«No hay que ir a Nueva York para conocer al artista más potente; quizá sea tu vecino»

Pablo de María «destripa» la oferta de la quinta edición de SACO, que profundizará en la idea de conectar el audiovisual con el resto de las artes entre el 8 y el 17 de marzo

Pablo de María, frente al Campoamor y al principio del camino de Baldosas Amarillas
Pablo de María, frente al Campoamor y al principio del camino de Baldosas Amarillas

Desde la reposición -con nuevo traje musical en directo- de clásicos como El mago de Oz o El gabinete del Dr. Caligari hasta la revisión de obras clave en la ciencia-ficción, incluida la cincuentona 2001: Odisea del espacio de Kubrick, con la guía de José Francisco Montero; desde los cortos galardonados en Vlia do Conde o Clermont-Ferrand hasta la reinterpretación sonora de cuadros del Museo de Bellas Artes de Asturias; desde el mix de danza, luz, audiovisuales y música de Sala de Espera en El Carbonero hasta una programación de garage rock pensada para el Antroxu ovetense, la V Semana del Audiovisual Contemporáneo de Oviedo (SACO) se ensancha aún más para ser aún más profunda. Hasta el punto de que no es un semana, sino 10 días que arrancan el próximo 8 de marzo. Su director, Pablo de María, entra a SACO -valga la licencia- en la sustancia de un acontecimiento que, con el patrocinio de la Fundación Municipal de Cultura de Oviedo, se robustece como una de las ofertas más coherentes, ambiciosas y más apreciadas por el público en el calendario cultural asturiano.

-¿Qué hay de nuevo en SACO?

-La idea principal de SACO ha cambiado en los últimos años. Cuando empezamos a hacerlo, en Oviedo solamente hacíamos SACO. Y a raíz de hacerlo, y como veíamos que había demanda y público, que funcionaba bien, elaboramos Radar, que este 2018 y en el 2019 se extenderá durante todo el año. SACO ha ido cambiando de acuerdo a esos otros programas: empezó siendo un espacio en el que nos interesaba mucho buscar la relación entre el audiovisual y otras expresiones -pintura, danza, música-, y se afianza cada vez más en ese espacio. La proyección de películas la tenemos en Radar, que cubre ese espacio que podríamos llamar de 'cine de repertorio' combinando cine clásico con propuestas más de autor que no llegan a la distribución comercial. Consolidado eso, SACO es un espacio mucho más vivo y necesita alimentarse de cosas, digamos, más urgentes.

-¿Como cuáles?

-Una de las razones de ser de SACO es la producción de proyectos propios. Una de las de este año es la de El gabinete del Dr. Caligari, con Cabinet Quartet, un cuarteto de músicos asturianos que hacen una propuesta musical de vanguardia pero a la vez muy clásica, como lo es la propia película: de estudio, clásica, pero a la vez muy arriesgada en su momento. Incluso hoy sigue siendo una propuesta que no se podría hacer o no funcionaría. Nos gusta provocar, buscar a la gente que puede encajar en según qué propuestas y desarrollarlas. Poner música a Caligari o, como hacer cosas como lo que hemos hecho con Óscar de Ávila o José Tomé, dos diseñadores de a los que les hemos propuesto seis pinturas del Museo de Bellas Artes y hemos invitado a que se imaginen cómo suenan. Algo que no te imaginas cuando vas a un museo, donde la información es visual. ¿Por qué no imaginarnos cómo sonarían? Este tipo de cosas nos interesan mucho. También está el proyecto con la Orquesta Filarmonía para orquestar una película clásica. El año pasado fue Vértigo, este El Mago de Oz… Todo este tipo de cosas sirven para que el público se acerque al audiovisual de una forma distinta, con menos prejuicios, porque nos interesa desprejuiciar al espectador a la hora de enfrentarse a una propuesta.

-Justo lo contrario de lo que por lo general consigue el atracón audiovisual bajo el que vivimos.

-Sí, porque es verdad que da la impresión de que tenemos toda la oferta audiovisual al alcance del móvil o de la tableta, pero no es tan total como queremos pensar que es. Para que te llegue todo eso, ya se ha pasado una criba importante. Creo que hay que mostrar a los espectadores cosas que desconozca, porque creemos que lo conocemos todo, que todo esta en la Red y no es así. Por ejemplo, a través del programa de cortos -los nos ofrece el festival de Vila do Porto o el de Clermont-Ferrand-, cortos que son muy de vanguardia, muy arriesgados, pero a la vez muy clásicos en cuanto a lo cinematográfico. En el de Clermont-Ferrand, por ejemplo, hay una comedia muy disparatada, muy absurda, que podría ser un Buster Keaton o un Chaplin de 2019, y el de Vila do Conde proyectaremos Entre sombras, candidato al Premio César de este año, un corto muy moderno que es a la vez una alegoria, un homenaje al cine negro clásico norteamericano de los años 40. Es importante que buceemos en eso, que provoquemos al espectador, despojarle de prejuicios para enfrentarse a cosas que no conoce. Nos ha sucedido en anteriores ediciones de SACO y nos sucede en Radar: público que desconoce quién es el director o la directora, pero que va a ver la película porque creo que nos hemos ganado ya su confianza en que van a ver algo interesante. Eso, para nosotros, es lo más importante.

-Y comprobar que la progresión de espectadores demuestra que había hambre de eso.

-Yo creo que sí. Al público de Oviedo y al que no es de Oviedo y me consta que va a los ciclos del FIlarmónica les gusta que les ofrezcas cosas que no sean muy obvias; les gusta incluso sentirse un poco incómodos con lo que ofreces, porque las películas que programamos no son siempre grandes obras maestras, ni mucho menos; no son películas necesariamente perfectas ni maravillosas, sino películas que es necesario ver porque es necesario tener esa información. Algo que nos gusta es pensar que estamos aportando un pequeño grano de arena para que el público tenga un criterio mayor. Si solo viésemos películas perfectas, obras maestras, tampoco llegaríamos a apreciarlas. La imperfección también tiene sus momentos de obra maestra, de brillantez. Por eso complementamos los ciclos de clásico con obras contemporáneas, para hacer ver cómo una película coreana de 2018 dialoga con un clásico protagonizado por Humphrey Bogart. A veces pensamos que las manifestaciones artísticas están muy lejos unas de otras, y no es así. En el caso del cine, las influencias de las raíces son muy comunes.

-¿Y hacer pedagogía del cine clásico? Porque a estas alturas, para un espectador de 18 o 20 años determinado cine ya es una pieza de museo que necesita un guía, una interpretación.

-Nosotros tenemos puestas películas como El sanatorio de la clepsidra, una película polaca experimental y un tanto extraña, en un Filarmónica casi lleno, y al terminar la proyección era fantástico porque había público de cierta edad que había visto la película en su juventud en cineclubes, y público muy joven que la desconocía, y las reacciones y el contacto entre unos y otros era fantástico; porque también se trata de eso, de ir al cine con mucha gente a ver una película en común, contrastar las reacciones entre público de diferentes edades y gustos. Eso de ver las películas en tu casa con tu plataforma digital está muy bien, pero te pierdes gran parte de la experiencia.

-No se sale igual de una proyección de este tipo que de una película 'mainstream' en una sala para cine 'mainstream'.

-No creo, aquí siempre hay un post. Nosotros intentamos que SACO no sea poner películas porque sí, queremos que tenga un hilo y que funcione: una película alimenta a la siguiente, vamos pasando de un territorio a otro, vamos tejiendo un poco relaciones entre las películas. Tampoco se trata de que sea muy evidente. Esto de que las películas dialoguen entre sí es fantástico, pero todas las películas dialogan entre sí, no hay que complicarse mucho la vida. Y luego cada uno decide cuál es el diálogo que establece, que no será el mismo que el que establezca otra persona.

-¿Un acicate para interpretar?

-Claro. Que cada uno vea y descubra las conexiones entre las diferentes propuestas; y eso también en las relaciones entre el audiovisual, la danza, la pintura… Pueden ser departamentos estancos en un momento dado, pero luego no lo son tanto.

-Esa parece ser, por lo que dice, la finalidad de SACO: acabar con compartimentos estancos. ¿Son algo así como un centro de atracción y conexión para gente que está haciendo cosas en su entorno, más que un festival convencional?

-Intentamos que sea así. Procuramos provocar a gente que hace cosas muy interesantes en el ámbito de la música, la pintura o el diseño de sonido, pero que jamás se habían planteado hacer determinadas cosas, para que las haga. Poner en contacto a un diseñador de luces, un videoDJ y a un grupo de danza y que hagan algo como Sala de Espera, que se va a ver en el parking de El Carbonero. En Asturias hay mucho potencial, hay mucha gente interesante haciendo cosas; pero tenemos, por desgracia, esta visión de minifundio y de aislamiento mental perpetuo, como de que nadie mira para nosotros, y somos nosotros mismos los que no miramos para nosotros. No hace falta irse a Nueva York para conocer al artista de vanguardia más potente, porque quizá sea tu vecino. Puede serlo. El año pasado, hicimos cosas con los Patarrealistas Salvajes, un grupo que podría ir a cualquier parte porque tienen un talento arrollador. Nos gusta ser un poco los que les metamos en ese compromiso. Mucha gente te dice que no, que se dedican a otra cosa. Ya, eso te sale muy bien, pero ¿qué tal si lo mezclamos con esto otro y hacemos algo más? Eso es fantástico porque siempre funciona, siempre sale bien. E insisto, hay mucha gente a la que proponer eso en Asturias porque tenemos un potencial fantástico. Podríamos estar haciendo propuestas para SACO durante años. Y además, gente muy joven que incluso no sabe todavía que es capaz de hacer según qué cosas, a los que se les puede estimular y provocar y poner en una situación delicada para que salga todo adelante.

-¿De profesión catalizadores?

-Eso sería fantástico.

-SACO es un síntoma, si no el síntoma más visible, de la sacudida cultural que está viviendo Oviedo en los últimos años. ¿Miran más allá de ese territorio, trabaja alguien ya en el Área metropolitana cultural?

-De momento todavía no. Pero es evidente que SACO no puede de estar de espaldas a cosas que suceden fuera de Oviedo, como el Festival de Cine de Gijón, que es y será siempre el festival de Asturias, o a lo que se hace en otros espacios. Somos una actividad municipal y nos debemos al ámbito municipal, y cuando digo eso me refiero de los espacios en los que podemos programar. Pero en cuanto a alimentar a SACO, lo hacemos con gente de todas partes. No pedimos a nadie ningún carné, y nuestra idea es que Oviedo durante esa semana también atraiga a gente de toda Asturias: compartir, ampliar… El año pasado, por ejemplo, la propuesta que hicimos a Fasenuova para musicar unas piezas de Maya Deren se pudo ver en el Festival de Cine de Autor de Barcelona. También nos interesaría mucho que las piezas que producimos se puedan ver en otros lugares. Para eso se hacen también. Producir una cosa para que sea un único evento es una pena.

-Que todo esto de lo que usted me habla esté sucediendo, o pueda suceder en un ladrillo, como quien dice, en términos demográficos o de territorio, ¿qué dice de la cultura o del arte en Asturias?

-Que público con gana de ver cosas, lo hay. Y gente con talento para proponer cosas. Lo que no sé si quizás haría falta pensar un poco, no voy a decir 'ordenar', pero sí que a veces da la impresión de que hay en Asturias pequeños focos que funcionan de forma autónoma, y que todo funcionaría mejor con un poco de coordinación entre actividades y espacios. Nosotros intentamos colaborar; lo hicimos ya hace un par de años con el Festival LGTBI del Niemeyer, de alguna manera a menor escala también con el FICX… A mí me causa gran placer poder hacer eso. Es un poco esa frase del «solo no, pero con los amigos, sí». Hay que hacer las cosas un poco en común, colaborando con la gente. Está muy bien que todas estas instituciones y organismos lleven años programando actividades culturales, y cuanto más podamos aprender, colaborar e impregnarnos unos de otros mejor. Al final el público tampoco distingue tanto quién lo ha hecho.

-Lo que cuenta es que esté hecho.

-Lo que cuenta es que haya una fantástica programación cultural estable todo el año en Asturias, que el público la disfrute y que podamos atraer también a gente de otros lugares que venga a disfrutar lo que no hay en otros sitios.

-¿También un poco de fe?

-También eso, también creérnoslo un poco. Yo veo un poco en algunos cineastas asturianos que se quejan un poco: no tengo dinero, no me dan una subvención… Fuera, en otros festivales, los discursos son radicalmente distintos. La gente no espera a que alguien vaya a su casa con 50.000 euros a pagarle una película. No quiero decir, ni mucho menos, que aquí todo el mundo haga esas cosas, pero sí que lo escuchas alguna vez. Es bueno viajar, ver cómo se hacen las cosas en otros sitios, cómo se produce, se programa, se distribuye o se exhibe. Saliendo fuera y abriendo los ojos se aprende mucho; hay muchos modelos. Hay festivales que ahora mismo son referencia en el mundo del cortometraje que jamás han recibido una subvención. Pero hay que trabajar, claro, hay que dedicarse. Porque en un momento determinado, el dinero público puede restarte tu independecia. A veces al poder político, le gusta dar dinero pero dependiendo de…

-El programa de los diez días de SACO casi aturde de puro intenso. ¿Dos o tres cosas que no se nos deberían de pasar?

-Algo singular es la propuesta para el viernes 15 a las 22,30 en el Filarmónica, Crossroads, una película que han hecho dos artistas afincados en Berlín, Hackedepiccioto, una pareja que han pasado ya por muchas experiencias en la escena musical y tienen una vida bien vivida, y han hecho una película muy poética, muy delicada, con mucho contenido, y han compuesto una banda sonora que van a interpretar en directo. Va a ser muy sorprendente. Es la primera vez que se va a hacer en España. Hay que arriesgarse a ver este tipo de cosas: quien vaya va a flipar. Después, Sala de Espera en El Carbonero va a ser muy divertida, tiene dos pases, pero aforo limitado a 80 personas, así que va a haber que estar muy atento. Tenemos también películas como Pájaros de verano, de Ciro Guerra, muy recomendables… mil cosas. También la experiencia con la Realidad Virtual en el patio del RIDEA, donde se van a instalar cinco puestos con sus gafas y sus cascos para que la gente viva esa experiencia.

-Y mucha ciencia-ficción.

-2001 restaurada el sábado a las 17,00 para inaugurar, con José Francisco Montero, que también va a dar el curso. Estarán luego sus clases por la mañana en el Fontán, y por la tarde pondremos las películas: Farenheit 451, Planeta Prohibido, Hijos de los Hombres y La mujer en la Luna.

Valora este artículo

0 votos
Comentarios

«No hay que ir a Nueva York para conocer al artista más potente; quizá sea tu vecino»