puntillosos a la hora de representar su papel o se dejan llevar en algún momento por la improvisación?

- M.O: Para improvisar prácticamente no tenemos margen, es muy escaso. En algún caso, como en la tertulia de Viejos Hazmerreíres donde tienen un diálogo Murenna y Ramírez es uno de los pocos lugares donde se puede llegar a permitir un juego. No pasan de 10 o 15 segundos. Todo es una partitura, está escrito de una forma donde no hay posibilidad de salirse. Y la gente muchas veces dice que parece improvisado.

- Está claro que la clave de su éxito es el humor y la música, ambos van de la mano. Pero, ¿podrían escoger entre una de las dos?

- J.M: Para mÍ el humor es una herramienta fundamental y la música es parte importante del espectáculo, acompaña y adorna la idea humorística. Si hiciéramos solo música no vendría nadie (risas).

- M.O: Claro, en el comienzo la música fue una excusa para hacer humor. El humor es el que pica en punta, pero obviamente a través de la música. La gente que va a ver Les Luthiers no va a escuchar un concierto, va a reírse.

- Desafinaducha, Nomeolbidet o Lirodoro. ¿En qué momento piensan que es buena idea adaptar mobiliario del baño, entre otras cosas, para crear nuevos instrumentos? Porque está claro que estas piezas son también responsables de su éxito.

- J.M: Te faltó el calephone (risas). Estas piezas nacieron así:  nuestro primer Luthier fue Gerardo Masana, que trabajaba con Carlos Hiraldi que era un psicoanalista loco, un personaje muy interesante que creó la lira de asiento y el calephone. Al fallecer buscamos un Luthier que pudiera reemplazarlo, algo muy difícil. Después de un largo casting vino un señor, Hugo Domínguez que nos dijo que era músico y diseñaba. Nos propuso una ducha y, una vez que la hizo, la combinamos con los otros dos y agregamos el bidé.

- En Les Luthiers ha habido muchas idas y venidas, pero siempre habéis sido un grupo numerosos. ¿Eso es una ventaja o un inconveniente a la hora de crear un espectáculo?

- J.M: En los últimos años fue una tarea individual. El que quisiera pensaba una idea y la presentaba a los demás. Luego había quien pudiera agregarle música. Hubo una época en la que pensamos ser más democráticos y que todo el mundo participase en todo y era complicadísimo. Era muy engorroso y pasamos a esta cosa un poco más pequeña y más práctica.

- ¿Qué podremos ver en Viejos Hazmerreíres?

- M.O: Se van a encontrar con una antología realmente muy bonita, que disfrutamos muchísimo. Tiene como hilo conductor una tertulia radiofónica entre dos periodistas que van presentando diferentes números musicales, personajes como un gurú, un trío de músicos que pusieron música a una telenovela o un señor que ve un marciano. Es como un gran programa de radio que dura dos horas con distintas intervenciones. Es una antología muy potente, se van a reír muchísimo.

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