Los excesos de la crisis: una hipoteca concedida sin nómina que acaba en un alquiler social

Laura tiene una enfermedad mental y fue «engañada» por un constructor para comprar un piso al prometerle un trabajo. La despidió a los dos meses de firmar el crédito

Una protesta de la PAH de Oviedo
Una protesta de la PAH de Oviedo

Oviedo

El caso de Laura es uno de los muchos que afloraron durante la crisis. En época de bonanza, los bancos se relajaron a la hora de aprobar hipotecas y la concesión de créditos por encima del valor de los inmuebles estaba generalizada. En aquellos tiempos, valía prácticamente todo, pero con el estallido de la burbuja llegaron las consecuencias en forma de miles de dramas personales en toda España. El resultado final en muchos casos ha sido el desahucio, aunque hay otros en los que los hipotecados han ganado la batalla a los bancos. Al menos temporalmente. Y este es el caso de Laura, una mujer de 51 años, con una enfermedad mental diagnosticada desde los 15 años, que fue «engañada» por un constructor y después de una dura negociación ha conseguido que la propia entidad le ceda su piso en régimen de alquiler social.

En realidad, Laura no se llama Laura, pero como muchos otros afectados por casos similares prefiere utiliar un nombre ficticio para no ser identificada. Con 15 años empezó a notar estados depresivos y de ansiedad, pasaba largas temporadas de tristeza y la situacion le llevaba a no salir de casa. Le fue diagnosticada una enfermedad mental que todavía arrastra y que se vio agravada por la tensión vivida tras la compra del piso. 

Con estos problemas de salud llegó al 2011, año en el que Laura trabajaba como empleada del hogar en la casa de un constructor. Ella asegura que nunca había tenido la intención de ser propietaria, pero fue él quien le animó a invertir. A pesar de su reticencia inicial, le aseguró que no tendría problema para conseguir la hipoteca y que ella siempre iba a tener empleo en su casa. Le acompañó al banco, tramitó la solicitud de crédito e incluso fue con ella al notario. Ni siquiera tenía nómina, pero la buena relación entre la responsable de la oficina bancaria y el empresario provocaron que eso no fuera ningún obstáculo. En septiembre de 2011, Laura se convirtió en propietaria de un estudio de 33 metros cuadrados y era la titular de un préstamo por valor de 80.000 euros. Tenía que pagar una letra de algo más de 200 euros al mes.

A partir de ahí, todo comenzó a cambiar. A los dos mes, Laura fue despedida. Su situación económica se resintió y, a pesar de que siguió teniendo algún trabajo temporal, empezaron a acumularse las letras del banco. Su salud mental empeoró e incluso intentó suicidarse. Mientras que su madre le ayudada, fue aguantando, pero sufrió un ictus y el problema se agravó. Alertados por su situación, unos familiares comenzaron a interesarse por su caso. Encontraron ayuda en la PAH de Oviedo, que aseguran que fue su salvador y que «ellos fueron los que nos encendieron todas las luces».

La plataforma les asesoró sobre las distintas opciones que tenían y comenzaron a indagar en su caso. El primer hecho que se puso de relieve fue la mala práctica de la responsable de la oficina bancaria. A la concesión del crédito sin garantía de cobro, Laura añade que nadie, en ningún momento, le informó del riesgo que corría en caso de no poder pagar.

A diferencia de muchos otros casos, el de Laura ha tenido un final feliz. Ha perdido la propiedad del piso, pero al menos sigue viviendo en él. Lo hace después de alcanzar un acuerdo con el banco para el arrendamiento social de ese mismo estudio. Paga 115 euros mensuales y el banco se hace cargo de la comunidad, el IBI y el seguro. El pacto es por 7 años revisables, un periodo en el que espera encontrar una solución para solventar su situación de forma definitiva.

Comentarios

Los excesos de la crisis: una hipoteca concedida sin nómina que acaba en un alquiler social