Los tiempos de la «Siberia asturiana»: cinco días de Oviedo a Madrid en diligencia

Hasta finales del siglo XIX siguieron funcionando los carruajes de caballos que transportaban 24 viajeros entre Asturias y la meseta

Un carruaje de la compañía Diligencias del Poniente de España, que hacía el trayecto entre Oviedo y Madrid en el siglo XIX
Un carruaje de la compañía Diligencias del Poniente de España, que hacía el trayecto entre Oviedo y Madrid en el siglo XIX

Mediados del siglo XIX. Aunque el ferrocarril de vapor ya estaba en uso, el transporte de viajeros entre Oviedo y Madrid mediante carruajes de caballos o mulas todavía seguiría funcionando varias décadas en Asturias. Pero el viaje no era precisamente cómodo, ni barato, y tampoco especialmente veloz.  

Según el profesor de la Universidad de Oviedo Joaquín Ocampo Suárez-Valdés, «el ferrocarril, lejos de monopolizar la oferta de transporte, introdujo relaciones de complementariedad y de sustitución con la tracción de sangre». Pero la evolución en el traslado de los viajeros aún era lento, simbólica y realmente: A mediados de siglo, según Ocampo, «únicamente llegaban semanalmente a Oviedo los coches de las Diligencias del Poniente de España y de Mensajerías del Norte, que cubrían la línea Madrid-Valladolid-León-Oviedo en 5 días, con tiros de 8 caballos y 15 relevos durante el viaje», tal como explica en su artículo De la arriería al autobús: Cosmen/ALSA, de empresa familiar a firma internacional.

Jesús Evaristo Casariego en Caminos y Viajeros de Asturias detallaba que la diligencia funcionaba desde 1847 dos o tres veces a la semana y fue haciéndose más frecuente hasta llegar a ser diario en la década de 1850. El aforo era de unos 24 pasajeros y el precio, 160, 120 ó 90 pesetas, según se fuese en berlina, en el interior o en la baca. Un coste considerable para la época.

Las primeras paradas de la diligencia en Oviedo, contaba el cronista Casariego, estaban en la plaza de la Catedral y en la Corrada del Obispo. Luego aparecieron otras en las calles Campomanes y Santa Susana. «En la Puerta Nueva existió una posada llamada la Capitana, por estar ubicada al lado de una fuente que llevaba ese mismo nombre, donde además podían calmar la sed las caballerías pues disponía de un abrevadero».

Un carruaje que hacía el trayecto entre Oviedo y Tineo, a mediados del siglo XIX
Un carruaje que hacía el trayecto entre Oviedo y Tineo, a mediados del siglo XIX

Lo cierto es que, como demuestra la larguísima duración del viaje, «la infraestructura caminera de la España moderna seguía siendo la heredada de la época romana y medieval», afirma el profesor Ocampo. El Camino Real de Castilla comunicaba Asturias con León por Pajares, aunque no era la única salida a la meseta.

También menciona el profesor, para subrayar el tradicional aislamiento del Principado, un curioso texto oficial fechado en el año 1770  y firmado por Jacinto Abella, comisionado por el Gobierno para el reconocimiento de los caminos asturianos, que calificaba Asturias como la «Siberia del norte» por «las angosturas y asperezas que dificultan sus comunicaciones y comercio».

Precisamente, detalla el artículo del docente, la apertura de caminos carreteros entre las villas industriales, mineras y portuarias de la región ocurrirá solo a partir de 1850. Es en esa fecha, por tanto, cuando comienzan a surgir las primeras compañías asturianas de diligencias, «vinculadas en muchos casos a familias que venían dedicándose a la arriería».

Así, detalla, desde 1856, «Oviedo, Gijón y Avilés quedaban unidos por dos compañías: La Unión Asturiana y La Villa de Avilés». Mientras tanto, en el occidente también empiezan a funcionar más o menos en esa fecha gracias a la construcción de la carretera entre Oviedo y Luarca que finalizó en 1864. Una de las pioneras será la Empresa de Diligencias del Occidente de Asturias, conocida como La Ferrocarrilana, que prestaba servicios entre Oviedo y Salas, dice Ocampo.

 A las empresas que funcionaban a mediados de siglo y que operaban entre Vegadeo, Luarca, Tineo, Cangas del Narcea y Pola de Allande, «se irán uniendo nuevas sociedades, hasta llegar a siete en 1880: La Luarquesa, Horga y Cª, Los Maurines y Cª, La Ferrocarrilana, La Ovetense, Llanos y El Puerto», que era la compañía de la familia Cosmen, luego fundadora de ALSA.

Durante la primera mitad del siglo XIX, señala, «la oferta de servicios de diligencias en Asturias se limitó a los prestados entre las tres ciudades asturianas del centro de la región». De hecho, en 1826 solo podían circular coches de caballos por la carretera de Gijón a León. Desde 1833, operaba una línea diaria entre Oviedo y Gijón que desaparecería en 1874, al cubrirse ese mismo tramo por el ferrocarril.

Los viajes en diligencia de Poniente y Mensajerías terminarían en 1884 al abrirse la línea ferroviaria Madrid-Gijón-Oviedo por Pajares

  

Comentarios

Los tiempos de la «Siberia asturiana»: cinco días de Oviedo a Madrid en diligencia