Padura o el escorpión de la nostalgia

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

PREMIOS PRINCESA DE ASTURIAS

Hombre barbado. Tez de café, como buen cubano. Cubano de La Habana. Del barrio de Mantilla. Leonardo Padura viene de ganar nada menos que el Princesa de Asturias de las Letras, que últimamente ha sido como una previa del Nobel. Tal vez esta vez el jurado no anticipe un futuro Nobel, pero Padura es un escritor que llega. Te alcanza con su serie de novelas negras del detective Mario Conde, y te llega con su libro sobre Trotski y su asesino o con sus relatos. Padura es pura vida, que dirían en Costa Rica. Padura es candela, que dirían en Cuba. Así como Guillermo Cabrera Infante huyó del régimen, a Padura le critican que se quedase. Pero es que él necesitaba las calles de La Habana para contar sus historias. Porque lo que cuenta Padura es La Habana tal cual. Igual es tibio en sus críticas políticas. Y Padura sea hombre que busca el equilibrio a la hora de hablar de Cuba y de su futuro. Pero en sus libros no faltan imágenes amargas de cómo ha sido la isla durante estas tres últimas décadas. Está la escasez. Está la miseria. Está la picaresca. Y está, por encima de todo, la cubanía, esas ganas de vivir que solo se ven allí y que hacen que el cubano sea un tipo espléndido con la vida exprimida hasta las últimas consecuencias. Si quieren empezar con Padura y sus novelas negras, abran la primera. Se titula Pasado perfecto y es una gozada. Mario Conde es ese detective que abandonó su sueño de ser escritor, de ser como Hemingway, y se dedica a vivir a palos de ron y con la nostalgia como la picadura de un escorpión. Padura no hace novela negra. Hace boleros. Y está toda la gozadera increíble de La Habana. Una nube de tabaco.