El HUCA aplica una técnica pionera en el tratamiento de los cánceres ginecológicos

El hospital ha comenzado a realizar una operación poco invasiva que mejora el diagnóstico y la recuperación de las pacientes

Juan Pablo Suárez (Medicina Nuclear), Soledad Fidalgo (ginecóloga), Elena Rodríguez (jefa de Sección Ginecología), Fco. Manuel González (jefe de Servicio de Medicina Nuclear), Francisco Ferrer (jefe de Ginecología)
Juan Pablo Suárez (Medicina Nuclear), Soledad Fidalgo (ginecóloga), Elena Rodríguez (jefa de Sección Ginecología), Fco. Manuel González (jefe de Servicio de Medicina Nuclear), Francisco Ferrer (jefe de Ginecología)

Redacción

El Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) centra sus esfuerzos en la mejora de la atención oncológica. El servicio de Ginecología, en colaboración con Medicina Nuclear y Medicina Patológica ha apostado por una nueva técnica que permite detectar los gánglios linfáticos y extraerlos sin necesidad de realizar una cirugía abierta. Se trata de un proceso mínimamente invasivo en la que tiñen los gánglios de azul o de verde fosforito con un radiofármaco y el cirujano, con una cámara de ultravioleta, lo sigue como si fuera un hilo de ariadna verde hasta que llega al punto en sí. Este procedimiento permite detectar con facilidad los gánglios que quedan teñidos, ya que son de un tamaño muy pequeño y tienen un tejido linfograso que a simple vista no se ve.  Entre sus muchas ventajas destaca que, una vez extraído, se puede estudiar el tumor, evita linfedemas, un tipo de inflamación de las extremidades por acumulación de líquido bastante frecuente tras la operación de un cáncer de mama y acorta la hospitalización de la paciente y su recuperación sin dejar marcas. Esta técnica lleva desarrollándose 15 años en otros tipos de cánceres ginecológicos, como el cáncer de mama, de melanoma y de vulva. El objetivo del hospital es que este procedimiento se estandarice, también para la detección y prevención de cáncer de cervix y el cáncer de endometrio

Procedimiento

El día antes de la intervención, el servicio de Medicina Nuclear realiza un estudio, en el que se le inyecta a la paciente un radiofármaco al que se le incorporan colorantes no invasivos que pueden ser de tipo azul de metileno o verde de fluorescencia que se fijan a los ganglios linfáticos del tumor. «Aunque nosotros tenemos la convicción de que la mezcla de ambos mejora la detección», afirma Elena Rodríguez, jefa de la sección ginecológica que cuenta con el respaldo de sus compañeros, como Juan Pablo Suárez, de Medicina Nuclear que ha dejado muy claro que la mezcla de ambas técnicas le parece «óptima». Utilizan una radiocámara para obtener imágenes del paciente de dos dimensiones y un plano tomográfico en tres dimensiones de gran calidad de cara a visualizar los gánglios para la intervención al día siguiente. «Antes de hacer la cirugía ya los tienen localizados, de otra manera no podrían verse sin los colorantes por su tejido linfograso y su tamaño», explica Suárez. 

El mismo día de la intervención se inyecta el colorante para que se acumule el sistema linfático que, más tarde, será explorado por una cámara laparoscópica. Esta es una alternativa mínimamente invasiva con respecto a la cirugía abierta convencional. En esta técnica pionera se utiliza una pequeña cámara llamada laparoscopio para ver dentro del abdomen. Una vez localizados los ganglios, se exploran con una nueva radiosonda laparoscópica, con la que se ha dotado al HUCA para identificar cuáles son los centinelas, que son los primeros en los que se manifiesta el tumor, por lo que con su extracción se evitan los efectos adversos. «Esta técnica no es muy costosa. La cámara cuesta unos 40.000 euros, pero requiere de unos condicionantes estructurales previos», explica Luis Hevia, gerente del HUCA, que ha acompañado a los responsables de los departamentos. Gracias a esta innovación, la operación es mucho más sencilla, así como la visualización del tumor que se tiñe y la seguridad de que se han quitado los gángleios impresdincibles para el diagnóstico. Una vez hecho esto, se enviarán a Anatomía Patológica para comprobar si están invadidos y su progresión.

Una técnica vanguardista que no deja secuelas

Esta técnica lleva desarrollándose 15 años en otros tipos de cánceres ginecológicos, como el cáncer de mama, de melanoma y de vulva. El objetivo del HUCA es que este procedimiento se estandarice internacionalmente, también para la detección y prevención de cáncer de cervix y el cáncer de endometrio. Esta técnica se encuentra entre las pioneras del país gracias al servicio de Ginecología, con la apuesta apunto de la imagen de fluorescencia y al de Medicina Nuclear, siendo uno de los pocos servicios que dispone de una sonda de radiolocalización laparoscópica e inalámbrica. 

Esta novedosa tecnología, de reciente incorporación como consecuencia de la donación de la Fundación Amancio Ortega, tiene grandes beneficios para las pacientes, al reducir el tamaño de la cicatriz quirúrgica y las molestias postoperatorias, así como la estancia hospitalaria y el riesgo de linfedemas. El hospital ya ha hecho cuatro intervenciones con la técnica combinada pero deberán hacer 30 más para que se valide. De todas formas, esta práctica vanguardista que no deja secuelas ya se encuentra en las oncoguías, es decir, los estudios que abarcan áreas concretas del conocimiento de la patología. 

Cada año, el HUCA atiende a una media de 50 pacientes con cáncer de endometrio y otras 20 con cáncer de cervix. El primero aumenta cada día en nuestro país debido a los malos hábitos alimenticios que pueden desencadenar esta enfermedad, así como obesidad o la diabetes y el segundo por el virus del papiloma humano. Según los estudios, los cánceres más frecuentes en las mujeres son el cáncer de mama, seguido por el de endometrio y el de cervix.

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