Nacho Cuesta: Por amor a Oviedo


Oviedo

A Ignacio Cuesta no le gusta que le llamen Ignacio, todo el mundo le llama Nacho. Caminar con él por Oviedo con prisa es misión imposible teniendo en cuenta que se para cada cinco metros a charlar con alguien, o le paran para saludarle y darle su apoyo en esta campaña. Sus 47 años sorprenden a muchos que le creen más joven, y es que su energía desbordante es más propia de un veinteañero que de un padre de familia con más de veinte años de trabajo ya a sus espaldas. Abogado, padre de un adolescente de quince años y de una niña de doce, divorciado, y ovetense de toda la vida. Ha sido decano del Colegio de Abogados, el decano más joven de España, y ha dejado el cargo con la satisfacción del deber cumplido: haber colocado a esa institución entre las más prestigiosas de España. Aterriza en Ciudadanos con algo que le diferencia de otros: sin poner condiciones ni exigencias previas, él es nuevo en esto.

Su hija Marina le decía que no se metiera en política, pero él lo hizo, como independiente, precisamente por ella, por su hermano Rodri, por chavales como ellos, porque quiere que tengan un futuro en esta ciudad. Pertenece a una generación, la de «yo fui a EGB» que tuvo que emigrar en masa para encontrar un trabajo y sueldo digno, esas «leyendas urbanas» que negaron algunos desde su despacho en Suárez de la Riva o esos «Asturianos en Madrid», que siguen quedando para hacer Fabadas Dance y beber sidra aunque más allá de Pajares ya no sepa igual.

Nacho es hijo de Miri, catedrática de química del Instituto de la Ería, y Juan Ignacio, químico, directivo de Explosivos Río Tinto, el mayor de tres hermanos. Un niño inquieto, obediente y travieso a la vez, siempre escalando árboles y tentando la suerte, como demostraban las permanentes heridas de guerra que lucía en cara, brazos y piernas. Nacho pertenece a una familia unida, más si cabe desde que la desgracia les golpeó cuando una de sus hermanas, Cristina, falleció con sólo 25 años víctima de un aneurisma cerebral. Su otra hermana, Bea, trabaja en Madrid en una televisión nacional como periodista y siempre que vuelve a Oviedo se reúnen todos para compartir mesa. Nacho también comparte un viaje al extranjero casi todos los años con sus padres, por Europa, a la nieve, o como el que hizo con ellos el otoño pasado a Guatemala. De hecho, la Antigua guatemalteca es uno de sus lugares preferidos del mundo.

«De niño travieso a decano de los abogados»

Si algo caracteriza al que aún es director de la Escuela de Práctica Jurídica de Asturias es su extrema sociabilidad, excelente conversador, el que siempre rompe los silencios incómodos en comidas y cenas. Una sociabilidad y buen carácter que seguro tiene mucha culpa de que pueda contar con muchos más dedos que los de sus dos manos a sus amigos, los de toda la vida y los de la profesión. Amigos con los que pasó veranos interminables en Luanco, durante casi 20 años.  Amigos del colegio, público, el Baudilio Arce, con los que luegás o se hizo mayor en el Aramo.

Nacho siempre ha tratado de inculcar a sus hijos sus dos pasiones: el deporte y la cultura. El deporte que más practica es correr, le gusta salir con su perro Grand a hacerlo por el parque de Invierno o por el Naranco. Y en el plano cultural, la música, con gustos eclécticos, desde los grandes éxitos de María Dolores Pradera o los Versos del Capitán, interpretados por Olga Manzano y Manuel Picón, que escucha siguiendo la tradición de su madre, a grupos del circuito indie actual como Love of Lesbian o Vetusta Morla, pasando por la ópera, de la que se declara fan absoluto, no en vano es socio de la de Oviedo desde hace muchos años. Y si tiene que elegir se queda con Wagner. Gran lector, a pesar del poco tiempo que tiene para hacerlo, disfruta releyendo los títulos de nuestro Premio Príncipe de las Letras, Paul Auster, sobre todo Brooklyn Follies, o «El último encuentro», del húngaro Sándor Márai. Y aunque no es un gran cocinillas, dice que no se le da mal la receta materna de las patatas con langostinos que hace tirando de llamada telefónica a Miri. A Nacho le gusta la carne, la ternera asturiana, y si tiene que elegir una bebida, se queda con el Pisco del Malasaña, al lado de Porlier. Está deseando que la ciudad pueda volver a vibrar con los grandes conciertos de San Mateo, como los que él disfrutó en su día, con un recuerdo muy especial al de los Beach Boys. Y hay un rincón para él especial en la ciudad, la Corrada del Obispo, escenario de muchos buenos ratos.

Nacho Cuesta es un enamorado de Oviedo, de sus tiendas, bares y restaurantes de siempre. También un gran aficionado a sus equipos deportivos, socio del Oviedo desde hace muchos años, no se pierde un partido, y también del Oviedo Baloncesto, con cuatro abonos para toda la familia. Equipos que lleva en el corazón y por los que sufre cada fin de semana, pero a los que nunca traicionaría por mal que les vaya.

Ahora le toca mirar a la ciudad de otra manera, con esos nervios sanos de quien se visualiza a sí mismo haciendo cosas importantes. Cosas como poder gobernar tu ciudad, la que quieres para tus hijos y para los nietos de tantos abuelos preocupados por la deriva que está tomando. Pero si algo tiene Nacho es optimismo, fuerza y seguridad en su equipo y en su programa. Un tándem perfecto para conseguir ese Oviedo del futuro que todo lo puede, la ciudad que tiene que ir hacia adelante y nunca hacia atrás, ni para coger impulso.  

* José Luis Costillas, secretario de comunicación de Ciudadanos

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