S.D.M
Redacción

Cada vez que un incendio arrasa el monte asturiano se disparan las alarmas. Las imágenes de los bomberos intentando sofocar las llamas se viralizan casi a la misma velocidad que avanza el fuego y la sociedad clama para que se tomen medidas. En esos momentos, el único objetivo es controlar la situación, pero una vez conseguido se repite el debate sobre la forma de evitar que vuelva a ocurrir. Aunque no siempre son conocidas, el Principado tiene en marcha medidas de prevención, y una de ellas es la creación de un índice diario en el que fija el riesgo de incendios forestales por concejos. El Instituto de Recursos Naturales y Ordenación del Territorio de la Universidad de Oviedo (Indurot) es el encargado de elaborarlo.

Los encargados de realizar el índice son Gil González Rodríguez, doctor en Estadística, y Arturo Colina, doctor en Geografía, y los trabajos los desarrolla el Área de Estadística del Indurot con el apoyo del de Ordenación del Territorio. Se calcula diariamente para el día siguiente y se toma como base la metodología del denominado índice canadiense (el FWI) que estima la humedad del combustible, la biomasa forestal muerta -a partir del análisis de la evolución de diversas variables meteorológicas-, y las previsiones de viento. «El índice expresa la potencial intensidad que tendría un incendio en expansión, lo que podríamos considerar indicativo de la cantidad de energía que se desprendería en el frente de un incendio», explica González.

Las variables meteorológicas que intervienen en el cálculo son la lluvia caída en las 24 horas anteriores, la humedad relativa del aire y la temperatura. «El procedimiento de cálculo es bastante complejo», prosigue González, quien detalla que «a las 9.00 horas de cada día se recogen los datos meteorológicos registrados por la AEMET en las estaciones que tiene ubicadas en Asturias, más los de algunas limítrofes, así como las predicciones meteorológicas que proporciona la propia agencia para cada concejo». A partir de los datos observados, «se recalcula el índice del día anterior, estableciendo el punto de partida para el cálculo del índice meteorológico del día siguiente utilizando para ello los datos de previsiones», afirma.

Aunque todo este procedimiento ya es complicado, en el índice final entran en juego más variables. «Dado que los incendios en Asturias no tienen un origen meramente natural sino fuertemente antrópico», señala González, este índice meteorológico se modifica «para incluir en el cálculo del valor final el factor humano de forma que se adapte mejor a la realidad asturiana y resulte más operativo». Para ello se incorporan al modelo datos sobre la distribución de la ocurrencia de los incendios a lo largo del año por concejos. De esta forma el índice canadiense se ajusta según la época del año, teniendo en cuenta la recurrencia mensual de incendios por zona en los últimos 20 años (cuántas veces se han producido incendios en esa zona).

En este sentido, Colina argumenta que en Asturias, a diferencia de lo que suele ocurrir en el resto de España, las épocas más conflictivas en lo que a incendios forestales se refiere son la segunda quincena de marzo -sobre todo en el oriente de la región- y la segunda de septiembre -en el oriente y en el occidente-. Por ello, defiende que los índices no pueden elaborarse solo con un componente meteorológico, sino que deben tenerse en cuenta los elementos operativos, como son las épocas en las que se realizan las quemas de los particulares o la información que aportan los servicios de las guarderías.

Este es otro de los elementos clave, ya que además de los cálculos matemáticos, el actual índice ha sido ajustado y calibrado con las valoraciones que, durante dos años, realizaron diariamente los Guardas Forestales de Asturias a partir de observaciones sobre el terreno. Durante ese periodo, cada guarda mayor recopiló información de la zona. El documento estaba elaborado en base a su propia experiencia y a sus impresiones. «Este trabajo fue muy interesante, ya que por primera vez juntaba la parte teórica con esa práctica», explica Colina.

Aplicación de medidas

Una vez calculado, el índice se gestiona a través de una aplicación web desarrollada al efecto. Mediante esta herramienta, los técnicos de la sección de Guardería y Prevención de Incendios pertenecientes a la Dirección General de Montes e Infraestructuras Agrarias valoran el índice municipal obtenido e incorporan, en caso de ser necesario, las alertas por contaminación, concurrencia o peligrosidad incendios activos. 

Una vez validado por el personal técnico de la consejería, el índice se distribuye mediante correo electrónico, además del personal de la guardería de medio natural, a diversos organismos, (112, Bripas, Seprona, etc.) y a los medios de comunicación para su difusión al público.

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Así se elabora el índice de riesgo de incendios forestales en Asturias