Woody Allen: A propósito de Oviedo...

G. GUITER

OVIEDO

Un soldado desinfecta la estatua de Woody Allen, decorada con una mascarilla, este domingo, en Oviedo
Un soldado desinfecta la estatua de Woody Allen, decorada con una mascarilla, este domingo, en Oviedo Alberto Morante

«Cuando me hicieron una estatua, pensé que me estaban gastando una broma pesada, como en El Jorobado de Notre Dame»

31 may 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Como todo (o casi todo) lo que Woody Allen hace, las memorias que acaba de publicar (Apropos of nothing, traducido como A propósito de nada, Ed. Alianza) están plagadas de genialidades de cabo a rabo. Claro está que salda cuentas de forma espectacular con quienes lo persiguieron a muerte, entre ellos Mia Farrow, con un afán destructivo insano, y esto es serio. Y lo hace muy bien gracias a su tremendo intelecto: despiadado, mordaz, seguramente verídico y siempre acorazado con su peculiar humor.

Los tribunales y el público juzgarán, aunque no tiene buena pinta para Farrow. Pero esto es otra historia. Woody Allen reitera en el libro, donde habla de un montón de cosas sin tapujos, lo que ya dijo muchas veces en público: adora Oviedo, sin duda. Y lo que más le impacta es haber sido inmortalizado en bronce, un tema al que dedica bastantes líneas con reflexiones amables y al mismo tiempo irónicas.

Con cierta perplejidad, seguramente no fingida, reflexiona el cineasta sobre la famosa estatua de Milicias Nacionales, que fue erigida en su honor hace 17 años: «También hay una estatua mía en la encantadora ciudad de Oviedo (...) Ellos nunca me pidieron opinión ni aún me informaron de que la habían puesto. Erigieron una estatua mía en la ciudad y ya está, una estatua de bronce auténtico de las que les gustan a las palomas para posarse».