Los cinco imprescindibles de San Mateo

En el año 1862 el cartel de las fiestas de Oviedo anunciaban dos días de festejos. Desde entonces hasta hoy, la historia de San Mateo se escribe con muchos capítulos que han diseñado más de una semana de fiesta, una cita única del calendario de la ciudad y de Asturias


Oviedo

Nada de lo que hoy es San Mateo es casualidad. Todo tiene un por qué y una historia detrás que ha ido cogiendo forma con los años. Las fiestas de los ovetenses son chiringuitos, son conciertos, es el tradicional Día de América en Asturias, el Bollo y el ambiente festivo que durante más de una semana envuelve la ciudad. Pero, ¿a quién debemos los ovetenses nuestras fiestas patronales? El primer documento del que se tiene constancia en el Archivo Municipal data de 1862. Es un aviso del alcalde, fechado el 11 de septiembre, que anuncia los festejos durante dos días: el 20 y 21. Poco tiempo después, las fiestas se adueñan de una jornada más y el programa abarca tres días. Entonces los carteles alcanzaban los tres metros de altura y se colocaban a ojos de todos en los antecesores de los mupis.  Ese año se recuerda por la inauguración del teatro Campoamor que curiosamente volverá a tener protagonismo, años después, en el San Mateo de finales de los años 40. Pero vamos por partes. 

Lo primero es saber que San Mateo no es el patrón de Oviedo. Es San Salvador, pero quiso la casualidad que la Iglesia celebrara su día el 21 de septiembre, lo que allanó el camino para celebrar entre amigos la Perdonanza tras una semana del Jubileo de la Santa Cruz. Así que al final, San Mateo se adueñó de los festejos después de que fuera el elegido por los ovetenses y las gentes de fuera de la ciudad como protector de los jolgorios de la ciudad. Y así comienza la historia de amor que une a Oviedo con San Mateo. De los festejos de finales del siglo XIX poca huella queda en la ciudad. El Archivo Municipal almacena pocas referencias de los festejos. A partir de ahí, todo está documentado y hay referencias para entender por qué las fiestas patronales de los ovetenses tienen su sello particular. Y es que detrás de cada actividad que hoy vemos como algo normal, existe mucho trabajo y mucha implicación de ovetenses que el escritor Adolfo Casaprima refleja en su libro donde recupera la historia de la SOF (Sociedad Ovetense de Festejos), medio siglo de tambor y gaita,  un documento que no pierde detalle del esfuerzo de parte de la sociedad ovetense para recuperar un festejo apagado tras la guerra civil que asoló el país. 

Esta la historia de los cinco grandes momentos de San Mateo que de una forma u otra han consolidado lo que hoy son nuestras fiestas, las que como cada septiembre, reciben la visita de asturianos y de turistas de otras regiones. Una cita que despide el verano ovetense. 

El primer año de la SOF

Hace más de 62 años comenzó su andadura de la Sociedad Ovetense de Festejos. Fue en el año 1947, el 31 de octubre, un mes después de que en un céntrico café del Oviedo de finales de los 40 un grupo de amigos pusiera en marcha las ideas para constituir una sociedad dedicada a programar las fiestas de San Mateo. Las primeras, las del primer año de su constitución, contaron con un presupuesto de medio millón de pesetas (de las que 75.000 las aportó el Ayuntamiento). Ese año los ovetenses pudieron disfrutar de feria taurina, verbenas, fuegos artificiales, actividades deportivas (como un concurso nacional de saltos en La Corredoria), competiciones de turo al plato) y actos religiosos. 

Las tormentas que caían en la ciudad días antes de comenzar las fiestas no hacían presagiar muy buenos augurios. Sin embargo, el sol acompañó a los ovetenses durante sus fiestas. El primer año de la SOF como organizadora pasó a la historia por tres acontecimientos: porque comenzó la retirada de los andamios de la Catedral tras su rehabilitación y la ciudad pudo volver a admirar la Basílica y porque se inauguró el Teatro Campoamor tras su reconstrucción y porque se cumplía el 1100 aniversario de la consagración del Palacio de Ramiro I, conocido como Santa María del Naranco. ¿Cómo se celebró? Eligieron una gran cabalgata con carrozas que representaban construcciones de los monarcas asturianos, un desfile que se llevó a cabo con antorchas desde el Naranco hacia la Catedral.

Los Desfiles, antesala del primer Día de América en Asturias

El año 1949 y el 1100 aniversario del palacio de Ramiro I fueron, en gran medida, el germen de lo que hoy conocemos como el Día de América en Asturias que cada año congrega a decenas de carrozas, actuaciones musicales, grupos folclóricos y a miles de ovetenses y asturianos que no quieren perderse el desfile. Aprovechando el éxito de las carrozas, la SOF decide programar desfiles en distintos actos con éxito. Así, aparecen carrozas con plataformas engalanadas, con gigantes y cabezudos y con coches particulares de socios del Real Automóvil de Asturias. 

Precisamente la invasión de cientos de haigas en la celebración del 1100 aniversario de todos los rincones de Asturias, junto a la decisión de erigir un monumento en exaltación al emigrante asturiano en Hispanoamérica y la construcción del Hogar del Emigrante puso en valor la figura de los asturianos que dejaron su tierra en busca de un futuro. En este escenario nace el Día de América en Asturias que esta edición cumple su 69 aniversario. El 23 de septiembre desfilaron por las calles de la ciudad 12 carrozas, medio centenar de haigas, bandas de música, grupos de folclore. Hasta la capital llegaron miles de personas, muchas de ellas en los trenes especiales que se pusieron en marcha para todos los asturianos. 

‘La Aldea’ fue la encargada de abrir el desfile. Construida en talleres de Ciudad Naranco, representaba una estampa campesina con quintana, hórreo, vara de hierba y una portilla donde el joven emigrante se despide de sus seres queridos. ‘El desembarco’, la segunda carroza es el puerto de La Habana, ‘América’, ‘El Regreso’ o ‘España’, esta última cerraba el desfile. Fue obra de la Fábrica de Armas de Oviedo y mostraba todos los símbolos que entonces representaban la nación como castillos, leones.. y con los escudos de Oviedo, Asturias y España.

El éxito fue tal que no hubo discusión y se convirtió en uno de los imprescindible de las fiestas de San Mateo. Solo cuatro años después de que comenzara, su andadura más de 100.000 personas llegaron en 108 autocares y 1200 coches a Oviedo para no perderse los haigas y las carrozas. Ese mismo año se engalana por primera vez la calle Uría con banderas de todos los países y se instalan las sillas.

Los bailes en La Herradura

No hay festejos sin baile. Desde sus inicios la música estuvo presente en San Mateo. El 12 de septiembre de 1952 abre sus puertas una nueva sala de baile en pleno corazón del campo de San Francisco, en el paseo de La Herradura. Con los años, los que lo recuerdan cuentan que La Herradura llegó a estar al nivel del Florida Park de Madrid. Con una programación musical que se prolongaba más de un mes, por su escenario desfilaron grandes figuras del mundo musical del momento. Se convirtió en uno de los focos recaudadores de la sociedad. Según recuerda el libro de Casaprima, en el año 1959 más de 29.600 personas disfrutaron del baile en La Herradura. Un importante número de personas que dejaban en consumición alrededor de 7,5 pesetas y abonaban una entrada de 10.  Para hacerse una idea de las cifras que manejaba el baile, solo seis años después doblaba el número de visitantes. La recaudación rozaba el millón de pesetas de la época. La idea de cubrir La Herradura ya rondaba en 1962, una propuesta que salió adelante para evitar tener que suspender conciertos a causa de la lluvia.  

Por el escenario del campo de San Francisco desfilaron las grandes estrellas de la época. Los Relámpagos, la cantante Betina, Cecilia, Juan y Junior, un joven Raphael… De hecho, la visita de Juan y Junior fue recogida por los medios de la época. Cuentan las crónicas que fue de tal envergadura el recibimiento de las jóvenes que ansiosas de un autógrafo de sus ídolos obligaron a los cantantes a salir por una puerta de servicio para evitar avalanchas. 

Los chiringuitos la gran novedad de 1983

Son sin duda la mayor seña de identidad de las fiestas de Oviedo. Nadie lo hubiera imaginado en aquel 1983. Cumplen en esta edición 36 años desde que las primeras casetas inundaron las calles de la ciudad. Y eso que causó un gran revuelo entre los hosteleros y existía el compromiso verbal de que iba a ser solo cosa de un año. ¿Cómo surgió la idea? Llegó de la mano de Felipe Fernández para imitar el modelo de Bilbao. Lo había conocido durante sus años de estudiante junto a su hermano en la capital vasca. Se trataba de invitar a asociaciones y colectivos a participar en la fiesta con puestos callejeros para vender comidas y bebidas para hacer frente a sus gastos. La idea no gustó nada. Sobre todo a los hosteleros que veían en los chiringuitos un daño en sus ingresos. Sus quejas tuvieron respuesta: acuerdan que no vendería alcohol y que solo se les permitiría instalarse un año. Sin embargo, lo que el papel aguantaba no era posible. El proyecto estaba demasiado avanzado como para dar marcha atrás. 

No solo no gustaba a los empresarios, tampoco a los ovetenses que criticaban su estética, la cercanía a edificios emblemáticos y los problemas de higiene. Y es que los primeros chiringuitos eran en precario: no tenían agua corriente, no existía un servicio de limpieza ni baños para los viandantes. Pese a comenzar con mal pie y tener a parte de la sociedad en contra, los chiringuitos han sabido conquistar el corazón de los ovetenses. Sin ellos hoy San Mateo no sería San Mateo.

La casualidad ha querido que el mismo año que un clásico como los chiringuitos se pusiera en marcha, pusiera el punto y final a los bailes de La Herradura que tantas noches y tantas jornadas regaló a San Mateo. 

Los macroconciertos: Michael Jackson o Julio Iglesias

Tras centrar las actuaciones musicales alrededor de la Catedral llega la época de los grandes conciertos por San Mateo. La plaza de toros se convierte durante las fiestas en escenario musical para grupos punteros de la talla de Rocío Jurado, Tino Casal, ¡Tam,tan, go!, Barricada, Alex y Cristina… y se sumó a los macroconciertos. De esta manera, durante años, Oviedo se metía de lleno en el circuito de los grandes conciertos. El de Michael Jackson fue el concierto de los conciertos.  Sin duda San Mateo de 1992 fue el del gran artista estadounidense. El rey de pop actuó en Oviedo, en el estadio Carlos Tartiere en las fiestas de 1997. Hace 22 años, las fiestas mateínas se colocaban en lo más alto con la actuación de Michael Jackson. Antes del rey del pop llegó Julio Iglesias. Y es que en una de los inconvenientes que se encontraron los organizadores es que por la fecha de las fiestas, en septiembre, la ciudad quedaba fuera de las giras de los grandes. Un motivo que obligó a ampliar el calendario festivo para incorporar al menos dos grandes conciertos. El de Julio Iglesias fue un 27 de agosto y reunió a 14.000 fans, todo un record para lo que entonces era un agosto en Oviedo en aquel 1998. Literalmente se quedaba vacía en verano. En plena gira ‘Dangerous’, la actuación del rey del pop centró las crónicas de los medios de comunicación. De eso hace ya 27 años.

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