«Podredumbre, polvo, nada me queda ya de la vida»

Un recorrido por algunos de los epitafios más originales de tumbas de los cementerios asturianos


La literatura une (y separa) a las personas más allá de la vida. Así lo creen al menos los familiares de muchos de los fallecidos en Asturias, como lo atestigua la gran cantidad de epitafios y dedicatorias que se pueden contemplar en los camposantos de la comunidad. Algunos de ellos son llamativos, otros son originales, los hay románticos y hasta humorísticos. La web de los cementerios de Asturias recoge algunos de ellos.

Las imágenes también refuerzan el mensaje, cualquiera que sea. Por ejemplo, una lápida del cementerio parroquial de Cue, en Llanes, da que pensar en un epitafio escrito en primera persona, coronado por una cruz, una calavera y dos tibias: «Lo que eres, fui. Lo que soy, serás».

También, de vez en cuando, hay explicación de motivos, quizá para disculpar al deudo, tal vez para darle una amable amonestación más allá de la vida: «Aquí yace (…), hombre sensible y bueno víctima del alcohol», como se puede ver en una losa del cementerio parroquial de Presno, en Castropol.

Más extensa fue la dedicatoria de una mujer a su marido que está enterrado en el camposanto de Celorio (Lanes): «Adiós esposo adorado/que en Celorio me has dejado/pues Dios nos ha separado/que con lágrimas y llanto/tu sepulcro yo he regado. Adiós esposo fiel/Jose del alma mía,/descansa en paz en esta fosa fría,/y en esta blanca tumba amorosa/en la que te ha colocado tu esposa.

Un antiguo epitafio de Naves, el mismo concejo, datado en 1881, es acorde con el romanticismo de principios del siglo XIX en el que debió de vivir el fallecido: «Podredumbre, polvo, nada me queda ya de la vida. Dejad sobre mi morada una lágrima vertida. Pedid al Dios bondadoso mi perdurable reposo.»

También en esa misma época, en 1878, alguien dedicaba en el cementerio parroquial de San Miguel de Ucio (Ribadesella) estos versos tan elaborados: «Aquí es donde finaliza / ¡Oh primer desengaño sin segundo! / La vanidad y soberbia de este mundo / Por el cual el hombre se desliza / ¡Oh tu mortal que olvidadiza / tienes la memoria de la muerte! / Haz que tu alma dormida al fin despierte / Pues tu cuerpo será polvo y ceniza».

Un hijo o hija le dedica las siguientes palabras a su madre, enterrada en el cementerio de Colloto (Oviedo) y titulado «Recuerdo a mi madre»: «Tú me has traído a este mundo, de este un día me iré. Pero mientras en este esté, nunca, nunca te olvidaré”.

En el de Ules, también en Oviedo, un buen nieto se acuerda de su abuelo con las siguientes palabras: «Abuelo: Gracias por darme tus sabios consejos y por los buenos momentos que compartimos».

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