Una tribuna para la gaita y el tambor

En los bajos del lado oeste del Carlos Tartiere, la Escuela de Música Tradicional relanza los instrumentos asturianos y la tonada para alumnos de todas las edades


José Manuel Fernández Guti se acuerda. Él ya estaba allí hace 40 años, cuando aquello de interesarse por la gaita y el folk era una rareza compartida por muy pocos. Todo el mundo se conocía, no había chicas, unos y otros se vestían igual y ser devoto de Milladoiro y AC/DC a la vez le traía miradas de superioridad del sector ortodoxo.

José Manuel Fernández Guti se asombra. Es 2018, dirige para el Ayuntamiento de Oviedo la Escuela de Música Tradicional Manolo Quirós y el ambiente en las aulas no tiene nada que ver con el de los círculos folkies de su juventud. Es un miércoles de enero, al final de la jornada, y en las horas previas ha dado clases de gaita a un ejecutivo de un banco, un policía y un ama de casa. Otros días vienen médicas y jubiladas. Por los pasillos revolotean veteranos de la tonada y adolescentes con el teléfono móvil forrado de reggaeton. Hay tantas jóvenes que, si a uno no le dicen que eso es una novedad, que eso habría parecido una rareza solo unos años atrás, se queda sorprendido. Ahora no parece que nunca haya podido ser de otra forma.

Para quien sabe solfeo como un profesional y para quien no distingue entre las notas y el pentagrama, para quien solo quiere aprenderse una canción y para quien aspira a tocarlas todas, para quien canta tonadas y para quien se especializa en los instrumentos menos frecuentes, para todo el mundo hay un método de enseñanza, un sistema y un profesor en la escuela. Sus cursos son un éxito. Las instalaciones se diseñaron para acoger 250 alumnos, pero la demanda es tan grande que todos los cursos se estiran las admisiones para no dejar a nadie fuera y cada año conviven alrededor de 320 estudiantes y 11 profesores. La sede está en los bajos del estadio Carlos Tartiere, pero La Ería no está cerca para todo el mundo y hace tiempo que la escuela se descentralizó. Los docentes se desplazan para acercar las clases a los alumnos de los barrios. Se aprovechan aulas y salas de colegios y centros sociales en Pumarín, Otero, Trubia y La Corredoria. «Es una de las claves del éxito. Siempre estamos cerca de gente que, por lo que sea, a lo mejor no puede venir hasta aquí», apunta Guti.

En familia

La gaita y el tambor y, entre los matriculados de más edad, la tonada son las especialidades con más demanda en el periodo de matrículas. Pero la escuela lleva casi 15 ofreciendo otras posibilidades a quienes se interesan por la música hecha en Asturias. Quizá la zanfona, por desconocida, sea también el instrumento menos solicitado. Y hay otras muchas opciones: bandurria, percusión tradicional, baile y danza o acordeón diatónico, además de la investigación folklórica y las enseñanzas para niños como en edad preescolar o como parte de las actividades extraescolares. En la escuela no deja de entrar y salir grupos de alumnos de edades muy variadas. A veces acuden a la vez padres e hijos. «Otra diferencia es que antes venían madres y padres a matricular a sus hijos. Ahora muchas veces son los niños los que arrastran a los padres», apunta Guti.

Para el director, la escuela es una fuente de juventud. Sus alumnos más jovenes le mantienen al día de lo que se cuece en música, tendencias e informática. «Le dices a uno que viene sin papeles en la mano: '¿Dónde tienes la partitura?'. Y saca el móvil y te dice: 'Aquí'. O te enseñan la música que llevan. Combinan el reggaeton y la tonada. Chicas de 15, 17 años. Son muy libres. La música tradicional se ha abierto a toda la sociedad. Algo hicimos bien los que llevamos más tiempo en ella», describe. Esas adolescentes y el despliegue de apps que hay en sus móviles han hecho de la escuela un lugar que consume poco papel. Las fotocopias y los documentos impresos se quedan obsoletos para ellas.

Para toda la sociedad

Con la banda municipal de gaitas toca en grandes fiestas en Oviedo y fuera de la ciudad. Esas ocasiones (la entrega de los premios Princesa de Asturias, la boda de los reyes Felipe y Letizia) en las que la música asturiana está en el centro de todas las miradas han ayudado mucho a hacerla una presencia habitual y a sacarla del confinamiento en la tribu de los chalecos y las rastas. A esos chicos les debe agradecimiento. Ellos la preservaron en los años del olvido e hicieron posible esa popularidad que en los últimos años la ha hecho imprescindible en actos oficiales y ceremonias privadas. A nadie le extraña ya que suene una gaita en una boda o en un funeral. «Esta música no molesta a nadie. Voy a repetir que algo hicimos bien», dice el director.

El claustro se esfuerza para no dejar fuera de los cursos a ningún solicitante que presente su matrícula dentro del plazo. Pero su capacidad llega al límite alrededor de esos 320 alumnos. Algunos años hay unos pocos menos, algunos años unos pocos más. Pero de esa cifra no pueden pasar. No tienen capacidad para dar más clases personalizadas ni hay suficientes horas en una semana para atender a más. Guti aún no lo cree. «Fue un éxito desde el principio, hicimos furor. Pero la verdad es que yo pensaba que, cuando pasara la novedad, bajaría. Y no es así. Seguimos y vamos a más. Cada vez viene más gente. La tonada va a más. La sociedad se ha impregnado de la música tradicional», resume.

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