La Vega, un pasado proyectado hacia el futuro

La recuperación para la ciudad de los edificios y los terrenos del complejo de la antigua fábrica de armas abre a los vecinos y a nuevos usos industriales, científicos y culturales más de 12 hectáreas de suelo céntrico


La Vega no es un círculo cerrado, sino una espiral abierta. La ciudad da vueltas a su alrededor, pero no acaba en el mismo sitio. Vuelve a plantearse algunos usos industriales para esos terrenos que, en cierta medida, llevan más de un siglo y medio siendo un espacio en blanco, como una selva desconocida, en el centro de la ciudad, vedados al uso público y al acceso general por su condición militar de fábrica de armas. Pero han pasado más de 150 años desde que empezó a gestarse el enorme complejo actual y no hay manera de volver al principio. Si el recinto ha de volver a ser un lugar para la actividad económica, será con otros ropajes y otras maneras, con un estilo del siglo XIX y apropiado para el XXI. Las posibilidades son muchas y están sobre la mesa: hogar de pymes, centro de empresas biosanitarias, polo tecnológico y digital... Ese debate es posible porque, al fin, casi siete años después del cierre de la factoría, el Ministerio de Defensa y el Ayuntamiento se han puesto de acuerdo para que ese suelo vuelva a manos de la ciudad y de los ciudadanos.

Los detalles del pacto aún son borrosos. Están en manos de los técnicos de las dos partes. La política, sin embargo, ha hablado y en ese plano las intenciones están claras. En los próximos meses, el Ayuntamiento recibirá la propiedad de los terrenos a cambio de una compensación para Defensa que aún está por establecer. Oviedo ganará en ese momento más 12 hectáreas de superficie, 122.000 metros cuadrados que hacen volar la imaginación municipal: industrias limpias, libres de contaminación y con inventiva para resistir la competencia globalizada en las próximas décadas. espacios culturales, zonas verdes... Todo parece caber en ese entorno magnífico y lleno de potencial, aunque también deteriorado y un poco olvidado, en el que habrá que invertir, además de dinero, muchas horas de trabajo antes de que las promesas parezcan realidades.

Cambios de interlocutor

Ese trozo de la memoria y de la biografía urbana que, en apariencia, había muerto con el cierre de 2012 revive ahora tras años de una negociación difícil, más enrevesada aún por el continuo cambio de interlocutores con el que se han encontrado el alcalde y su equipo de gobierno. Las conversaciones apenas habían entrado en su fase inicial a la llegada de los actuales concejales a sus cargos y, después de eso, aún tardaron mucho meses en desarrollarse dentro de un marco estable. Los vaivenes electorales y los cambios de gobierno en Madrid supusieron remodelaciones rápidas en la dirección política de Defensa.

Wenceslao López y los suyos han tratado con tres cúpulas distintas, pertenecientes a dos partidos, y, aunque el entendimiento ya viene de antes, solo en estos últimos meses han conseguido acelerar el proceso. Desde 2015 se han reunido seis veces cara a cara y han mantenido un fluido intercambio epistolar tanto a través del correo postal como del electrónico. Las llamadas telefónicas y los viajes relámpago a Madrid se han incorporado a la estrategia en una recta final que desembocó en un viaje a Oviedo del secretario de Estado de Defensa y en el anuncio público de la noticia: Oviedo retrocede hacia el pasado para coger impulso y saltar al futuro.

La Vega fue fermento del desarrollo industrial, fuente de empleo e investigaciones científicas y técnicas aplicadas, polo de crecimiento económico y un imán para el crecimiento urbano y demográfico de la ciudad. Tal vez no podrá volver a significar todo eso, porque Oviedo es hoy otra cosa distinta de la ciudad pequeña y ensimismada que describió Clarín, pero de la impresión que puede causar en la economía y en el aspecto urbanístico de la ciudad no duda nadie. Al presentar el acuerdo, el alcalde no se ha limitado a tomar nota del nuevo espacio, sino que siempre lo ha relacionado con su entorno. Toda esa zona de la ciudad experimentará un cambio casi inimaginable cuando el futuro bulevar de entrada sustituya a la ruidosa y saturada autopista Y. La fábrica quedará así libre de establecer un diálogo con el HUCA y la fundación para la investigación biosanitaria, lo que parece apuntar ya un rumbo posible para los próximos años.

60 edificios

Esa sugerencia no es la única que hay en las primeras fases del debate en marcha sobre los usos del complejo. En realidad, ya está claro que habrá más de uno. En La Vega están catalogados más de 60 edificios, incluidos dos con la protección reservada a los bienes de interés cultural y, además de naves industriales, se levantan construcciones concebidas para usos residenciales y admnistrativos. Introducir una clasificación racional de todos esos espacios y encontrar para cada uno de ellos el destino más adecuado llevará su tiempo. No son solo los grupos políticos municipales quienes imaginan futuros para la fábrica de armas. El tejido social de la ciudad bulle ya con sugerencias para montar nuevos espacios culturales (hay una comparación expresa con el Matadero de Madrid), no solo entendidos como salas de exposiciones o recintos para las artes escénicas, sino también como sede de industrias relacionadas con la creación, incubadoras de micropymes, zonas verdes y usos residenciales. El protocolo firmado con Defensa limita el desarrollo urbanístico y desincentiva la venta de parte de los suelos como recurso para financiar otros proyectos.

Lo que a Wenceslao López le gustaría conseguir como remate de la recuperación de La Vega es una superficie que, al margen de la ordenación y el uso final que reciba cada uno de sus elementos, anime el pulso de la ciudad y le insufle vida. Vislumbra proyectos que tengan una dimensión regional, aprovechando la situación de La Vega en uno de los vértices de ese área metropolitana del centro de Asturias que, después de muchos años de reticencias, también ha empezado a coger vuelo en los últimos doce meses. Sobre todo, el alcalde señala que le gustaría que todo ese espacio entre el Antiguo y La Tenderina se convirtiera en uno de los motores de la vida urbana, un recinto donde la actividad no cese ningún día del año ni a ninguna hora del día.

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