Al principio fueron las compuestas, ese cóctel  que llegó de Cuba y se asimiló en Asturias con la facilidad de un indiano. Ginebra, soda, azúcar, limón y angostura, aunque se encontraban también variedades: en vez de limón, curaçao; en vez de azúcar, vermut. Llegó al Principado a principios del siglo XX y se popularizó en los años 50 y 60. Cuentan que Perico Chicote, el barman español que convirtió la Gran Vía madrileña en un Sunset Boulevard de achicoria y racionamiento, preparaba una compuesta excelente, que él consideraba «un cóctel asturiano».  Con el tiempo la compuesta devino en combinación o combinado o en un jáibol (high ball en EEUU), exigido en las protodiscotecas, en aquellas boites de los 70 a ritmo de Giorgio Moroder. Es decir, un trago largo que combinaba un destilado con un refresco y hielo: el cubalibre entre otras muchas variantes. El cubata seminal.  

¿Coctelería en Oviedo? Antes de la Guerra Civil, el café Español y el de la Paz ya ofrecían la compuesta en su carta, según detalla Eduardo Méndez Riestra en su monumental  Diccionario de cocina y gastronomía de Asturias (Ediciones Trea). En la década de los 50, Antonio Robles y José González (Pepe)  elevaron el listón del cóctel en el Café Astoria o en la cafetería California (en la calle Palacio Valdés) y los carbayones más maduritos recuerdan los combinados del Real Automóvil Club, del Club de Tenis o del Kótel, un local regentado por la modista Luz Cuesta en la calle Uría, 1. Continuaron la obra bartenders como Tino Montesina en el Logos y el Oxford de la calle San Francisco, Manuel Gallego en la cafetería San Diego de la calle González Besada o Tino Montero en la cafetería Wolff de Arquitecto Reguera. Ellos fueron los precursores y todos recordamos también a Miguel Rodríguez  en su pub Miguel  o a Tomás Aparicio en su Martana de Arquitecto Reguera. Son los pioneros de una generación de barmen que han surgido en la capital de Asturias con nuevo brío y maneras. Las raíces ya existían y ahora se han multiplicado como un rizoma.

Oviedo es ahora una capital del cóctel adaptado al siglo XXI. El trago largo o corto, con y sin alcohol,  objeto de experimentación, de nuevas fórmulas en las que priman la calidad frente a la cantidad. También en nuevos horarios y en nuevos formatos. El cóctel ya no es bebida de búhos o noctámbulos, sino de alondras, de tardes o anocheceres. Los nuevos creadores hablan en Ovetenses, el suplemento en papel de Lavozdeasturias.es. En estas páginas también describimos la nueva vida marchosa de La Ería, preguntamos sobre el futuro de la Fábrica de Gas, damos un paseo por los jardines secretos de la ciudad y nos ponemos las zapatillas para correr por las rutas más pisoteadas de Oviedo. Edu Galán nos aporta su visión ácida e irónica de la capital y con Dely Valdés, una gloria histórica del Real Oviedo, recordamos las intimidades de un goleador en el Tartiere. Pasen y lean.

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El buen trago de Oviedo