Pedro Olalla: «Hoy en día somos más súbditos que ciudadanos plenos en sentido democrático»

El escritor ovetense presenta su documental «Grecia en el aire» el próximo 15 de enero el Teatro Filarmónica

Pedro Olalla
Pedro Olalla

Oviedo

Pedro Olalla (Oviedo, 1966) lleva más de media vida viviendo en Grecia. Helenista, escritor, profesor y cineasta, a lo largo de su carrera ha publicado más de 30 obras originales en distintas lenguas, así como una larga serie de artículos periodísticos y más de un centenar de traducciones de autores griegos y españoles. Olalla comienza el año regresando a su ciudad natal, donde presenta su nuevo libro De Senectute Política. Carta sin respuesta a Cicerón y su documental Grecia en el aire basado en el libro del mismo nombre.

 -¿Cómo acaba un asturiano viviendo en Grecia?

-El estar en Grecia obedece al deseo de vivir el helenismo in situ. Con su gente, sus lugares, con la realidad de Grecia también, no solo con la antigua. Y, además, participar en esa realidad cotidianamente, formar parte de ella y, si es posible, llegar a incidir en cierto grado sobre ella.

-Se dice que Grecia es la cuna de la democracia, ¿es así?

-Si, evidentemente, es así. Si entendemos la democracia como un proyecto que se generó a finales del siglo VI a.C. y durante gran parte del siglo V, que después perduró en el tiempo hasta ir progresivamente perdiéndose. Y si entendemos que nuestra democracia actual pretende emular aquel logro, también debemos entender que sus orígenes están en Grecia. Aunque esta democracia actual no es heredera por línea directa del proyecto de la democracia ateniense sino más bien de la sangre del republicanismo romano y de sus distintas versiones liberales.

-Veintiséis siglos después, haciendo referencia a De Senectute Política, ¿cómo ha envejecido la democracia?

-Tanto De Senectute Política como en Grecia en el aire no se sostiene que la democracia haya envejecido por el paso del tiempo. Creo que deontológicamente hablando la democracia está todavía en pañales, en el origen y búsqueda de sus logros más fundamentales. Es decir, que no ha alcanzado un cenit en la época reciente. Es un proyecto eternamente joven porque sigue persiguiendo valores o ideales que todavía no ha alcanzado. En estos libros comento que los ciudadanos a veces creemos que la democracia está envejecida porque la población envejece demográficamente. Las sociedades supuestamente democráticas en las que vivimos son las que más rápidamente están envejeciendo, pero en su sentido deontológico y político, si nuestras democracias están envejecidas es precisamente porque han perdido el ímpetu de los valores que las inspiraron en su lejana juventud ateniense.

-¿Qué dirían aquellos gobernadores que participaron en el nacimiento de esta forma de gobierno acerca de democracia actual?

-Los fundadores, los inventores de este proyecto político, difícilmente podrían entender por qué llamamos democracia a nuestra forma de gobierno. Fundamentalmente, no entenderían la división entre «ellos» y «nosotros», entre gobernantes y gobernados, que es tan clara y cada vez más lejana en nuestras democracias actuales. Para ellos solo habría un «nosotros», aunque no estuvieran de acuerdo con la política de la ciudad. y serían parte de ella. Y, por otro lado, la idea de que el bien común sea definido y defendido por el conjunto de los ciudadanos sigue siendo una idea radical y revolucionaria que ellos no verían cumplida en las formas de gobiernos que nosotros llamamos democracia.

-El próximo día 15 se proyecta su documental Grecia en el aire en el Teatro Filarmónica. En él relata las herencias que la antigua democracia ateniense nos ha dejado. También lanzas una pregunta: «¿Vivimos realmente en una democracia?». ¿Qué respondería usted a eso?

-Evidentemente la respuesta a esa pregunta intenta ser la película. Es una respuesta compleja y una pregunta que nos lleva a su vez a muchos interrogantes. Fundamentalmente, podría responderse en la línea de la pregunta anterior. Yo creo que una de las cuestiones más clara para responder es ser conscientes del peso político que tienen hoy los ciudadanos. Para la democracia el ciudadano es el portador activo y responsable de la esencia política de la sociedad. No puede existir una verdadera democracia sin ciudadanos. Hoy en día somos mucho más súbditos, pero no ciudadanos plenos en ese sentido democrático. Ciudadanos como aquellos que definía Aristóteles, que tienen capaz de gobernar y juzgar. Esta definición aristotélica del siglo V a.C. sigue siendo absolutamente revolucionaria y pone de manifiesto que no podemos llamarnos ciudadanos porque estamos muy lejos de tener esa capacidad de gobernar.

-¿Podríamos decir que la palabra «democracia» como tal carece de sentido a día de hoy?

No es que carezca de sentido. A día de hoy lo que hay que hacer es resemantizarla. No designa, evidentemente, aquello que fue la democracia griega y no designa unas formas de gobierno que realmente demuestren estar comprometidas con aquellos ideales. La democracia tal y como la entendemos hoy designa unas formas de gobierno que parecen ser más unas oligarquías encubiertas. Es un término positivamente connotado a nivel universal, todo son democracias pero, en realidad, las verdaderas fuerzas que gobiernan el sistema no son las fuerzas que aspiraban a gobernar el proyecto de la antigua democracia.

-¿Qué papel juegan los medios y las redes sociales en estas nuevas democracias?

-Los medios de comunicación han jugado siempre un papel muy importante porque son en gran medida los cauces por los cuales las ideas, los juicios y la interpretación fluye entre gobernantes y gobernados. Eso ha hecho que se constituya como un poder y que en gran medida hayan estado al servicio de los intereses dominantes. La gran responsabilidad es hacer verdadero periodismo al servicio de la verdad. Lo contrario son relaciones públicas. Desgraciadamente, estamos viendo procesos como el que está sucediendo en Grecia en los últimos 8 años, en los que los grandes grupos tienen una gran responsabilidad en cultivar un discurso interesado que le da cobertura y soporte al poder establecido. Esa es una realidad que contrasta con lo que deontológicamente debería ser la información como búsqueda de la verdad. Y las redes sociales han venido a crear cauces alternativos a todo esto. Pero no está exento de falta de rigor, de búsqueda sincera de la verdad. Es importante que existan varios cauces, que se cultiven, porque es importante que para la democracia exista el verdadero flujo de ideas entre ciudadanos. 

-Su último libro se titula De senectute política. Carta sin respuesta a Cicerón. En el libro de este pensador, a la que haces alusión en el título, habla de la vejez y el paso del tiempo, al igual que tú. ¿El discurso de Cicerón y el suyo difieren mucho?

-Sustancialmente no difieren mucho. Cicerón hace 2000 años escribe De Senectute intentando darnos a entender que envejecer bien es algo que depende de nuestra personalidad, es en gran medida un empeño ético, así lo define. Yo, a dos milenios de distancia, intento ampliar esta convicción preguntándonos si el hecho de que nuestra sociedad esté organizada para posibilitar llevar a cabo ese empeño ético no hace de ello también un propósito político. Nuestras visiones del asunto no difieren demasiado, lo que yo hago en incidir en la dimensión política. El libro es una obra escrita con Cicerón como interlocutor.

-¿Por qué surge la idea de llevar Grecia en el aire a un formato audiovisual?

-La idea surge por dos razones. La primera porque el libro en su concepción ya es bastante cinematográfico en el sentido de que va recorriendo una serie de escenarios en los que se gestó ese proyecto de democracia y en los que hoy está siendo desmantelada. Su propia estructura cinematográfica favoreció de alguna manera el llevarlo a un formato audiovisual. La película hubiese sido totalmente distinta si no existiese el libro. Otro de los motivos es porque los libros crean una relación con el lector muy individual y solitaria, en cambio, el formato audiovisual permite un acercamiento a la obra más colectivo y con un sentido más democrático. Invita, a través de los actos, a una reflexión en conjunto sobre la deontología de la democracia. Le da una nueva vida y lo convierte en un instrumento para la reflexión y el diálogo político que, como decíamos antes, es tan necesario para la vida democrática. 

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