Discoteca La Real, aquel (glorioso) mito de los 90

Este año se cumplirán quince del cierre de la sala más puntera de Oviedo y símbolo para una generación

Interior de la mítica discoteca La Real, uno de los grandes lugares de culto de la noche ovetense
Interior de la mítica discoteca La Real, uno de los grandes lugares de culto de la noche ovetense

Son las once de la mañana de un sábado y una montonera de jóvenes sale a chorro de una profunda sala. Parpadean al sol, ensordecidos aún, ojerosos y algo desorientados. Algunos se irán a casa, pero otros buscarán e incluso encontrarán nuevos lugares oscuros donde recalar. Eran los años de la efervescencia discotequera, de las rutas más frenéticas entre las que se colocaba La Real de Oviedo.

En unos cavernosos bajos ya desaparecidos (como ocurrió hace poco con su hermana Whipporwill) de un edificio de la calle Cervantes, tres socios abrían La Real a mediados de los ochenta: Los hermanos Luis y Alfonso Ibáñez y su primo Julián Marcos, burgaleses de de Canicosa de la Sierra.

Aspecto actual de los bajos del número 19 de la calle Cervantes, donde estuvo abierta La Real
Aspecto actual de los bajos del número 19 de la calle Cervantes, donde estuvo abierta La Real

En Madrid la movida vibraba aún en alegre histeria, y Oviedo despertaba a los after hours con la afluencia de famosos disc jockeys y otra fauna. Tuvo días buenos y otros no tanto, pero, sin duda, el nivel artístico llegó a ser por momentos muy alto, incluidos los Ramones e Iggy Pop, entre otras muchas estrellas.

Los Ibáñez buscaron un local y lo encontraron. Estaba cerrado. Antes de la quiebra, tenía el pomposo nombre de Albert Hall, en Londres con el título de Royal, de ahí el nombre que conservarían irónicamente sus nuevos dueños. Fue la mayor y más activa sala de Asturias, un lugar de referencia y no solo en música de la última ola sino también en otros eventos cool.

Llegó a desplegar una tremenda potencia en cuanto a producción de espectáculos, dentro y fuera de Oviedo: también en el gran Albéniz de Gijón, el famoso Aquasella de Arriondas, en Pola de Siero…

Al estilo de Pachá o Eslava de Madrid, La Real ocupaba varios niveles, tenía una cabina para DJ’s como una nave espacial y abría cada noche un montón de barras independientes, al menos seis, para no perderse al ir a buscar una copa.

La venta del inmueble y la presión vecinal pudieron con La Real. Dos décadas frenéticas de música y diversión llegaron a su fin el 31 de diciembre de 2005, con una gran fiesta de despedida. Nunca volvió a haber un local igual en Oviedo.

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