Lángara, una carrera segada por la guerra

El jugador más grande del Oviedo se exilió tras la contienda y tuvo que ofrecer su genio futbolístico a equipos latinoamericanos

Isidro Lángara remata a puerta en un partido entre el Oviedo y el Real Madrid, en el año 1946
Isidro Lángara remata a puerta en un partido entre el Oviedo y el Real Madrid, en el año 1946

El mejor jugador de la historia del Real Oviedo no era asturiano, era vasco. Y de no haber mediado la Guerra Civil y la segunda guerra mundial, probablemente su carrera en España habría sido meteórica. Aún así, a Isidro Lángara le dio tiempo a ser uno de los más grandes del fútbol español y llevó al equipo carbayón a su etapa más memorable. Tan grande, que los ovetenses pusieron nombre a su tremenda pierna derecha, con que marcó 508 goles: la leona.

Es fácil encontrar información del colosal palmarés del tanque. Pero este guipuzcoano que debutó en 1930 con 18 años no fue solo una máquina de hacer tantos. También son conocidos son sus avatares durante la Guerra Civil, cuando fue movilizado y acto seguido empleado, gracias a sus habilidades con el balón, como instrumento de propaganda del gobierno vasco y al servicio de la República. Con la selección vasca hizo una gira mundial. Brilló en una Europa en llamas (jugó en la Alemania nazi y la Italia fascista) e incluso fue aclamado en Moscú, donde marcó un fabuloso gol desde el centro del campo. Y por Latinoamérica. Incluso llegó a jugar en la liga de México.

Así encuentra la derrota republicana a Lángara, que decide quedarse en el exilio y pronto encuentra equipo en Argentina, el San Lorenzo de Almagro. En su primer partido contra el River Plate le metió cuatro goles y acabó siendo máximo goleador de la liga argentina.

En el medio, Isidro Lángara en su etapa en el Real Club España
En el medio, Isidro Lángara en su etapa en el Real Club España

Tras ese periodo bastante triunfal, en 1946 decide volver a España, gracias a que el hermano de Carmen Polo, Felipe, intercedió para su vuelta. Lángara no era muy dado a meterse en política, pero al franquismo no le hacía mucha gracia que un destacado deportista del equipo vasco-republicano fuera laureado.

Al final su merecida fama pudo más, accedieron y Lángara regresó. Ya no era un chaval, había cumplido los 34 años y no debió encontrarse muy a gusto. Aún así, se desempeñó con dignidad dos temporadas, hasta que se retiró a vivir a México, muy lejos de la oscura España de posguerra. En 1992 retorno finalmente a España, donde falleció en su País Vasco natal con 80 años.

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