El oval de la felicidad

El rugby femenino avanza en España, muestra un nivel de primera fila mundial y tiene raíces en el Oviedo, un equipo clásico de la competiciones nacionales con un espíritu de familia

El equipo femenino del Oviedo Rugby
El equipo femenino del Oviedo Rugby

Redacción

Al rugby se llega por caminos muy distintos, pero una vez que se ha pisado el campo del Naranco, incluso en esos momentos del año en los que tiene más de piscina de barro que de extensión de césped, nadie deja de volver. La ciudad tiene una tradición asentada de lugar acogedor para el oval. Aunque la comunidad de practicantes sea pequeña, hay en ella suficientes espacio para dos clubes y para un repertorio de mujeres que cultivan su afición sin desfallecer. El equipo femenino del Oviedo Rugby es un clásico de las competiciones autonómicas y nacionales, se alimenta de la cantera que se trabaja en los institutos y, últimamente, recibe refuerzos por vía de la maternidad. Un puñado de madres de los niños que se incorporan a la escuela infantil han visto disfrutar a sus hijos, se han sentido atraídas por la camaradería de un deporte que fomenta el concepto de equipo dentro y fuera de la cancha, han pisado la zona de ensayo y no están dispuestas a quedarse sin el ciclo de entrenamientos y partidos que da forma a una temporada.

Guiomar Magdalena lleva 25 años en el mundillo. Es jugadora desde que descubrió el rugby en una clase de educación física cuando estaba en el instituto secundaria y ahora es también entrenadora en el Oviedo y en las selecciones asturianas de categorías inferiores. «No puedo pasar sin ello. Me gustan la camaradería, el sacrificio y la manera en que compruebas que esforzarse da resultado. Unas cosas y otras te van enganchando, pero no sabría decir cuál de ellas me atrae más. Es todo a la vez», explica.

Es un buen momento para el rugby femenino en España gracias a los éxitos del equipo de seven (siete jugadoras en lugar de las quince de un partido típico) en los Juegos Olímpicos de Río y en el reciente Mundial de la especialidad. «Este deporte ha evolucionado mucho en los últimos años en cuestiones de igualdad y respeto a las mujeres. Nuestros buenos esfuerzos nos ha costado. Y en España el combinado femenino tiene mejor palmarés que el masculino y hay que ensalzar que llegaran a los Juegos. Luchan contra las mejores con un presupuesto mínimo», añade Magdalena.

Otra veterana del rugby en Oviedo es Yasmina López. Después de 23 temporadas, desde la adolescencia hasta pasados los 35 años, decidió dejar de jugar, pero no ha perdido la vinculación con el equipo. Se ocupa de la relación con los medios de comunicación y alimenta la constante publicación de fotos y textos en los perfiles del club en las redes sociales. Son tres o cuatro horas de dedicación diaria que suma a su trabajo, porque la estructura del rugby, en los mejores casos, solo es semiprofesional. «Lo bueno es que ya se ha acabado con esa idea antediluviana de que los únicos deportes de equipo posibles para las mujeres eran el voleibol y el baloncesto. Lo malo es que nos faltan instalaciones de calidad. Solo hay un campo en Asturias que esté de verdad en condiciones, a pesar de que el rugby, sumado el masculino y el femenino, mueve cientos de fichas», reflexiona.

Lucía representa a las recién llegadas, esas madres que primero apuntaron a sus hijos y después pensaron que ellas también se lo merecían. «Me vieron un día jugando con los críos, me lo propusieron y ni me lo pensé. Siempre me había gustado, pero con ocho años prefirieron apuntarme a ballet, que no era lo mío. Mi hijo está aquí desde los cinco. Con sus valores y su cultura de club, este deporte es buenísimo para el desarrollo de los chavales», explica. El club entero es un clan y solo le ve una pega a esa pasión familiar por el rugby: la cantidad de barro que genera en el clima lluvioso de Asturias. «Entre unos y otros la cantidad y la suciedad de las lavadoras en casa no es normal», bromea. Es un precio ínfimo que paga encantada cada vez que pisa el césped con sus compañeras.

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