Todos los secretos que alberga el Campo San Francisco de Oviedo

Naturaleza, fuentes, esculturas y mucha historia en los 90.000 metros cuadrados que tiene el parque

Gente pasea por el Campo San Francisco
Gente pasea por el Campo San Francisco

Oviedo

El cemento ha ganado la partida a las zonas verdes en todas las ciudades españolas. El afán constructivo y las excavadoras han conquistado terreno poco a poco hasta configurar unas urbes en las que los materiales de construcción presiden las zonas más cotizadas. Oviedo también ha sufrido estos excesos y la piqueta se ha llevado pr delante una buena parte de sus tesoros naturales y patrimoniales, pero conserva una de sus joyas en el corazón de la ciudad. Es el Campo San Francisco, un parque de 90.000 metros que sobrevive desde el siglo XIII.

De esos 90.000 metros cuadros, el equivalente a nueve campos de fútbol, 55.000 son zonas verdes. En ellas crecen casi mil árboles, alguno de los cuales tiene más de un siglo. El origen del campo se remonta a la construcción de un monasterio franciscano levantado donde hoy se encuentra el edificio de la Junta General del Principado, en la calle Suárez de la Riva. Era el siglo XIII y el campo fue un conjunto de huertas que eran propiedad del cabildo, de otros conventos y algunos particulares.

La titularidad privada se mantuvo hasta 1534, cuando los representantes de la ciudad y el cabildo decidieron convertirlo en un espacio de uso público. A pesar de esta decisión, no fue hasta el siglo XVIII cuando se abrió el Paseo del Bombé. Posteriormente, en el siglo XIX, se construyó el Paseo de los Álamos como vía ajardinada paralela a la calle Uría. El mosaico del paseo, ahora en mal estado y pendiente de reparación, es obra de Antonio Suárez.

En la actualidad, el parque tiene multitud de usos. Tal y como recoge el ayuntamiento en su página web, cuenta con varias zonas de recreo para los niños. Además, a lo largo de esos 90.000 metros cuadrados pueden verse multitud de fuentes y esculturas. Entre ellas, La Fuentona, la de Las Ranas o la de El Caracol. Otro de sus encantos es el quisco de la música, una obra de Juan Miguel de la Guardia del ao 1899 que se encuentra en fase de restauración. El campo también esconde la portada románica del templo de San Isidoro o los monumentos dedicados a Clarín, José Tartiere o Sabino Fernández Campo.

Pero el campo ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos y prueba de ello es que allí se encuentra uno de los símbolos más modernos de la ciudad. La estatua de Mafalda, el personaje más famoso creado por Quino, que tiene su escultura frente al estanque de los patos desde 2014, año en el que se concedió el Premio Príncipe de Asturias a su creador. El autor de la obra es Pablo Irrgang y la escultura es igual que otra ubicada en Buenos Aires.

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