El último disco que Tino Casal no pudo grabar

El polifacético y original artista ovetense de la Movida, fallecido con 41 años, habría cumplido 70 este mes

Tino Casal
Tino Casal

Oviedo

El pasado 11 de febrero, José Celestino Casal Álvarez, más conocido como Tino Casal, habría cumplido 70 años. Nacido en la localidad ovetense de Tudela Veguín, el prolífico músico, diseñador, pintor y escultor sufrió un accidente de tráfico cuando se dirigía al estudio de grabación en un Opel Corsa blanco. Murió mientras lo trasladaban en helicóptero al hospital. Era el 22 de septiembre de 1991.

Tino Casal, que fue enterrado en su localidad natal, tenía solo 41 años pero ya había despuntado en casi todas las artes. Se salió de los moldes y marcó nuevas tendencias desde el principio. Una de sus conocidas obsesiones había sido conocer a su gran ídolo, David Bowie, que versionó en alguna canción.

El pintor cordobés Antonio Villa-Toro iba con él el fatídico día. «Íbamos por la carretera de Castilla y llovía mucho. De un terraplén se desprendió barro sobre la carretera y el coche se salió», recordaría años después. Estaba preparando un disco que quería grabar en Japón, un álbum del que quedaron unas maquetas y que nunca vio la luz.

Casal estaba en una nueva etapa creativa, después de sufrir una enfermedad hepática y un esguince que le acabó ocasionando graves problemas de movilidad, por lo que estuvo tres años retirado de los escenarios y atado a una silla de ruedas. Cómo debió sufrir el inquieto y cambiante artista. Muchas veces corrió el estúpido bulo de que había contraído el sida y muchas veces él lo negó con elegancia: «eso hay que merecérselo».

Nacido en su pequeño pueblo ovetense, Tino Casal despuntó desde muy joven como una persona apasionada por la música. Su niñez fue la de los años de una larguísima y oscura posguerra franquista en la que acceder a los discos de música moderna no siempre era fácil. Pero él no se conformó.

Con 16 años ya tocaba con amigos y por una feliz casualidad fue invitado a participar en el grupo Los Archiduques. A pesar de su buena actuación con ellos, en 1971 consideró que era el momento de seguir camino por su cuenta y decidió marcharse a Londres.

En la gran ciudad pintaba, esculpía y absorbía toda la cultura emergente hippie y más tarde punk, en plena efervescencia. Regresó a España el mismo año en que moría el dictador Franco y con nuevas ideas. El sello Philips lo apoya como solista y publica sus primeras canciones. En el Festival de la Canción de Benidorm de 1978 compitió con el tema Emborráchate, que empató en el segundo puesto con Un tonto en la carretera, de Noel Soto.

Estatua de tamaño natural del artista asturiano Tino Casal que luce desde este viernes en las calles del centro de Oviedo para reivindicar el legado del icono pop de los años ochenta, autor de clásicos como Embrujada o Eloise
Estatua de tamaño natural del artista asturiano Tino Casal que luce desde este viernes en las calles del centro de Oviedo para reivindicar el legado del icono pop de los años ochenta, autor de clásicos como Embrujada o Eloise

Después de un paréntesis, decide, a principios de los ochenta, volver a la música trabajando como productor y también componiendo su primer LP, Neocasal, en el que se incluían los hits Champú de huevo, Chico estúpido o una versión de Life on Mars de Bowie.

El ovetense viajaba con frecuencia a Londres, de donde regresaba con discos, libros, ropa llamativa o telas y complementos con los que hacerse su propio vestuario… y nuevas ideas. Para entonces, esos diseños ya eran juzgados por su valor estético y cultural pero, en la España de los ochenta, llamaban la atención de la gente, a veces con injustas críticas. A él le daba igual.

La exuberancia de Casal se mostraba en todo aquello que lo rodeaba, desde su vestuario a sus portadas, algunas de las cuales fueron diseñadas por él mismo, pasando por su puesta en escena, que era tan importante para el espectáculo como los micrófonos o los instrumentos.

Perfeccionista y muy exigente, el artista asturiano decía que odiaba «el cutrerío» y era además era un enamorado de las nuevas tecnologías, que no dudaba en incorporar en sus producciones, logrando que sus trabajos tuvieran una calidad inusual para la industria musical española.

Al día siguiente del accidente que le costó la vida, la compañía EMI lanzó el recopilatorio Etiqueta Negra, un disco de transición para amenizar la espera hasta que el artista grabase su siguiente trabajo con material nuevo. En plena vorágine creativa, la voz de Tino Casal se apagó.

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