Muchos recuerdan con nostalgia el peculiar local, refugio de estudiantes y noctámbulos de todo pelaje
17 abr 2022 . Actualizado a las 05:00 h.Hace casi ocho años colgaba una curiosa esquela en la puerta de uno de los bares más singulares de la ciudad: el famoso Alkor de la calle Pérez de la Sala. Abigarrado, informal y sobre todo, barato, fue punto de encuentro de estudiantes y personajes bizarros de aquellos que pululaban por el Oviedo de los setenta y los ochenta.
Encabezaba aquella esquela una cruz, el nombre del local y las rigurosas fechas de nacimiento y muerte: del 4 de noviembre de 1966 al 21 de junio de 2014, casi medio siglo que vio pasar con relativa indiferencia un país de la dictadura a la democracia, con mucha menos al Real Oviedo de 2ª a 1ª y viceversa varias veces, y hasta a la infame etapa de 3ª; y a miles de parroquianos en busca del reconfortante kalimotxo de 1,50.
Había sido fundado por los hermanos José Luis y Gonzalo Alvaredo Córdoba, y en la última etapa lo llevaban Mari Ángeles (Marián) y Reyes Alvaredo, hijas de Gonzalo Alvaredo y Encarnación Cazorla.
El Alkor era un bar, bar, sin complejos. Algo descuidado, acogedor, castizo. A tiro de piedra de los colegios mayores, estaba destinado a funcionar como un imán de la muchachada ávida de contacto humano. Echar la tarde jugando unas partidas de cartas, billar o futbolín, con poco gasto, era una buena opción para las largas tardes (y noches profundas) del invierno asturiano.
También el variopinto batallón de la prensa, que en tiempos atendía su negocio hasta la madrugada, recalaba en el Alkor para apurar la última. Otra parte fundamental de la fauna del lugar eran los loros, que socializaban con el personal sin problema y hasta altas horas. En un tiempo llegaron incluso a estar sueltos, campando por la barra. El local sigue en su sitio aunque, tras su cierre, retiraron el inconfundible letrero en bandera que anunciaba las botellas sobre un sol esplendoroso.