Claves sin resolver de la guerra en Oviedo

OVIEDO

09 ago 2020 . Actualizado a las 19:19 h.

Hace años estuve, soleado mediodía de sábado, en la Librería Cervantes, con el escritor argentino Horacio Vázquez Rial que se planteaba varias incógnitas que traslucía la guerra española. En su nómina a estudiar no estaba, y Horacio quedó muy intrigado, lo sucedido con el director de la Fábrica de Trubia, Coronel Franco Mussió, cuya ejecución sumarísima por los llamados nacionales, acompañado de su hijo, simpatizante de Falange, al término del Frente Norte sorprendió a quienes les conocían, como fue el caso del gran clarinista José María Martínez Cachero.

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A Franco Mussió le había acusado de traición el Fiscal de la República que le llevó ante el Tribunal Popular que le absolvió en Gijón. Estuve en México con el que fue presidente de ese tribunal republicano, el mierense Juan Pablo García Álvarez, que estaba convencido de que la acusación había sido una mera maniobra comunista y que la ejecución del coronel por los fascistas vendría a darle razón.

Han pasado más de ochenta años y, sin embargo, no tengo en absoluto claro este enigma. Desde entonces un buen trubieco, Juan Carlos García Miranda, investigó in situ las actitudes de Franco Mussió y del resto de sus oficiales cercanos, igualmente fusilados, y, aunque no tuvo ocasión de publicar sus resultados, me consta que comparte mi cuestionamiento de raíz. Además, acaban de aparecer en Cátedra unas interesantísimas memorias del general Latorre, gobernador militar de Asturias, que sin abordar este espinoso asunto de forma directa, intensifica mis personales dudas sobre el papel de la Fábrica de Cañones.

En cualquier caso, hay otros dos asuntos muy importantes, con Franco Mussió por medio. El primero es la relación que tuvieron el 19 de Julio de 1936 los dos coroneles ovetenses entre sí. Parece que, una vez decidido de forma irreversible a sumarse al alzamiento, Aranda, que mandaba la Comandancia Militar exenta, desde que la que tendría mando sobre Franco Mussió, ordena volar la fábrica y que el coronel director se incorpore al sublevado cuartel de Pelayo. Otro asunto capital de la guerra en el norte es el espejismo del Frente Popular de tomar Oviedo en el segundo aniversario de la Revolución de Octubre de 1934, mientras que el coronel Franco, buen profesional de la milicia, trata de convencer a los líderes de la izquierda de que están cometiendo un gran error pues deberían aplicarse en detener el avance de la llamada columna gallega. El militar sostuvo también que al fin y al cabo «plaza sitiada, plaza tomada» y que en Octubre/36 no se daba la exigencia clásica de una diferencia de uno a cinco entre los sitiadores y los defensores para iniciar el asalto.

Y, en cuanto, a todo lo sucedido en Oviedo los días 17, 18, 19 y 20 de 1936, creo que los enigmas siguen por todas partes todavía.