Abuelos y nietos adoptivos: un programa que va más allá del voluntariado

Claudia Granda OVIEDO

OVIEDO

Elina, en el centro, junto a su abuela adoptiva Ofelia. A la derecha, Román, también miembro del programa Adopta Un Abuelo.
Elina, en el centro, junto a su abuela adoptiva Ofelia. A la derecha, Román, también miembro del programa Adopta Un Abuelo.

Elina y su abuela Ofelia, asi como Román, inician con ilusión el programa Adopta un Abuelo

18 feb 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

A sus 23 años, Elina apenas ha podido disfrutar de sus abuelos. «Con ocho años me vine a Oviedo desde Argentina y los veía durante un mes cada tres o cuatro años», cuenta. Esta estudiante del Grado Medio de Gestión Administrativa encontró en el programa Adopta Un Abuelo la solución a la ausencia de esta figura en su vida, a la vez que trataba de hacer más feliz a una persona mayor. Su abuela es Ofelia, que en abril cumplirá 93 años y, aunque asegura que a ella no le preguntaron si quería ahijadas, Elina confiesa que el pasado domingo, día en el que se conocieron, era ella la que estaba más nerviosa.

Elina no es la única ahijada de Ofelia, también la visitará Cecilia. En la residencia Santa Elena doce jóvenes han adoptado a un total de seis ancianos. Aunque según cuenta la joven, convertirse en un nieto adoptivo no ha sido tarea fácil. «Me enteré de su existencia a través de Instagram. Decidí apuntarme al programa el año pasado sobre estas fechas y hasta noviembre no nos llamaron», explica Elina. Tras un test de 100 preguntas y una entrevista telefónica, en diciembre llegaba la gran noticia: pronto se iniciaría el programa en Oviedo.

El pasado domingo 10 de febrero, ahijados y abuelos se conocían por primera vez. Un momento de nerviosismo y toma de contacto donde algunos, como Román, anotaban en una pequeña libreta orgullosos los nombres y profesiones de sus ahijados. «Irene es abogada y Pamela trabaja en una pizzería», afirma tras leer sus anotaciones. Este vecino de Perlín, de 85 años, ingresó en la residencia hace un año. «Yo soy soltero y siempre viví con mi madre. Después de vivir 20 años solo tras su fallecimiento decidí que era hora de que me lo dieran todo hecho», explica con gracia.

Román trabajó durante treinta años en la fábrica de loza de San Claudio. También fue carpintero. A los 59 años se jubiló para cuidar de su madre. Ahora dedica el tiempo a realizar manualidades y salir a pasear cuando el tiempo se lo permite. «Aquí todos son amigos y los quiero mucho a todos. Desde el cocinero hasta la limpiadora», afirma. El inicio de este programa resulta muy emocionante para un hombre sin descendencia como él. «Yo nací antes de la guerra y tengo mucho que contarles a mis ahijadas, ellas pueden enseñarme muchas cosas. No me disgustaría aprender a utilizar internet», confiesa.

Los voluntarios acuden una vez a la semana durante una hora y media a visitar a sus abuelos y realizan con ellos las actividades que más se adapten a su personalidad y necesidades. A Román, por ejemplo, le gusta salir, hablar y tomarse un café en una terraza. A Ofelia le cuesta más desplazarse y, aunque también sale a pasear y a disfrutar de la compañía de su hijo, una de las actividades que más le gusta es jugar al bingo. «Ofelia, si quieres tú y yo podemos estar jugando el día entero a lo que tu quieras», le dice Elina con cariño.

El programa Adopta Un Abuelo, nacido en 2013, tiene como principal objetivo que los mayores se sientan escuchados, acompañados y queridos y que los voluntarios puedan obtener un aprendizaje continuo en experiencias y valores de sus abuelos. Su duración es, en teoría, hasta junio, pero nadie duda de que los lazos que surjan a raíz de esta experiencia sean para siempre.