La Callas en mi lejanía

María Callas
María Callas

Se me escapó la versión de la película sobre María Callas que pasaron en Los Prados pero acabo de recuperarla en la red. También su holograma.

¡Qué voz y qué personaje!

La profesora de música de la diva, a la que alude el hilo central del guión fílmico, era la aragonesa Elvira Hidalgo, a la que no creo me uniese parentesco alguno. Elvira enseñó a la prima donna también la lengua castellana.

Sería 1959, ¿o 58?, cuando un intermediario operístico (¿Liduino?, ¿Barossi?) telefoneó a mi padre a nuestra casa para ofrecer un concierto de María Callas por un caché de 200.000 pesetas. Mi progenitor estaba encantado de que la Callas interviniese en el Campoamor, pero le parecía una cantidad excesiva. Improvisó una contraoferta: cuatro funciones de ópera, en Bilbao y Oviedo, que incluso se podían rematar con un concierto por otras cien mil pesetas, con lo que se llevaría la entonces astronómica cifra de medio millón en cinco veladas. Por entonces, Franco Corelli, partenaire de la Callas en varios teatros, cobraba 125.000 pesetas por cada función ovetense.

Sabido es que María Callas no cantó aquí y sí en el bilbaíno Coliseo Albia, salón de cine que improvisaron desde entonces como Teatro de Ópera hasta el actual Euskalduna, algunas de cuyas estancias han sido remozadas por mi prima, la arquitecta ovetense-milanesa Patricia Urquiola.

Hace años, con mis amigos J. A. Caicoya, Miguel Zozaya y Alberto Zedda, y nuestras respectivas mujeres, asistí a la inauguración de la temporada de La Scala, en la habitual noche de San Ambrosio. Ricardo Mutti, que dirigía, había escogido La Vestale, de Spontini, por una razón de peso: «Entre los aficionados siguen pesando los viudos de la Callas, emocionados por la recuperación de este título tan unido a ella en este Teatro».

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