Una ciudad de mezclas

Raúl Álvarez REDACCIÓN

OVIEDO

La apertura de coctelerías se acelera en Oviedo al calor de las innovaciones de una nueva generación de creadores de sabores nuevos. El cambio en los hábitos de unos consumidores más diurnos y partidarios de la calidad antes que de la cantidad estimula la experimentación

11 jun 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Aún resulta prematuro anunciar la jubilación del vaso de tubo, las tres piedras de hielo y la convivencia no siempre grata de un licor y un refresco industrial. Pero no es demasiado pronto para afirmar que esa forma rutinaria de describir las copas servidas en una barra da muestras de fatiga. Oviedo asiste en estos meses a una multiplicación en las aperturas de coctelerías y establecimientos especializados en vermús que da testimonio de un cambio de gustos en los consumidores y de la llegada a la ciudad de una nueva forma de salir y beber. ¿Es un boom, un crecimiento acelerado y efímero que pasará de moda a la misma velocidad con la que ha llegado? Quienes trabajan por sacar adelante esos locales creen que no. Se han instalado con vocación de permanencia, han hecho inversiones a largo plazo y tienen la convicción de que, además de la noche, puede trabajarse el día y llegar a un tipo de cliente que no sale de casa con la intención de atiborrarse de alcohol, sino de tomarse una o dos copas bien preparadas o de optar por las opciones para abstemios que no dejan de ganar espacio en sus cartas.

Dentro de la variedad ilimitada de los cócteles, en la que al repertorio clásico se ha añadido en los últimos años una enorme aportación de creaciones salidas de la imaginación y la mano de una generación de innovadores, un rasgo común que explica su éxito y su atractivo actual es su instagramabilidad. Pueden servirse en copas de cualquier forma y tamaño, pueden presentarse de manera espectacular y, además, su colorido realza su valor como imagen. En la red social de las fotos preciosas tienen la atención garantizada. Pero eso no es todo. A menudo, Instagram es solo la puerta de entrada por la que nuevas promociones de clientes muy bien informados acceden al el mundillo de la coctelería y deciden ir mucho más allá del umbral. Quienes los atienden lo notan. A muchos ya no es necesario explicarles qué se esconde tras los nombres, sugerentes pero no siempre explicativos, de sus creaciones. Llegan con los deberes hechos y bien informados por un montón de indagaciones en Internet antes de encargar sus tragos.

A media tarde

«A la gente le gusta experimentar y probar cosas nuevas. Seguimos poniendo gin fizz y mojitos, pero a partir de ahí introducimos variaciones y cosas más complicadas. Y los clientes nos siguen. Les gusta evolucionar», diagnostican a dos voces Saúl Vega e Iván Vázquez, los dos socios que han puesto en marcha Mala Saña en el rincón donde, de forma muy pertinente para un bar de cócteles, se tocan y se mezclan las plazas de Porlier y Juan XXIII. El local se llena por la tarde, a esa hora antes del anochecer que quienes a todo le buscan anglicismos llaman after work, y en los mediodías despreocupados del fin de semana, que son el momento de unos vermús cada vez más populares. Tanta afluencia les hace ya pensar en expandirse a un local contiguo. «La gente viaja y se encuentra este tipo de propuestas cuando visita ciudades europeas como Londres, Roma o Dublín. Cuando vuelve a casa, se pregunta por qué no va a tomarse aquí lo mismo que puede pedir en cualquier lugar del mundo», apuntan para explicar su éxito.