Enganchados al camino por los pies

Miles de peregrinos hacen parada en Oviedo para continuar la ruta hacia Santiago de Compostela

Albergue de peregrinos de Oviedo
Albergue de peregrinos de Oviedo

Oviedo

Cae la tarde y los peregrinos regresan al albergue tras un paseo rápido por la ciudad para cenar ligero y descansar. Al amanecer les espera una nueva aventura. En unas horas toca madrugar, desayunar y continuar ruta. Muchos se rencontrarán, caminarán juntos, y otros afrontarán nuevos retos en un futuro próximo. El camino, el que lleva a Santiago de Compostela, une. Y lo hace de manera muy especial. Teje una especie de red entre los que comparten pasos. Lo hace entre los peregrinos y también con Oviedo. Por dos motivos: la ciudad es origen del Camino Primitivo (desde aquí partió Alfonso II El Casto en el siglo XI para visitar en Santiago de Compostela la tumba del Apóstol), y además es visita obligada. Entre los peregrinos no hay duda: “quien visita Santiago y no visita El Salvador, visita al criado y no al Señor”.

El albergue municipal, situado en una de las alas del Seminario Metropolitano y que desde hace años gestiona la Asociación Astur-Leonesa del Camino de Santiago, recibe cada día a decenas de peregrinos de múltiples nacionalidades. Es como una Torre de Babel donde cada uno porta una mochila distinta. El verano es el periodo de mayor afluencia. Es un espacio lleno de vida, donde se entremezclan historias. Como la de Inés y Sophia (alemanas que se han conocido en Oviedo), o la de la belga Franzi, que después de años trabajando como médico en su país quiere descubrir en el camino si quiere dar un giro a su vida. A Joseppe Porta le ha cambiado y con el de este verano ya son siete los caminos que ha realizado. Los cuatro amigos esperan a Cacho González (argentino) que viaja con su mujer, y a José Antonio Marín, el español del grupo que necesita comprar botas para poder continuar ruta. Las que traía están destrozadas. Los pies son lo que más sufren el camino. El corazón el que más lo disfruta. “El camino engancha, te atrapa”, confiesan. Se acaban de conocer y ya comparten confidencias como si fueran viejos amigos. “Es algo inexplicable que solo entiende aquel que ha hecho el camino”, explican.

El peregrino echa a andar en verano

Solo el verano pasado el albergue municipal recibió la mitad de los 6.600 peregrinos que se hospedaron todo el año. Es una  pequeña muestra de lo que representa el Camino de Santiago en Oviedo. “Hay otro tipo de alojamientos y otros optan por hostales, hoteles, apartamentos y otro albergue”, detalla Pablo Sánchez, tesorero de la asociación. Es decir, son muchos más los que hacen parada en la ciudad. Cada vez que llega un peregrino el procedimiento es el mismo. Se le toman los datos, se sella la credencial, abonan seis euros por dormir y se les muestra su habitación (dispone de 66 plazas distribuidas en 14 habitaciones) y el resto de equipamientos. Hay duchas, zona de lavandería y secadora, baños y una sala de comedor provista de un microondas, dos neveras y varias máquinas expendedoras de snacks y bebidas. Darse una ducha es lo primero que hace Gabriel Moreno nada más ordenar sus cosas en la habitación. A sus 41 años ya ha hecho diferentes caminos (el del Norte, el Francés, el de la Vía de la Plata y el Sanabrés). La primera vez que echó a andar fue en 2014, “me enganchó, me cambió la vida, me enseñó a valorar las cosas de otra manera, soy menos materialista y más práctico”, reconoce entusiasmado. Esta vez recorrerá el Primitivo tras una primera etapa desde Valdediós.

A las nueve de la mañana tocan diana y los peregrinos deben comenzar su camino. La mayoría arranca antes. Prefiere madrugar y disfrutar de la ruta. No saben lo que les va a deparar la nueva etapa. Forma parte de la magia del camino. A cambio los peregrinos dejan su huella en Oviedo. Y a veces, incluso, sus zapatos.

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