«Hemos demostrado que las chicas también ganan mundiales»

Toña Is es la seleccionadora del equipo sub-17 femenino de España. Sus primeros pasos en el mundo del fútbol tuvieron lugar en su Oviedo natal

Toña Is, seleccionadora del combinado sub-17 femenino
Toña Is, seleccionadora del combinado sub-17 femenino

Redacción

En una mañana de sábado, La Corredoria es un barrio lleno de vida y de familias que acompañan a sus miembros más pequeños en sus competiciones de deporte de base. En el campo Manuel Díaz Vega, nadie llama más la atención que Toña Is (Oviedo, 1966). La entrenadora de la selección femenina sub 17 que ganó para España el Mundial de la categoría a finales de 2018 es una celebridad y una leyenda en estas gradas. La gente quiere hablar con ella, la felicita por sus éxitos y le pide fotos. Aquí jugó para el Oviedo Moderno y aquí empezó a formar niñas. Desde 2015, es la primera mujer en dirigir selecciones españolas de cualquier categoría. No va mal. Ha logrado medallas en cinco campeonatos desde entonces y al título mundial suma otro europeo. Es ambiciosa y le gustaría probarse algún día en la selección absoluta.

-¿Cuántas otras niñas había alrededor cuanto usted empezó a jugar?

-No muchas, no. La más joven era yo, o casi. Tenía 14 años, que ahora sería tarde para que una niña empezara a jugar al fútbol, pero por aquel entonces yo era de las jovencitas. Todo Era muy diferente de las cosas a las que estamos acostumbrados ahora.

-¿Qué le llamó la atención para apuntarse? ¿Cómo le entró el gusanillo?

-Estaba todo el día jugando con mis hermanos y con los amigos allá en el barrio, por el Postigo. Tenía unos vecinos que fueron los fundadores del Oviedo Moderno, donde yo empecé. Me veían jugar. Como querían formar un equipo y me veían jugar todos los días con los niños, y como se me daba bien, fueron a hablar con mis padres. Y así empezó todo. Lo primero que hicimos fue jugar un partido para las fiestas del barrio, aquí en La Corredoria. Aún no vivía aquí. Ahora sí, y encantada. Pero le decía que así empezamos. No era una broma, pero sí algo muy informal. Se trataba de ver cuántas niñas y chicas ya mayores, que eran la mayoría, se podían reunir para jugar un partido. Así echó todo a andar. Parece una tontería y fíjese dónde ha llegado este club.

-Y usted.

-Sí, yo también.

-Como lo cuenta, no suena a entrenamientos muy complicados, ni a que trabajaran mucho la técnica. ¿Solo jugaban?

-Era muy complicado. La mayoría de los entrenadores no estaban titulados. Nos entrenaba el que podía, cualquier padre o amigo. Valía cualquier persona con algún conocimiento de fútbol. Era casi un favor coger a un grupo de locas que querían jugar al fútbol. Bueno, no me malinterprete. Locas entre comillas. Más que locas, valientes y decididas, mujeres que queríamos jugar.

-¿Se metían mucho con ustedes? ¿Escucharon muchos comentarios?

-Sí, al principio fue duro. Cualquier tipo de comentarios machistas que se pueda imaginar, comentarios muy desagradables para nosotras. Pero, como suele ocurrir, ese tipo de cosas te hacen más fuerte. Sigues peleando por lo que quieres, ese objetivo que persigues. Piensas: me están insultando, pero yo voy a conseguir jugar al fútbol de verdad.

-Pero hay una maldad añadida en gritar insultos a niñas o chicas muy jóvenes. No solo por el género, también por la edad. Es cruel.

-En esa época, mucha gente no estaba preparada para ver a mujeres jugar al fútbol. Desgraciadamente, aún ahora se oyen en los campos ese tipo de comentarios. Y no solo proceden de hombres, también de mujeres. Eso me llama mucho la atención, unas mujeres que insultan a jugadoras por su género. No es entendible. Cada vez menos, pero desgraciadamente aún existen ese tipo de comentarios.

-Lo vimos hace poco en Tarrassa y aquí en Asturias hubo insultos a una árbitra adolescente a la que enviaban al Model's.

-Son gente sin escrúpulos. Se han quedado en las cuevas de Cromagnon. No evolucionan con la especie y no hay que tener en cuenta a nadie que usa esas palabras.

-En cambio, la hija de una amiga, que tiene nueve años, es portera en su equipo mixto y está tan contenta como los niños que juegan con ella.

-Los niños, sobre todo cuando ven a una jugadora de verdad, una más en el equipo, la acogen. Yo también he entrenado a equipos mixtos y ellos se dan cuenta de si sus compañeras son buenas. Las consideran como ellos y saben que pueden jugar con ellos. Eso le hace mucho bien al fútbol femenino, en general, y a las niñas que juegan en esos equipos. Crecen como deportistas, que es lo que cuenta al final. Mejoran su autoestima.

-¿Y usted cuándo se dio cuenta de que no iba a jugar solo como niña y adolescente, sino que seguiría durante muchos años?

-Hombre, nunca supe cuántos años iba a seguir. Pero sí que empezó a pasar el tiempo y veía, lo veíamos todas en el equipo, que aquello iba a más, que la Federación Asturiana creaba una liga regional y que luego se ponía en marcha una liga asturleonesa. Veíamos que cada vez salían más chicas, que lo hacíamos bien y que siempre estábamos ahí arriba. Ganábamos esas dos ligas, la regional y la asturleonesa, y acabamos por ascender a lo que ahora es la Liga Iberdrola, la primera división. Eso nos hizo ver que había que tomárselo en serio. Hasta entonces, había sido un hobby, pero en aquel momento nos dimos cuenta de que aquello podía crecer de verdad.

-¿Le sucede esto a menudo ahora?

-A veces, cuando me reconoce alguna niña que juega al fútbol. La verdad es que me gusta. Me gusta porque veo que lo que hago es agradecido tanto para las niñas como para otra gente vinculada al fútbol. Es nuevo para mí. Otras veces alguien me para por la calle para darme la enhorabuena o decirme que estoy haciendo un trabajo formidable y dando un empuje al fútbol femenino. Estoy muy agradecida a todas las personas que me dedican esas palabras.

-Los éxitos de la selección sub 17 en el Mundial fueron más allá del deporte. ¿Cree que la victoria ha abierto los ojos sobre algunos cambios sociales?

-Sí. En primer lugar, no solo es una victoria del fútbol, sino del deporte femenino en general. Se ha visto que las chicas también pueden ganar europeos y mundiales. Además, hemos enseñado los valores del deporte, el compañerismo, todas las cosas que inculcamos a las chicas y se han visto reflejadas. Es esa imagen de grupo, de cohesión, de llevarse bien, estar juntas y ser una piña, de todo lo que hace grandes el deporte y la vida.

-¿En el Oviedo Moderno, al principio, ser pocas creaba más espíritu de grupo?

-Ahí lo aprendí, exactamente. Éramos pocas y teníamos que tirar del carro. Si queríamos ir para arriba, solo podíamos pelear y seguir peleando, no cesar, no rendirnos nunca. Eso, el no rendirnos, es lo que ha llevado al crecimiento del fútbol femenino. La generación de valientes que empezamos a jugar y no nos paramos sirvió para que las niñas de ahora puedan tener lo que tienen.

-No sé si usar la palabra envidia o injusticia. ¿Qué sentían al ver a los chicos de su edad que, haciendo lo mismo, cobraban todo el dinero que nadie se planteaba pagarles a ustedes?

-Todavía pasa, claro. Pero creo que no tenemos que ir por ese camino. Si nos comparamos con los chicos, estamos cayendo en un error. Lo que siempre digo es que los veamos como un reflejo para no cometer los mismos errores que se han cometido antes en el fútbol masculino. En eso tenemos la ventaja  de saber qué han hecho mal y qué tenemos que hacer para no equivocarnos. Debemos ir despacio, subir peldaño a peldaño y no tener prisa. El riesgo, ahora que vemos que esto va para arriba, es quererlo todo de hoy para mañana. Nos podemos equivocar si las prisas nos acaban por hacer retroceder. Los pasos atrás nos harían pasarlos más.

-La liga empieza a promocionarse, hay televisión y buenas entradas en campos grandes. ¿A cuánta distancia quedan los campos de tierra y las instalaciones precarias?

-No se me hubiera pasado por la cabeza en los inicios. Cuánto le costaba por entonces al club traer gente aquí. Luego ya llegó un tiempo en que no era tan difícil. Al final de mi carrera, ya sí, como mete hoy el Moderno. En los partidos importantes, cuando venían el Añorga, que era un equipo vasco puntero, el Barça, o el Atlético de Madrid, que aún no se llamaba así pero todo el mundo sabía que lo era, cuando venían esos equipos importantes, sí que metíamos gente. Pero no tengo lamentos ni arrepentimientos. Abrimos un camino a las chicas que están jugando ahora. Creo que ellas tienen que saber de dónde viene todo. Cuando entreno, cada vez que llega un grupo nuevo de chicas, les hago ver siempre que las cosas no siempre fueron así y que son unas privilegiadas por tener lo que tienen: entrenadores titulados, un campo en condiciones para entrenarse, material y un un grupo de gente a su alrededor que las puede ayudar y hacer crecer como deportistas y como personas.

-¿Le preguntan mucho por esos orígenes?

-Muchas de ellas sí. Cuando saco el tema y les digo que muchas lo hemos tenido que pasar mal para que las cosas sean así, muchas sí demuestran inquietudes y me preguntan dónde jugábamos, cómo eran los campos, si de verdad eran de tierra... Yo les digo: pues sí, eran de tierra, y no sabéis qué tierra. Yo tuve suerte porque eso solo fue en los inicios. Luego pude estar diez años con la selección nacional de manera ininiterrumpida. Fueron los mejores años de mi carrera tanto en el club como allí con la selección.

-Aquellos campos de tierra para jugar y entrenar. Y solo con agua fría para ducharse y quitarse el barro. Otro fútbol.

-Sí. Agua fría. Pero muy fría. Helada. Y no había más remedio que meterse allí debajo porque acababas llena de un barro negro... Recuerdo que casi había que tirar la ropa interior de un partido para otro porque no había forma de adivinar cuál era su color original. Nuestras madres tienen el cielo ganado. Les llevábamos aquella ropa y no sé cómo lo hacían, pero para el partido siguiente podíamos volver a ponerla. Al salir del campo, siempre parecía mejor tirar aquello que llevarlo a casa.

-¿Ya se ha acostumbrado al césped artificial?

-Esto es una suerte. Podemos gozar de estas instalaciones que, en definitiva, también permiten al espectador ver mejor fútbol. Un mal campo te condiciona para todo. En un campo como este puedes ver la verdaderas cualidades de una jugadora. En cambio, en uno malo todo es más difícil para los jugadores, las jugadoras. Aquí sabes que el balón va a botar bien y no va a salir a 40 metros de distancia porque dio con un pico de arena y se fue en otra dirección.

-Había en las cuencas un campo en el que se paraban los partidos para que pudiera pasar la furgoneta del panadero.

-Claro. Y no solo eso. También los entrenamientos mejoran. Tú planteabas una tarea y a veces el propio estado del campo hacía muy difícil que saliera bien. Ahora tenemos la suerte de que cualquier ejercicio es más fácil.

-¿Siempre le interesó la parte táctica? ¿Cómo llegó a ser entrenadora?

-Una vez que dejé el fútbol, aún me picaba el gusanillo. Lo dejé por asuntos familiares, una enfermedad de mi marido. Dejé la selección y el equipo, menos algún partido en casa para seguir ayudando, porque la prioridad era la familia ante el fútbol. Cuando se calmó todo, quería hacer algo y la verdad es que pensé en ser árbitra. Pero lo veía muy complicado. Buf, pensaba que algún día iban a pegarme en un campo y no me apetecía. Ya me había llevado bastantes patadas como jugadora y encima no iba a ponerme para que me pegaran sin haber hecho nada... No, ya en serio, me pregunté cómo podía ayudar al fútbol y me pareció buena idea ser entrenadora, aportar lo que aprendí poner un granito de arena para que las chicas puedan crecer.

-Ser árbitra en categorías inferiores. Ese sí habría sido un desafío.

-Es muy complicado. Todos protestamos al árbitro y queremos tener razón. Pero en las categorías inferiores, con un solo árbitro y sin asistentes, acertar es muy difícil. Nos equivocamos quienes lo vemos desde fuera, así que imagínese ellos, tomando decisiones en décimas de segundo sobre fueras de juego o saques de banda cuando el balón ha salido lejos de donde estaba él. A menudo somos muy injustos con ellos.

-Y para escapar de eso, el banquillo. Pero tampoco es precisamente el lugar más tranquilo del mundo.

-No. Necesitas un corazón a prueba de bombas, es verdad. A veces les digo a las chavalas: me sacáis el corazón por la boca con las cosas que hacéis. Pero luego todo está bien. Estoy haciendo lo que me gusta, me siento una privilegiada por este trabajo. Siempre quise dedicarme profesionalmente al fútbol de una manera o de otra.

-¿Prefiere la formación o le gustaría tener jugadoras ya hechas y pasar a la categoría absoluta?

-Trabajo en la formación y estoy muy a gusto ahora mismo, pero soy una persona ambiciosa. El entrenador que no lo sea, malo. No conozco a nadie que esté entrenando en las categorías inferiores y no quieran entrenar un día al primer equipo. A mí me pasa lo mismo. Ojalá llegue algún día. Pero no será ahora. Tengo compañeros ahí que lo están haciendo muy bien y merecen respeto a su trabajo. Pero ojalá la Federación se acuerde alguna vez de mí. Me estoy haciendo un currículum importante para dar confianza y que en un futuro pueda ser yo la que está ahí arriba. Siempre será una decisión de la Federación, por supuesto, no soy yo quien debe decirlo.

-Va conociendo la casa por dentro y desde abajo. ¿Le gusta especialmente trabajar con un grupo determinado de edad?

-No, eso da igual. Son maneras diferentes de entrenar. Con las chicas más pequeñas tengo que trabajar de una manera distinta, darles la información de otra manera para que la entiendan, pero tengo la formación necesaria para eso. Solo hay que cambiar de mentalidad. Lo importante es coger la experiencia como entrenadora principal de equipos. Para llegar arriba primero hay que pasar por ello.

-Si trabajara en un club y no en la Federación, ¿cambiaría mucho su día a día?

-No tendría nada que ver. Disponemos de poco tiempo para entrenar con las chicas por varias razones. Una es el formato de la liga. Otra, que tampoco puedes separarlas de sus casas durante mucho tiempo, porque no se trata de alejarlas de sus familias y además están en edad escolar. Son muchas cosas. Nos adaptamos a todo eso.

-¿Cómo es pasar un mes con adolescentes en un Europeo o en un Mundial?

-Imagínese. Hemos estado un mes y pico fuera de casa. Separamos a estas chicas de su entorno. No solo de las familias, sino de sus amigas, de sus amigos, de sus colegios. Es complicado. Encima, se van a sentir profesionales del fútbol durante ese mes porque se van a dedicar a ello más o menos en exclusiva. Digo más o menos porque día a día las obligo a tener tiempo de estudio y a hacer las tareas que les envían desde sus colegios o institutos los compañeros y los profesores. Siempre estoy pendiente y encima. Si no, cuando lleguen de vuelta a sus casas no van a poder con todo lo que se hayan perdido durante ese tiempo. Se sacrifican mucho. Tener un campeonato largo viene bien a las niñas porque aprenden a organizarse. Adquieren una madurez mayor que la que tienen las personas de su edad. Tienen que aprender a hacerlo todo: el fútbol, sacar adelante los estudios, tener tiempo para sus amigos, todo.

-A esas edades nunca se sabe quién cuajará.

-No. Por eso no dejo de repetirles que de lo que van a vivir es de lo que estudien. Que no lo dejen nunca. Para ellas, el fútbol es un día a día. A lo mejor ganan dinero con él, pero nunca van a tener el colchón que tienen los chicos que llegan a profesionales y nunca podrán dedicar su vida a no hacer nada. Les inculco que, para nosotros, es tan importante la estudiante como la futbolista.

-Aunque sea muy poco en comparación con lo que mueve el fútbol masculino, ¿se notan ya cambios en el femenino por la entrada reciente de dinero?

-Sí, ya antes lo comentaba. Estamos en una transición que debemos afrontar paso a paso. Me da miedo que queramos ir tan rápido que dejemos de tener los pies en la tierra. No podemos pretender que cambie todo de un día para otro. Hay que subir del primero al segundo, no del primero al quinto de repente. Hay que evitar un retroceso que no nos haría bien. Pero claro que el fútbol femenino está evolucionando. Tiene cada vez más visibilidad. Llega a las casas, la gente lo ve y se engancha. Viene a los campos porque aquí juega el Moderno, ahí juega el Sporting, y la gente se dice 'vamos a verlas porque las hemos visto por la televisión y juegan muy bien'. Se trata de que los medios de comunicación le den importancia para llegar a tenerla.

-¿Llegarán a vivir del fútbol algunas de las chicas con las que trabaja ahora?

-Es complicado. No sé si de aquí a diez años habrán cambiado las cosas tanto como para poder decir eso. Ojalá que sí, pero quiero ser prudente. Necesitamos interesar a muchas más personas, patrocinadores y televisiones para que sea posible. Sobre todo, a patrocinadores. Tenemos que atraer a muchos más. Quizá sea mejor tardar un poquito más e ir con seguridad. Pero al menos estas niñas tienen que poder disfrutar del fútbol profesional.

-La selección se ha convertido en el escaparate. ¿Cómo ha convivido con la atención en los campeonatos internacionales, el Europeo y el Mundial?

-Sabíamos que estaba teniendo repercusión aquí, pero no nos imaginábamos que fuera tanta. Lo ha visto muchísima gente y se hablaba de ello en las redes sociales, pero no éramos del todo conscientes. En la semifinales, y luego cuando llegamos a la final, todo el mundo que escribía desde España, ya fuera a mí o a las chicas, decía que esto era muy grande y nos dimos un poco de cuenta. Pero cuando de verdad nos enteramos fue cuando llegamos con la Copa. Ese recibimiento de la Federación, los medios de comunicación en el aeropuerto, tantas personas y todos los reconocimientos que estamos teniendo. No doy abasto de ir a recoger premios a infinidad de ciudades y comunidades autónomas. No dejan de llamarme. Me esfuerzo por ir a todas, por estar en las mesas redondas a las que me invitan, pero algunas citas coinciden con concentraciones y no siempre puedo. Es muy importante ser agradecido ante los reconocimientos. Donde no voy yo, va alguien en representación de la Federación.

-Puedo dar fe de que, durante el Mundial, vi a los parroquianos ya mayores de un bar despreciar un partido de la liga y pedir al camarero el partido de su Sub 17.

-Eso es lo que nos faltaba, que enseñaran a la gente lo que hacemos. Cuando lo ven, me consta que engancha. Hicimos un Mundial extraordinario, con buen juego, y eso gustó. Si las televisiones nos prestan atención, crearemos afición. Me habla de gente con el concepto de fútbol de hombres. Es algo interesantísimo para nosotras. Es mucho más que un paso adelante.

-En torno a la selección absoluta se generan muchas expectativas antes de cada campeonato, pero no acaba de romper. ¿Qué falta para reproducir ahí el éxito de las más jóvenes?

-Yo creo que hay que esperar y tener paciencia, porque lo están haciendo bien. A veces fallan cosas que no puedes controlar. Estuve en la Eurocopa y caímos en cuartos por los penaltis. Si hubiéramos ganado, se hablaría de otra forma porque podría decirse que nos metimos en las semifinales. Sin embargo, lo que nos quedó fue el mal sabor de boca de irnos eliminadas en cuartos. Excepto en este Mundial, parece que los penaltis no son lo nuestro. Es la primera vez que ganamos una tanda. Sin embargo, vengo de un torneo de desarrollo con las chicas de la Sub 16, no hemos perdido un partido y, sin embargo, los penaltis han decidido que no ganáramos.

-Es muy del fútbol español, no solo del femenino.

-Sí, creíamos que se había acabado ya pero parece que la racha sigue.

-No hemos hablado aún del fútbol que le gusta. ¿Tiene debilidad por alguna táctica, por el juego de algún equipo?

-Veo mucho fútbol, claro. De chicas y de chicos. Me encantan los equipos que hacen lo que nosotras, que intentan combinar, que hacen ese fútbol de toque que nos gusta. Intento coger lo bueno que veo en otros equipos, aunque no hay ninguno que idealice. Hombre, sí puedo decir que me gusta el Barça porque me gusta lo que hace, su juego y muchos de sus jugadores. Hacen lo que yo quiero en un equipo. Con los entrenadores, me pasa lo mismo. Intento coger lo bueno de muchos, no sabría con cuál quedarme si me pregunta solo por uno. Lo meto todo en la mochila para intentar crecer.

-¿Puede jugar su equipo exactamente igual que uno masculino o debe adaptarse, no por talento, sino por capacidad física?

-La única diferencia es la fuerza. Cada vez se nota menos. Ya se ven chicas capaces de hacer desplazamientos tan largos como los chicos, pero es cierto que todavía no nos podemos comparar. Tampoco queremos. Tenemos otras aptitudes y otras virtudes para suplir esa fuerza. Intentamos apoyarnos en corto. Pero al final todo es fútbol. No me gustan muchos las comparaciones.

-¿Trabaja otras cosas en los entrenamientos?

-Eso sí. Porque si nos comparamos con otro equipos femeninos europeos, sus jugadoras tienen capacidades físicas mayores que las nuestras. Una de las mías no puede entrar en el juego de una alemana. Las nórdicas se parecen más a los chicos porque juegan más con la fuerza. Nosotras, en cambio, tenemos más técnica, más talento. Necesitamos ser más listas y no dejar que el partido sea como quieren ellas. Si todo es correr adelante y atrás, adelante y atrás, mi equipo se va a desgastar. No vamos a poder. Lo que necesitamos es tener el balón para que se desgasten ellas. Para eso tenemos que estar bien posicionadas. Así saldremos de la presión, jugaremos a los que queremos y podremos llevar el balón de un lado a otro con cambios de orientación, mover a las rivales y cansarlas.

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